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Full text of ""Barro de la sierra," semilla y fuente temática de la narrativa de Jorge Icaza"

•BARRO DE LA SIERRA"! SEMILLA Y FUENTE TEMÁTICA 
DE LA NARRAHVA DE JORGE ICAZA 



By 

MAGALI PERRERO BONZON 



A DISSERIATION PRESENTED TO THE GRADÚATE COUNCIL OF 

THE UNIVERSITY OF FLORIDA 

IN PARTIAL FULFILmENT OF THE REQUIREMENTS FOR THE 

DEGREE OF DOCTOR OF PHILOSOPHY 



UNIVERSITY OF FLORIDA 
1975 



lifÜ! 



ACCIÓN DE GRACIAS 

La autora desea expresar su gratitud al Dr. Ivan 
A. Schulman, jefe del comité supervisor, por su capaz direc- 
ción, su valiosa aj-uda y su estímulo constante durante la 
preparación de esta tesis. 

También quiero agradecerle al Dr. I. R. Wershow su 
interés personal durante el período de los estudios de la 
autora; y a los otros miembros del comité supervisor, los 
doctores J. J. Alien, D. Bonneville y F. Ibarra, por haber 
aceptado ser miembros del comité nuestra más sincera expre- 
sión de gracias. 

La autora esta endeudada con la Universidad de Flo- 
rida Gradúate School por la subvención de parte de sus estu- 
dios graduados en la forma de una beca. 

Nuestro agradecimiento también a la Dra. Amalia 
Alvarez-Lehraan por su generosa cooperación y ayuda. 

También deseo expresar mi más profunda gratitud a 
mi esposo y a mis padres por su estímulo, paciencia, y com- 
prensión durante la preparación de esta tesis. Es a ellos, 
y a mi hija, que esta tesis está dedicada. 

M.F.B. 



11 



lABLA DE MATERIAS 

Página 

ACCIÓN DE GRACIAS 11 

ABREVIATURAS vi 

ABSIRACI vil 

CAPITULO 

I. INTRODUCCIÓN 1 

11. ESTUDIOS PREVIOS SOBRE LAS OBRAS DE JORGE 

ICAZA 4 

Notas 7 

III. VIDA Y CREACIÓN 8 

Dramaturgo 11 

Cuentista 20 

Novelista 27 

Notas 39 

IV. CRITICA POLÍTICA 42 

El triunvirato opresivo .42 

El teniente político 45 

Claves de la crítica política 53 

Liberales y conservadores 60 

Notas ............ 65 

V. CRITICA RELIGIOSA 66 

La figura del sacerdote .67 

Explotación eclesiástica 75 

Superstición y fetichismo 80 

Notas .92 



111 



TABIA DE MATERIAS (Contlnuacitfn) 

Págl-na 

CAPITULO 

VI. CRITICA SOCIAL 93 

La figura del latifundista 93 

El concertaje . . 99 

La miseria del indio y del cholo 106 

Atropellos corporales y sexuales 112 

Notas 120 

VII. CORRUPCIÓN ADMINISTRATIVA 121 

El palanqueo .......... 121 

La burocracia 126 

VIII. INMORALIDAD SOCIAL Y ACTOS NATURALISTAS . .131 

La costumbre del amaño 131 

El alcoholismo ............. .135 

La prostitución ..... .140 

Actos naturalistas 144 

IX. PREJUICIOS RACIALES Y CAMBIOS SOCIALES . .152 

El indio 154 

El mestizo , ,159 

La solución 167 

Notas . 176 

X. TEMAS PSICOLÓGICOS 177 

El complejo de Edipo .177 

Recursos enfrieos .... .180 

Otras teorías freudtanas ........ .183 

Notas ..... ........ .190 

XI. RESUMEN ESQUEMÁTICO DE LOS TEMAS DE ICAZA .191 

APÉNDICES 

A. ARGUMENTOS DE LA CREACIÓN DE JORGE ICAZA .199 



Iv 



TABLA DE MATERIAS (Contlnuacián) 

Página 

APÉNDICES 

B. VOCABULARIO . 234 

bibliografía 238 

VITA 245 



ABREVIATURAS 



Atra. Jorge Icaza, Atrapados (Buenos Aires i Editorial 
Losada, 1972). 

BDLS. Jorge Icaza, Barro de la sierra (Quitoi Editorial 
Labor, 1933). 

Cho. Jorge Icaza, Cholos (Quito i Litografía e Imprenta 
Romero, 1938). 

ECRF. Jorge Icaza, "El chulla Romero y Flores," Obras 
escogidas (Méxicoi Editorial Aguilar, 1961). 

ELC. Jorge Icaza, En las calles (Buenos Aires i Edito- 
rial Losada, 1944). 

Huair. Jorge Icaza, "Huairapamushcas," Obras escoRidas 
(Méxicoi Editorial Aguilar, 196171 

Huas. Jorge Icaza, Huasipung;o (3ra. ed. ; Buenos Airesi 
Editorial Losada, 1965), 

MVD. Jorge Icaza, Media vida deslumbrados (Quito» Edi- 
torial Quito, 1942). 

SR. Jorge Icaza, Seis relatos (Quitoi Casa de la Cul- 
tura Ecuatoriana, 1952). 



Abstract of Dlssertatlon Presented to t±ie Gradúate Councll 

In Partial Fulfillment of the Requirements for the 

Degree of Doctor of Phtlosophy 



"BARRO DE LA SIERRA" i SEMILLA Y FUENTE TEMÁTICA 
DE LA NARRATIVA DE JORGE ICAZA 



By 

Magali Ferrero Bonzon 

June, 1975 



Chairmaní Dr. Ivan A. Schulman 

Major Department I Romance Lcinguages and Litera tures (Spanish) 



Betweén Barro de la sierra . Icaza's first collec- 
tion of short stories, and his subsequent narrativos there 
exista a generativo i evolving interrelationship with respect 
to thematic materials. This theraatic evolution, central to 
Icaza's political, religious and social criticism on behalf 
of the Indian and the mestizo is systematically examined by 
major conceptual groups. The génesis of other themes, such 
as adminlstrative corruption in Ecuador, racial prejudice 
or the role and function of psychological theories are also 
studied. Analyzed in this fashion, it is clear that Icaza's 
novéis, HuasipunRO , En las calles . Cholos » Media vida deslum - 
hrados . El chulla Romero y Flores and Atrapados , as well as 
his second collection of short stories, Seis relatos . spring 
from and are related to the early themes found in Barro de 
la sierra . 

vli 



Our reexaminatlon of Barro de la sierra shows that 
not only Is It the nucleus of Icaza's narratlves In terms 
of its theraes, but It is a work in advance of its age by 
virtue of some of its techniques and its conceptual con- 
cems íind influences. 



viii 



CAPITULO I 
INTRODUCCIÓN 

El renombrado autor Jorge Icazai es el más destacado 
narrador de la generación ecuatoriana de 1930 cuyos miembros 
no pudieron permanecer impasibles ante las injusticias socia- 
les y políticas de su patria. 

La Ccirrera literaria de Icaza empezd en 1928. El 
joven autor ya estaba familiarizado con el arte dramático 
gracias a sus numerosas actuaciones en la escena i yi su pri- 
mera creaciíSn fue una obra teatral, El intruso . Le siguie- 
roni La comedia sin nombre (1929), Por el viejo (1929), 
¿Cuál es? (1931), Como ellos quieren (1931), Sin sentido 
(1932), y por último, la obra de denuncia. Fíaselo (1936). 

En 1933, tres años antes de la aparición de su últi- 
ma obra teatral, ya Icaza habfa cultivado el tema de la crf- 
tica social, política y religiosa a favor del indio oprimi- 
do, el mestizo y el proletariado, en una coleccián de seis 
cuentos reunidos en un volumen con el título de Barro de la 
sierra . 

Un año más tarde, en 1934, Icaza se iniciú como 
novelista con la publicación de Huasipunao . novela indige- 
nista que le traería fama internacional. A ésta, su obra 



cumbre, le siguleroni En las calles (1935), a la cual se 
le otorga un premio nacional. Cholos (1938), Media vida 
deslumhrados (1942) y Huairapamushcas (1948). 

En 1952, Icaza publicó una segunda coleccidn de 
cuentos Intitulada Seis relatos . En éstos, como en sus obras 
anteriores, Icaza continua sus denuncias de carácter socio- 
polftico. Dos años más tarde esta colección se edit<5 de 
nuevo bajo el título de Seis veces la muerte , tftulo ori- 
ginado en el trágico leitmotif de cada cuento. 

En 1958, vio la luz El chulla Romero y Flores , un 
alegato contra la corrupci<5n gubernamental. En 1960 con 
la colección titulada Viejos cuentos volvió Icaza al género 
del cuento. Estas narraciones como el tftulo sugiere, son 
una mera recopilación, de tres cuentos extraídos de Barro 
de la sierra y cinco de Seis relatos . 

Por illtimo, a fines de 1972, Icaza publicó su tSlti- 
ina novela, un tríptico, bajo el título de Atrapados . 

Entre las obras de Icaza, Barro de la sierra ocupa 
un lugéur central. Su análisis interno y su estudio compa- 
rativo con otras obras, con particular atención a su temáti- 
ca, revela que esta colección de cuentos es la semilla y la 
fuente de obras posteriores. Por medio de una clasificación 
de los temas primarios y secundarios, deslindaremos en esta 
tesis las relaciones de origen y recíprocas de las obras 
posteriores a Barro de la sierra . No analizaremos otros as- 
pectos del arte narrativo de Icaza, relevantes en sí pero sin 



relactfin con la evolución de su temática. 

Barro de la sierra constituye la primera experien- 
cia del novelista ecuatoriano con el género narrativo. Es 
una coleccidn de seis cuentos de carácter naturalista y 
psicológico. En ellos el autor presenta lo que ha obser- 
vado y sentido en la ciudad de Quito y en sus viajes por 
la sierra del Ecuador. El ambiente al que Icaza se refiere 
y el que critica en estas narraciones refleja inquietudes 
sociales y polf ticas. 

No cabe duda de que en Barro de la sierra y las 
obras posteriores hay un espíritu general de protesta en 
pro del indio, del mestizo o del proletariado de la nación. 
Sin embargo, para facilitar nuestro estudio, es indespensa- 
ble ser más explícito y presentar todos aquellos temas 
derivados de la crítica social del narrador. Estos soni 
crítica política t crítica religiosa; crítica social; corrup- 
ción administrativa; inmoralidad social y actos naturalistas; 
prejuicios raciales y cambios sociales; y, temas de índole 
psicológica. La génesis de estos temas y sus diferentes 
manifestaciones, además de ser examinada detalladamente, 
es ilustrada esquemáticamente. 



CAPITULO II 
ESTUDIOS PREVIOS SOBRE LAS OBRAS DE JORGE ICAZA 

Hasta el presente i la mayor f a de los estudiosos 
de Jorge Icaza han investigado el aspecto Indigenista 
o social de sus obras. Numerosos artículos han aparecido 
en periódicos y revistas, unos exponiendo algunas de las 
ideas de reforma social del autor y otros simplemente dilu- 
cidando una sola obra, o todas en forma breve. 

Un extenso estudio sobre Jorge Icaza es el de Euge- 
nio Garro , quien en 1947 publicd una bibliografía y anto- 
logía. 

2 

En 1967 Antonio Sacoto publicó la que quizás sea 

una de las mejores críticas sobre la obra literaria de Icaza. 
Exéunina la novela indigenista y valora y critica su estilo, 
lenguaje, el escenario, los personajes y el realismo de las 
novelas de Icaza. 

De Antonio García es un análisis sociológico de la 
novela indigenista del Ecuador destacando la trascendencia 
de la estructura social nacional reflejada en la producción 
novelística de Icaza. 

Numerosos son los críticos y escritores que se han 
dedicado a comentar las obras de Icaza. Entre ellos, los 

4 



más notables soni Enrique Ojeda , Arturo Uslar-Pietri , 

fi 7 8 

Ángel F. Rojas , Alberto Zum Felde , Albert B. Franklin , 

Gonzalo Humberto Mata , Francisco Ferrándiz Alborz y 
Kessel Schwartz 

Algunas tesis de maestrfa y doctorales en los Esta- 
dos Unidos han elucidado aspectos determinados de la obra 
literaria de Icaza. Dos son particularmente notables y 

guardan relación con lo que nos proponemos estudiar. El 

12 » 

primero es de Wayne Allison cuyo estudio temático de la 

novela ecuatoriana contemporánea contiene un análisis de 
temas de protesta política, social y religiosa tal como se 
manifiestan en las novelas de los escritores contemporáneos 
del Ecuador. Allison salo examina la novela y entresaca 
ocasionalmente de las novelas de Icaza algunos de los pasa- 
Jes ilustrativos de una protesta contra la explotación de 
los indios, de la corrupción administrativa, de la inmorali- 
dad social, los métodos eclesiásticos y el prejuicio racial. 

13 

Y, el segundo, es de Jorge N. Alarcón . Su tesis es un 

estudio extenso de la obra completa de Jorge Icaza exceptuan- 
do, debido a su publicación posterior, la última novela de 
Icaza, Atrapados . El estudio de Alarcdn es comprensivo y 
abarca la obra teatral de Icaza, sus cuentos y sus novelas. 
Es de notar que este estudio contiene la que consideramos la 
más extensa y completa bibliografía del ilustre escritor 
ecuatoriano. 

Pero, en ninguno de estos estudios hemos descubier- 



to una preocupación por la evolución temática i proceso 
dinámico cuyo análisis esperamos constituya la contribución 
principal de esta tesis a la blbllograffa sobre Icaza. 



NOTAS 



Jorge Icazat Vida v Obra. Blbltofiraffa. Antolo- 
gfa (New York I Hispanic Instttute, 1947). 

2 

The Iridian in the Ecuadorlan novel (New Yorki Las 
Américas , 1967). 

3 

SocioloRfa de la novela indigenista en el Ecuador . 
Estructura social de la novelística de Jorge Icaza (Quitoi 
Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1969). 

Cuatro obras de Jorp,e Icaza (Quito i Casa de la 
Cultura Ecuatoriana, 1961). 

Breve historia de la novela hispanoamericana (Cara- 
cas i Edime, 1954). 

La novela ecuatoriana (México i Fondo de Cultura 
Econdmica, 1948). 

índice crítico de la literatura hispanoamericana t 
la narrativa (México» Editorial Guáranla. 1959). 

Q 

"Ecuador" s novelist at work," Inter-American Monthlv. 
I (1942), pp. 29-41. ~ 

Q 

Memoria para Jorge Icaza (Cuenca i Atahualpa, 1964). 

El novelista hispanoamericano Jorge Icaza (Quito i 
Editora Quito, 1961). " 

"The contemporary novel of Ecuador" (Tesis doctoral 
inédita. Universidad de Colurabia, 1954). Del mismo autor es 
el artículo "Some Aspects of the Contemporary Novel of Ecua- 
dor," Híspanla . XXXVIII. (No. 3, 1955), pp. 295-298. 

12 

"A Thematic Analysis of the Contemporary Ecuadorlan 

Novel" (Tesis doctoral inédita. Universidad de Nuevo México, 
1964). 



CAPITULO III 

VIDA Y CREACIÓN 

Jorge Icaza nacid en Quito el 10 de Julio de 1906. 
Sus padres, Don José Antonio Icaza y Doña Carmen Amelia Co- 
ronel, pertenecfan a la clase privilegiada. El padre de 
Icaza fallecid cuando éste estaba aún en plena niñez. Y, 
para complicar esta tragedia personal, la revolución de 1912 
obligd a Icaza y a su familia a abandonar la ciudad e irse 
a vivir a las haciendas situadas en "El Chimborazo" , las 
cuales pertenecían a un tío materno de Icaza, Don Enrique 
Coronel. La estiíncia en los latifundios de Don Enrique le 
brindé a Icaza la oportunidad de descubrir y familiarizarse 
con la penosa vida del indio ecuatoriano de la Sierra. 
Eugenio Garro, refiriéndose a este traslado, observaí 



Niño nacido en una ciudad capitolina no hubiera tenido 
muchas ocasiones de conocer y ver de cerca la vida del 
indio ecuatoriano de la sierra, si su padre político- - 
alfarista liberal--no se hubiera visto, por circunstan- 
cias políticas, en la necesidad de vivir con su familia, 
por algunos años, trabajando en los latifundios, pro- 
piedad de un hermano de la madre de Jorge Icaza. El 
niño tenía apenas nueve años, pero todo el acervo de 
recuerdos y todo el archivo de documentos humanos que 
constituyen la materia y el tema del novelista comenzd 
por esta época a acumularse y registrarse. Icaza no 
ha olvidado este punto de partida y todas las escenas 
de sus novelas bien pudieran escalonarse cronolégica- 
mente y confrontarse con los recuerdos del niño a par- 
tir de esa edad. 

8 



Al ser echados de la hacienda por Don Enrique, 
Icaza, su madre y su hermana Victoria, regresan a Quito a 
vivir con su tfa Mercedes, hermana del "Cafn de los cerros 
y de la selva", como ésta distingufa a Don Enrique, y con 
su abuela "mama Cristina" (Atra.,I, 25). Poco después de 
arribar a Quito, la hermana de Icaza, unos cuantos años 
mayor que Icaza, fue internada en un colegio de monjas 
"La Purificación" y el joven Icaza ingresé en el pensiona- 
do del cura "Peralta Samaniego" , escuela para niños de la 
alta sociedad (Atra.,I, 27). Al ser expulsado de este co- 
legio por su atraso en el pago, experiencia que sembré la 
semilla de su anticlericalismo, y luego de unas breves va- 
caciones, ingresa el joven Icaza en la escuela de "San Luis 
Gonzaga" (Atra.,I, 44), colegio para niños de buena familia. 
A los pocos meses de haber ingresado en este colegio, cae 
Icaza enfermo con "fiebre gástrica". 

Tan pronto se repuso, su madre se casé por segunda 
vez con un liberal alf arista, Don Alejandro Peñaherrera. 
Fue éste quien personalmente matriculó a Icaza en el cole- 
gio de enseñanza secundaria "San Gabriel" , de los padres 
jesuítas (Atra. ,1, 102). Icaza no se sentía a gusto en este 
colegio y no obtuvo las acostumbradas buenas notas. Sobre 
esta etapa de su vida dice el mismo autor i 

A última hora, a fuerza de palanquees, pasé aquel año. 
Al siguiente giré algo en mf-- al parecer desfavora- 
ble--. La solapada complicidad de los frailes, en el 
chisme venenoso de mis condiscípulos, la desconfianza 



10 



de don Alejandro, las burlas de mi hermana, la Inquietud 
de mi madre, me obligaron a buscar una especie de com- 
pensación en la fantasía de cierta literatura-- Miguel 
de Zévaco, Emilio Salgari, Julio Verne--. Me torné men- 
talmente hábil espadachín, invencible atleta, rudo ca- 
pitán, a pesar de mis rasgos femeninos, de mi figura 
menuda, de mi piel pálida, de mis cabellos ligeramente 
ondulados (Atra.,I, 106). 

Su descontento y las experiencias desagradables im- 
pulsaron a Icaza a pedir que lo matricularan en el "Colegio 
Nacional Me jfa" , un colegio de enseñanza secular donde la 
mayoría de los profesores eran de creencias y tendencias iz- 
quierdistas. En este colegio es donde Icaza tiene el primer 
contacto con la literatura. Pero, irónicamente, no fue muy 
grato. SegiSn Icaza, ese año topó "con la literatura en el 
colegio" y no le "inquietó como debía, por el contrario, su 
estudio me parecía algo inútil, intrascendente" (Atra.,I, 109). 

Sin embargo, la amistad de un compañero de colegio lo 
impulsó a leer diversos autores. En su recién publicado tríp- 
tico, Icaza dice I "Sin orden-- mezclándoles y confundiéndoles 
-- devoré a Barbusse, a Huysmans, a Ducasse, a Baudelaire, a 
Wilde, a Dostoievski, a Zola, a Valle Inclán-- encuentro de 
luces violentas, de abismos tenebrosos, de rebeldía narcoti- 
zante" (Atra.,I, 110). 

Finalmente, en 1923, se graduó de Bachiller. Ese 
mismo año, el "Intendente de Policía" nombró a Icaza "furriel 
de la Segunda Compañía de su cuartel" e ingresó en la Univer- 
sidad de Quito a estudiar medicina. Pero abandonó sus estu- 
dios universitarios un año más tarde debido a "la atracción 



11 



y la magia del sueldo -- cambiar la ropa vieja y achicada 
por nueva, tener un respaldo de garantía entre prestarais- 
tas y usureros I pagar de cuando en cuando a una prostituta, 
..." (Atra.,I, 121). Poco tiempo después muriá el padre 
polftico de Icaza, don Alejandro, y a partir de ese momen- 
to el "sfntoma menopáusico" de su madre fue agravándose 
hasta que muri6 de "cáncer al útero" en 1924. 

Más tarde Icaza tropieza con un "amigo de la época 
de colegio", Alfredo Riofrfo, quién lo persuade que ingre- 
se como alumno en el Curso de Declamación del Conservatorio 
Nacional de Música. Esta experiencia marca el inicio de la 
carrera dramática de Jorge Icaza. 

En 1925, actué en varias obras con la futura prime- 
ra actriz nacional, Marina Moncayo, y formé, junto con otros, 
la "Compañía Dramática Nacional" . 

Dramaturgo 

Icaza continué actuando por varios años pero en 
1928 se inicié como dramaturgo con el estreno de su primera 
pieza teatral. El intruso . Esta comedia en tres actos fue 
estrenada en Quito el 19 de septiembre de 1928 por la "Com- 
pañía Dramática Nacional". Al respecto, Icaza escribe en 
su última novela « 

A medida que se perfilaba ante mi consideracién lo 
esencial de la "comedia dramática en tres actos" -- 
magia del uso y del abuso de los viejos recursos pues- 
tos por los actores--, sentí- -ráfagas de nebulosa 



12 



Inconsciencia- -el temor al fracaso. No por el público. 
Era la culpa de la incapacidad, de la consplracldn en 
favor del monstruo-- nada rompería de lo propuesto--. 

En la noche del estreno, la incertidumbre que me en- 
volvía en automatismo angustioso desapareció en cuanto 
of el primer aplauso-- impactó certero del latiguillo 
apostado hábilmente en la segunda escena (Atra.,II, 7-8). 

Ya que esta comedia es inédita, tenemos que recurrir 
a aquellos, que basándose en los artículos periodísticos de 
la e^oca o en entrevistas con el autor, han dilucidado esta 
obra. En su reciente tríptico. Atrapados . Icaza presenta 
gran parte del argumento de dicha obra. 

Ricardo Descalzi en su crítica del teatro ecuatoria- 
no escribe í 



Drama con todos los elementos para crear la tragedia, 
encuadrado en el molde clásico y en la forma como 
solía concebírsela. Pese a ser la primera pieza teatral 
del autor, éste va elaborando la trama, con conocimien- 
to de los recursos empleados en las tablas, en forma 
creciente, llevando la accién hasta el final, lógico en 
este caso, para la sensibilidad de un público deseoso 
de escenas violentas , cuando se trata de conflictos 
como los planteados. ^ 

Jorge Alarcón, además de presentar el argumento más 
cercano al texto perdido, tal como aparece en el diario El 
Día , analiza esta obra teatral y comenta que es una comedia 
que revela la huella del teatro español y francés. 

El drama tenía visaje de sus modelos franceses. Su 
intriga recordaba la del Tartuffe de Moliere. Icaza, 
por el momento, se moría en un escenario internacional! 
se mostraba más imitador que creador. La ligereza del 
"vaudevi lie" francés triunfaba sobre la crítica de 
costumbres. ' 



13 



La crítica de tal diarlo de la época no fue favora- 
ble y hasta suglrld que Icaza habfa plagiado. Icaza reaccio- 
na ante tal crftica dándose cuenta que habfa fallado en su 
intención . Al respecto escribe i 

Tal vez en el fondo de las opiniones y de la relación 
del crftico -- mediocridad de bastarda perspectiva -- 
alcancé a distinguir -- sombras que avanzaban entre 
niebla subconsciente -- que todo cuanto me propuse 
expresar se hallaba deformado por la rigidez paternal 
de mis conocimientos sobre el teatro. Escenas en molde 
español como la primera de la obra. Tema de triángulo 
amoroso a la francesa- -la mujer, el marido, el amante 
--. Desenlace de truculencia de un Echegaray venido 
amenos (Atra.,II, 11). 

La siguiente pieza teatral de Icaza, La comedia sin 
nombre . una comedia en tres actos, se estrené en Quito el 
23 de mayo de 1929. Puesto que esta comedia tampoco fue 
publicada, de nuevo estamos obligados a utilizar fuentes 
secundarias . 

En esta sátira social ya podemos apreciar la inci- 
piente crftica social de Icaza contra los abusos y la co- 
rrupcién de la clase alta, la cual se volverá más vigorosa 
y tenaz comenzando con su coleccién de cuentos Barro de la 
sierra . Según Alarcén "esta comedia tiene el carácter del 
teatro costumbrista, a la manera de algunas obras españolas 
de autores como Galdés, Linares Rivas, Benavente, y Ángel 
Quimera. Quizás Terra Balxa en la cual es drástica la crf- 
tica a la alta y poderosa sociedad corrompida, haya sido 

9 
decisiva." 



14 



En general, la crftlca de esta obra fue favorable. 
Icaza escribe I 



Los artículos favorables --al gusto de la alta sociedad 
por sus huasicaraas, alias "críticos" --se multiplicaron 
elevándome a una atmósfera que diluy<5 en la conciencia 
ciianto... (Atra.,11, 62). 



La tercera pieza teatral de Icaza, Por el viejo . 
fue estrenada por la "Compañía Dramática Nacional" en Quito 
él 20 de julio de 1929. Esta comedia en tres actos tampo- 
co fue publicada. Jorge Alarcdn, quien afirma tener la "co- 
pia única y original" de esta pieza, examina y evalúa esta 
comedia en detalle. 

Según Alarcán, en esta comedia ya se puede discer- 
nir la influencia de Freud sobre Icaza» "esa imperiosa nece- 
sidad de amar, expresada por Maruja, no es más que uno de 
los postulados freudianos» la libido sexual." Más adelan- 
te, Alarcdn observa» 

En conclusiún, se puede decir que Por el viejo es un 
drama de bien elaborada intriga. El contenido demues- 
tra una seria preocupación de carácter social por par- 
te de su autor, preocupación que yendo más allá de la 
mera crítica de costumbres, se presenta en la palestra 
teatral. anunciando el teatro como arma de combate ideo- 
lógico.^^ 

Las preocupaciones psicoanalíticas de Icaza, ya in- 
cipientes en la obra anterior, se manifiestan de una manera 
más fuerte y evidente en su siguiente pieza teatral, /. Cuál 
es ? Es de suponer que la breve estancia de Icaza en la Uni- 



15 



versldad de Quito le brinda la oportunidad de estudiar las 
teorfas freudianas y el psicoanálisis, materias de la ca- 
rrera de medicina. ;. Cuál es ?, tragedia en un acto, fue es- 
trenada en Quito el 23 de mayo de 1931 por la compañfa "Va- 
riedades" , En esta obra el complejo de Edipo, tema freu- 
diano que se presenta con más vigor en Cachorros . primer 
cuento de Barro de la sierra , se manifiesta también en esta 
obra. Ambos hijos toman a su madre como el objeto de sus 
deseos erdticos y, ajoidados por el comportamiento del padre 
hacia la madre y hacia ellos mismos, transforman este com- 
plejo en profundo odio hacia el padre. 

LA MADRE.- En él el sueño debes ser bueno, muy bueno. 

EL HIJO N^. 1.- Tan bueno como para quererte. . .Sobre 

todo... sobre todo. . .todo. . . 

LA MADRE.- (Al hijo N2 . 2) ¿Y tú? 

EL HIJO N». 2.- Luego. 

LA MADRE.- Podremos entretenemos en algo. ¿Quieres 

jugar? Dominó, las cartas... 

EL HIJO N«. 2.- Jugar... 

LA MADRE.- ¿No quieres? ¿No te gusta? 

EL HIJO N«. 2.- Siempre el mismo juego, las mismas 

fichas . 

LA MADRE.- Las mismas personas. Una vieja ridfcula. 

EL HIJO N*. 2.- No digas eso. Es la vínica qué me 

detiene. Debo hacer compañfa a mi vieja ridfcula. -^ 

Ella también ha sentido el encerrdn de varios años. 

Además de usar las teorfas de Freud relativas al 
Inconsciente, el complejo de Edipo, y los sueños, Icaza tam- 
bién usa las teorfas de Jung sobre los tipos psicolégicosi 
introvertidos y extrovertidos. Icaza presenta a Ernesto 
(El Hijo N«. 2.) como un introvertido. Gabriel (El Hijo 
N*. 1.), el extrovertido, le dice a Ernesto i "Y tú te callas 



16 



tanto que uno de estos dfas reventará tu espfritu de lo apre- 
tado, de lo lleno. ¿Por qué no hablas? ¿Por qué no me cuen- 

9.. lA 

tas tus deseos : 

Al otro extremo está Gabriel, un extrovertido, el 
cual le dice a la madreí "Eso me pasa siempre que se me mete 
un deseo. Tiene que salir en cualquier forma, tiene que dar- 
se a conocer, de lo contrario, el pobrecito revolotea en mf 
y me vuelve triste, colérico; hasta que un día se le ve apa- 
recer en una forma que a mf mismo me horripila." 

La madre anuncia la teoría de Freud de que las expe- 
riencias oníricas son necesarias y nos protegen cuando dor- 
mimos al decirle a Gabriel que el sueño "es descanso". So- 
bre esta creencia Freud señala que "en extraña oposicidn a 
las oposiciones corrientes, que consideran los sueños como 
perturbadores del reposo del durmiente, tenemos que reconocer 
que los sueños son los protectores del dormir." 

El uso de los sueños, en este caso los de Gabriel y 
Ernesto, como reveladores de deseos íntimos reprimidos, odio 
hacia el padre y deseo inconsciente de matarlo, es también 
notable en esta obra. 

Las preocupaciones psicoanalíticas de Icaza conti- 
núan en su siguiente pieza teatral. Como ellos quieren , come- 
dia en un acto, publicada pero no representada en escena. 
Alarcén indica que ésta "es una comedia en cuya elaboración 
el autor ha puesto en juego su inconformismo ante el 'statu 



17 



quo* social presentado en Por el viejo y sus inquietudes 

18 
intelectuales dramatizadas en ;. Cuál es ?" El contenido 

de esta obra se desarrolla en dos planos --uno social • la 
tradicldn contra el liberalismo, y otro freudiano, lo in- 
consciente, la neurosis, la pasión y el hambre. Estos dos 
últimos son notables en esta obra. He aquf un ejemplo i 

EL DESEO.- Te volveré tan ridfcula y despreciable 
como ellos creyeron verte si oías mi voz¡ esta voz 
de la naturaleza que s<Slo reconoce dos grandes pala- 
bras porque ellas-json la base del espíritu y de la 
vidaí pan y amor. 

La siguiente obra teatral de Icaza, Sin sentido , 
comedia en tres etapas más un prdlogo, aunque publicada, 
tampoco fue puesta en escena. Alarc<5n, en su análisis crí- 
tico de esta obra, indica que en ella, ante todo, "aparecen 
los principios de la Escolástica de Santo Tomás de Aquino, 

contra los cuales, velada y casi simbólicamente, van diri- 

20 
gidos los dardos de esta 'farsa'." Alarcón la caracteriza 

de la manera siguiente! 

Sin sentido no pretende pintar un trozo de la vida 
real, no ambiciona ser una comedia de costumbres a 
lo Benavente o una pieza estilo "vaudeville" . Sin 
sentido por su tesis, enfoque sicoanalíticd y técni- 
ca teatral, pertenece más bien al teatro de vanguar- 
dia tan en auge en el mundo occidental después de la 
Segunda Guerra Mundial y especialmente, desde media- 
dos de la presente centuria. ^^ 

La producción teatral de Icaza termina con la pu- 
blicación de Flagelo en 1936 , año en el que también se casó 



18 



con la primera actriz nacional Marina Moncayo. Al aparecer 
esta obra dramática, ya Icaza habfa publicado su coleccidn 
de cuentos Barro de la sierra (1933), asf como también sus 
novelas Hua si pudro (1934) y En las calles (1935). 

FlaRelo , una tragedia en un acto, fue estrenada el 
5 de agosto de 1940 en Buenos Aires por la compañía "Teatro 
del Pueblo" . No cabe duda alguna que esta obra dramática 
de Icaza se asemeja más a su narrativa que a sus obras dra- 
máticas anteriores. La crítica de sus últimas tres piezas 
dramáticas no había sido afirmativa según Icaza yi 

En reacción de contragolpe, no esperé mucho tiempo 
para escribir algo más violentó que fuera capaz de 
mellar- -crimen inobjetable compartido por todos --y 
que a la vez me despojara de lo poseído como alto, 
noble, bello, en el concepto general. Meta del he- 
roísmo que me impuse- -acicate, herida, virtud, crimen-- 
para terminar con ellos. Como que desde que creí 
haber dado muerte a mi padre--o a quien le represen- 
taba--en la farsa--placer y perspectiva de libertad-- 
me sentí descubridor y fundido en mi pueblo, en su 
tristeza, en su miseria, en sus sacrificios, en sus 
sueños, en sus posibilidades, al urdir la nueva pie- 
za teatral Fíaselo grité cuanto sabía de él (Atra., 
II, 35). 

En esta obra Icaza se sirve de algunos de los temas 
de su narrativa que trataremos en detalle en un capítulo 
posterior. El triunvirato de opresores del indio, según 
Icaza --el latifundista o "señor feudal de nuestra América", 
el teniente político o "individuo poseedor de toda la fuerza 
necesaria para ir arrojando a la escena de la explotacién el 
mayor número de elemento humano", y el cura, "embaucador es- 



19 



plrltual de la obra" t constituyen un factor primordial de 

22 
esta "estampa de indios". El abuso corporal del indio, 

la esclavitud y la miseria en que se encuentra» y el uso 

del alcohol como escape y los efectos de la bebida sobre 

el indio son otros temas presentados en esta corta pieza 

teatral. 

Icaza también reproduce esta obra en Atrapados . 
Comparándola con su versi<5n anterior no salo se notan cam- 
bios textuales y un evidente refinamiento sino la adici<5n 
de un pasaje que no aparece en la publicación original i la 
cual según el mismo Icaza > "sali<5 en una imprenta de ter- 
cera categorf a- -errores y mal gusto tipográficos--." (Atra., 
II, 59). Esta escena consiste en el abuso sexual de una 
india joven por un indio joven quien luego la convence a que 
huya al páramo en amor de "amaño", tema de inmoralidad so- 
cial cuyas normas estudiaremos más adelante. 

En resumen, se puede decir que Flabelo , su última 
obra teatral, no s(5lo difiere extraordinariamente de las 
anteriores, sino que es la máxima expresión del dolor del 
indio y de su deseo de liberacidn. 

¡Acudid todos a mirar! Palpando se convencerán. A 
pesar de que esta realidad ha sido larga experiencia 
para nuestros ojos, pero como el histérico que no ve, 
no porque esté ciego sino porque no quiere ver, asf 
hemos dejado pasar la tragedia milenaria clavados en 23 
una obstinación individualmente productiva... ¡Mirad! 



20 



Cuentista 

Jorge Icaza se inicia en la narrativa con la publi- 
cación, en 1933, de su primera colección de cuentos. Barro 
de la sierra . Esta colección cuenta con seis cuentos i "Ca- 
chorros", "Sed", "Éxodo", "Desorientación", "Interpretación" 
y "Mala pata" . La reacción a este tomo fue favorable como 
se puede ver en la muestra siguiente: 

"Barro de la sierra" de Jorge Icaza, colección de seis 
cuentos, donde hay color y fuerza de rebeldía. Se ve 
que el autor no escribe por escribir. Que sabe que la 
misión del escritor es algo de más elevada estirpe, de 
más enjundia que componer páginas para distraer los 
ocios de los desocupados. En "Barro de la sierra" hay 
páginas plenas de una rebeldía santa que revelan la 
fina sensibilidad de Jorge Icaza. Esto, y su gran do- 
minio en el difícil arte de escribir, incorporan a 
Icaza a la tropa de los mejores escritores de nuestra 
América > 

"Cachorros", el primer cuento de esta colección, 
presenta la temática freudiana que domina las últimas piezas 
teatrales de Icaza. En este cuento el venero freudiano se 
manifiesta en el uso del complejo de Edipo, elemento impor- 
tante y primordial de la temática. El tema racial también 
aparece al enfrentarse el "indio" y su medio hermano "el cho- 
lo". Estos al mismo tiempo son oprimidos por el omnipotente 
blanco. La crítica social se evidencia en la miseria en que 
vive el huasipunguero y los abusos corporales y sexuales que 
sufre. Otros temas notables de "Cachorros" son el alcoholis- 
mo, el concertaje, la superstición del indio y actos natura- 
listas. 



21 



En éste y otros relatos de Barro de la sierra Icaza 
experimenta con algunos recursos técnicos que más tarde em- 
plearán asiduamente otros narradores. En el primer cuento 
de este tomo el autor escarba en la mente de un niño pre- 
sentando todos los sentimientos conflictivos del pequeño 
cholo en un fluir de la conciencia. También señala la cos- 
tumbre del palanqueo y la corrupcién administrativa que for- 
ma parte integral de la política ecuatoriana en "Sed" . 

"Sed" es el segundo cuento de Barro de la sierra . 
En élt por primera vez, Icaza menciona a la trilogía explo- 
tadora de los indios y mestizos. El protagonista es el au- 
tor, lo cual le da la oportunidad de criticar las condiciones 
de vida del indio en forma directa. 

Como en "Cachorros" , en esta narración los temas 
psicolégicos también se manifiestan mediante la interpre- 
tación de Icgza de su mismo sueño. 

"Éxodo" , junto con "Cachorros" y "Sed" , forma la 
primera parte de Barro de la sierra . Se puede afirmar que 
en estos tres primeros cuentos la preocupación de Icaza es 
principalmente la del indio. En "Éxodo" Icaza muestra cómo 
funciona el triunvirato opresivo del latifundista, el cura 
y el teniente político; la costumbre del amaño ocupa el pri- 
mer plano y, al final, Icaza brinda Una solución ilusoria a 
la tragedia del indio i la huida a otros lugares. 

"Desorientación" es el comienzo de la segunda parte 
de Barro de la sierra . En la primera el énfasis cae sobre 



22 



la temática indigenista, en la segunda, de más diffcil 
clasificación, retrata al proletariado mestizo. 

La vida del obrero de la ciudad no es, según Icaza, 
mejor que la del huasipunguero de la Sierra. La miseria 
que el autor observa da origen a los temas de inmoralidad 
social i la prostitucidn y el alcoholismo. En "Desorienta- 
ción" Icaza lanza sus primeros gritos de protesta contra 
una sociedad opresora del pobre. La rebelión contra el sis- 
tema vive en la mente del típico obrero Juan Taco pero éste 
no sabe concretizar sus ideas revolucionarias. 

En el siguiente cuento, "Interpretación", la temá- 
tica indigenista se encuentra íntimamente ligada a la freu- 
diana. El indio sigue siendo el protagonista principal, 
pero es un indio muy diferente al que habita en el huasipun- 
go. El cuento presenta al ex-indio don Enrique Curchi, quien 
ha comprado los títulos de ex y don en el "ascensor social". 
Según Icaza, Curchi, como indio acul turado ha logrado "apa- 
rejar el gabán con el poncho y el hongo con el sombrero in- 
dio" (BDLS., 123). 

En esta narración se manifiestan los conflictos del 
cholo que quiere escapar de su origen. Además, Icaza expe- 
rimenta con nuevas técnicas narrativas « un diálogo en el 
cual se revela a nivel subconsciente lo que verdaderamente 
se piensa. 

DIALOGO CON FRENO DIALOGO SIN FRENO 

Lo que se dicen Lo que quieren 



23 



DON ENRIQUE» 

La noche estuvo 
encantadora. . . 
LA HIJA I 

Has estado contento... 
LA ESPOSA I 

He visto que te refas 
mucho . . . 
DON ENRIQUE I 

sr... 



EL AMIGO» 

Asf se pondrá usted 
mejor; de lo cual nos 
alegramos todos . . . 
LA ESPOSA» 

Parece que tu enfermedad 
va entrando en un período 
de franca mejoría... 
EL ESPOSO» 

En efecto. . . 

LA ESPOSA» 

El último remedio te 
ha sentado bien. Es caro. 



decirse sin conocer 
el motivo y sin 
conocer el decir 



para algunos, 
pobrecito. 

como un idiota. 

con risa que me helaba 
la sangre. ¡Soy un 
animal ! 



debe reventar de viejo. 



desgraciadamente. 

¿por qué te casas tes 
conmigo? 



¡el oro! Si no fuera 
por él no te hubiera 
conocido (BDLS., 130). 



En el último cuento de la coleccién, "Mala pata" , 
Icaza vuelve a la temática del proletariado. Icaza censura 
la falta de conocimiento político del ecuatoriano y la buro- 
cracia corrompida. En la elaboración de su cuento el autor 
emplea una técnica narrativa novedosa en su época y muy 
empleada por los narradores actuales. Ejemplo es el moné- 
logo paralelo del protagonista contrastado con el de su mu- 
jer. 



24 



--¡Claro! ¡Con hacerme el dormido lo compone todo! 
¡Eso si que no! . . . Ahora mismo te vas a sacar plata de 
donde quiera! yo no puedo vivir del aire. ¿Piensas que 
con hacerte el pendejo vas a pasar?... Esto debfas ver 
cuando rae sacaste de mi casa... 

y no dejarme asf con el guagua. Arrarray. . . ! ¡Qué 
Como él se emborracha todas las pulga tan bruta! Qué 
noches. Por eso le botaron del hediondez... ¿Será la 
empleo. Que me Importa que ol- cobija? jL...Jf...jf 
gan los dueños de casa» eso ...Debe seguir el con- 
mlsmo es lo que quiero, que se- se jo que le dl<5 un 
pa todo... amigo en la cantlnai 

"haste el pendejo; no 
le hagas caso" .... 
(BDLS., 152-53). 



Al año siguiente de la publlcaclén de Barro de la 
sierra . Icaza se Inicia como novelista con la obra que le 
traerfa fama, Huasipungo . Esta y las novelas restantes del 
autor serán discutidas más adelante. 

En 1952, Icaza publica su segiinda colección de cuen- 
tos Intitulada Seis relatos . Esta coleccién fue reeditada 
en 1954 con el título de Seis veces la muerte debido al 
trágico leit motlv de muerte. Esta colección que contiene 
los mismos temas de protesta que Barro de la sierra , aunque 
con diferentes matices y desde una perspectiva distinta, 
consiste de seis cuentos» "Contrabando", "Mama Pacha", "Rum- 
bo al sur", "El nuevo San Jorge", "Barranca grande" y "Cho- 
lo Ashco" . 

El argumento del primer cuento es sencillo pero el 
relato es abstracto y de orientación psicológica. En este 
cuento, Icaza describe el mundo íntimo de cada pasajero de 
un avión, basándose en las características de cada uno de 
éstos. 



25 



Imltéi sin la piedad requerida por el modelo, el bis- 
biseo imperceptible de las oraciones de una monja que, 
con la vista enternecida, no se aburría de mirarse fal- 
da y senos irremediablemente cubiertos. Experimenté 
el cosquilleo burldn de hipócrita coquetería al obser- 
var los remilgos y finezas de una cuarentona llena de 
moños, joyas y afeites, junto a un caballero rotulado 
con múltiples etiquetas--en la solapa, en la cartera, 
en el maletín- -que anunciaban servicio diplomático y 
defendían a gritos la frágil importancia que ostentaba 
el sujeto (SR., 9-10). 



El tema sobresaliente de esta narración es el com- 
plejo racial del cholo o mestizo. En cuanto a la técnica, 
observamos de nuevo el uso del monólogo interior por parte 
de Icaza. 

El cuento siguiente, "Mama Pacha", expone y trata, 
de una manera elegante y poética, con los complejos de in- 
ferioridad del cholo, el abuso sexual y corporal, y la su- 
perstición de los indios. 

"Rumbo al sur", el tercer cuento, es de carácter 
simple y naUíralista y expone principalmente uno de los 
males de la sociedad» la prostitución. La técnica de este 
cuento es totalmente realista. 

La narración siguiente, "El nuevo San Jorge", es 
una imitación de una leyenda famosa la cual Icaza ha adap- 
tado hábilmente para mostrar al indio como un ser que es ex- 
plotado no sólo por los blancos sino también por los mismos 
cholos. Icaza resalta en este cuento la figura prototípica 
del latifundista y emplea la técnica de la exageración para 
transmitir su mensaje de crítica y denuncia. 



26 



"Barranca grande", el penúltimo cuento y probable- 
mente el mejor de la coleccidn, expone una de las costum- 
bres indias más importantes, la de "amañarse", y el miedo 
al castigo y la condena al infierno de aquellos que viven 
en concubinato en el estado pecaminoso de "amaño". Ferrán- 
diz Alborz resume este cuento de la manera siguiente» 

Mundo de fantasmas cásmicos, de supersticiones cós- 
micas . Choque del mundo moral indio con el mundo 
moral católico. Choque de una libertad inicial y una 
servidumbre con las cirscunstancias económicas. Tem- 
blor ante el pecado. 25 

Seis relatos termina con el cuento psicológico 
"Cholo Ashco" . En esta narración Icaza usa comentarios 
colectivos como su técnica para explorar el mundo oscuro y 
violento de un típico cholo que descarga sus frustaciones 
y su complejo de inferioridad al hijo. 

En 1960, Jorge Icaza editó otro volumen de cuentos 
titulado Vieios cuentos , una recopilación de algunos de sus 
cuentos anteriores. Debemos señalar que estos cuentos fue- 
ron revisados por Icaza. Se observan algunas diferencias 
estilísticas, pero no temáticas, entre el texto original y 
el corregido. La colección contiene los cuentos siguientes» 
"Cachorros", "Sed", "Éxodo", "Barranca grande", "Mama Pacha", 
"El nuevo San Jorge" , "Contrabando" y "Rumbo al sur" . 

Además de estos tomos Icaza ha publicado numerosos 
cuentos en publicaciones periódicas y éstas no se han reco- 
pilado hasta la fecha» e.g. Patrón Rafico (1945) , La casa 



27 



chola (1955),^^ y Fantasfa relncidente (1960).^^ 
Novelista 

Como novelista Icaza se inicia con Huasipungo (1934), 
su novela cumbre, publicada un año después de Barro de la 
sierra . Su primera novela, obra de denuncia social, es 
recibida por sus compatriotas con antagonismo y crea una 
polémica nacional. En cambio, la crftica internacional la 
acoge con un entusiasmo sin trabas. La Revista América de 
Buenos Aires, por ejemplo, le otorga el "Primer Premio de 
la Novela Americana" en agosto de 1934. 

A este honor se suman otros que lo establecen como 
escritor social de primera fila. Ya en 1936 el crítico ar- 
gentino Enrique S. Portugal escribiendo en la prestigiosa 

revista Proa proclama "a los cuatro vientos y a pulmón lleno 

... 29 

que Icaza ha producido la más grande novela de Indoamerica.' 

Aunque Huasipungo fue acogido con loas y aplausos 
la crftica señald al mismo tiempo que su importancia se de- 
bía más al contenido que a sus valores estéticos o artísticos. 
Arturo Torres Ríoseco señala que "más que literatura, .. .es 
denuncia, .. .llamado de angustia a los hombres que todavía 
creen en la justicia, en los ideales del cristianismo y la 
civilización." Anderson-Imbert apoya las ideas de Torres 
Ríoseco al considerar que Huasipungo s6lo satisface a aque- 
llos lectores que "buscan en la literatura documentos socio- 



28 



31 
lógicos o emociones políticas , no virtudes literarias." 

Los crfticos nacionales sostienen la opinitfn del 
valor socializante de la obra en contraposición a una expre- 
sión estilística de voluntad artística. Entre ellos, Ángel 
F. Rojas afirma I 

Ha conseguido despertar el interés en su libro por lo 
que dice de medular, a pesar de la forma defectuosa 
en que lo dice. El descuido con que escribe Jorge 
Icaza es increíble, y a pesar de eso algunas de sus 
páginas, con carecer de la grandiosidad que solamen- 
te pudieron proporcionarle la congruencia entre el 
fondo y la forma. . . tienen una fuerza épica que im- 
presiona profundamente. 32 

Antonio Sacoto considera que el realismo de Huasi- 
punRO "is not exaggerated, but instead a true replica of 

social and economic conditions prevailing in the Ecuadorian 

33 . 

'cordillera'." Sacoto también cree que esta novela es 

de carácter universal y que lleva un mensaje aplicable no 
sólo a Ecuador sino también a América. Al respecto conclu- 
ye que HuasipuHRO es una novela universal porque "it por- 

trays the human being strriggling against etemal enemiesi 

34 
misery, hunger, injustice, illness, abuse, ..." 

El crítico uruguayo Alberto Zum Felde va más allá 
y sitúa a HuasipunRO en un lugar privilegiado entre las 
obras realistas de América y Europa. Considera que la no- 
vela presenta rasgos de la realidad social éiraertcana nunca 
vistos antes y con una fuerza dramática no conocida en la 
novela europea i 



29 



HuasipunRO . novela de un realismo tan brutal como no se 
habla dado todavía en América i y en la cual el dolor es 
tan grande como el horror, y el horror tanto como el 
asco, el conflicto llega a adquirir contornos de épica, 
por la grandeza primitiva del escenario y de los ele- 
mentos, a pesar de que, artísticamente la materia mis- 
ma de la realidad está apenas elaborada por el escritor, 
quedando en gran parte en el plano de la crónica y del 
documento. 35 

HuasipunRO , la novela del indio, desarrolla los te- 
mas que Icaza presenta en "Sed" de Barro de la sierra . El 
problema racial y el triunvirato opresivo que mantiene al 
indio en condiciones abyectas constituyen elementos princi- 
pales de la temática de esta novela. En cuanto a la influencia 
de otros cuentos de Barro de la sierra , la rebelión des- 
organizada de "Desorientación" es tratada en igual forma en 
HuasipunRO , siendo la tínica diferencia el traslado del am- 
biente urbano al rural. Sin embargo, en HuasipunRO no des- 
cubrimos el interés psicológico que predomina en sus piezas 
teatrales y en sus cuentos anteriores. Icaza obviamente 
prefiere dejar a un lado sus experimentos con nuevos recur- 
sos literarios y dedicarse a la crítica socio-polftico-reli- 
giosa. 

En 1935 Jorge Icaza presenta una segunda novela. 
En las calles , al Concurso de Novela Nacional. Con el seu- 
dónimo de Juan Taco Zarzosa gana el certamen. De acuerdo con 
la crítica. En las calles fue elegida principalmente por su 
valor nacional y no por sus virtudes artísticas. 

Edmundo Ribadeneira considera esta novela muy supe- 



30 



rlor a HuaslpunRO desde el punto de vista del estilo y 
Ferrándlz Alborz apoya la crftlca de Rlbadenelra y coloca 
En las calles en un lugar preeminente entre las novelas de 
masas del continente. Compartimos las opiniones de Ribade- 
neira y Ferrándiz Alborz. 

En En las calles t novela de la ciudad, Icaza amplfa 
la temática que encontramos en "Sed" , "Éxodo" , y "Desorien- 
tación" . La novela comienza en un ambiente rural dominado 
por el tfpico latifundio. Al igual que en "Sed", los habi- 
tantes de Chaguarpata son sometidos a la miseria y al palu- 
dismo por la falta de agua. Esta situación los impulsa a 
la hufda hacia la ciudad, movimiento demográfico que ya ob- 
servamos en el cuento "Éxodo". Por último, el tema de la 
rebelidn que surge en "Desorientación" reaparece en su se- 
gunda novela en forma de una huelga organizada. 

Un año más tarde, en 1938, publica su tercera nove- 
la. Cholos . Esta es, según Alarcdn, la primera de la trilo- 
gía de novelas que tendrán como interés esencial al mestizo 
y no al indio» "En realidad, aunque Icaza no deja de preo- 
cuparse del indio, sin embargo, el mestizo es el objetivo 
primordial de su inquietud socio-literaria en sus relatos 
posteriores. Cholos , Media vida deslumhrados , y Huairapa - 
mushcas constituyen una verdadera trilogía de novelas en tor- 
no al mestizo." 

Así como Huasipungo y En las calles . Cholos es una 
espantosa exposiciún de la explotación del pobre indio y 



31 



mestizo ecuatoriano. Esta obra es considerada Inferior a 
las dos primeras obras de Icaza. Sacoto concluye que "thls 

novel, however, Is far inferior to the preceeding ones, with 

37 
regard to Its characters, theme, plot unity, style, etc." 

Aunque las mismas fuerzas que actiSan sobre el indio en Hua - 

sipunfto y en En las calles se observan en relación con el 

mestizo en Cholos , éstas no aparecen con el Idéntico rigor 

en su tercera novela. 

A nuestro juicio esta obra es una antologfa de la 
temática de Icaza. En su tercera novela el autor trata los 
temas psicológicos además de la variadas facetas de su crí- 
tica política I religiosa y social. Estudia de modo profundo 
el dilema del mestizo que se encuentra presionado por dos 
razas y culturas. La semilla de este último tema se halla 
en "Cachorros" . 

Posterior a la apariclcSn de Cholos , Icaza comparece 
en varias conferencias en Centro y Norte América pero sus 
muchas actividades no lo afslan de sus intereses novelísticos 
y én 1942 publica su cuarta novela. Media vida deslumhrados . 
Esta es otra de sus novelas que tienen como tema fundamental 
al mestizo. Edmundo Ribadeneira considera que Media vida 
deslumhrados es una contradlcci<5n de sus dos primeras novelast 
HuasipunRO y En las calles . Sin embargo, el estudioso norte- 
americano Albert B. Franklin apunta que Media vida deslumhra - 
dos "is a deeper, more minute study than any that has yet 
been made, by Icaza or any other, of the mechanics of cholo 



32 



psychology. Technically it is an excellent novel." Esta 
novela exhibe la constante lucha del mestizo por borrar sus 
rasgos medio indios y convertirse en blanco y tiene como 
fuente temática principalmente a "Interpretación". 

Los acontecimientos nacionales e internacionales de 
la década del cuarenta paralizan un tanto la producción no- 
velfstica de Icaza. La invasión del Peni, la Segunda Guerra 
Mundial y la revolución del Ecuador que se desata el 28 de 
mayo de 1943 i son factores que absorben la atención del es- 
critor. Su principal actividad intelectual en esa época 
radica en su interés por el desarrollo de la Casa de la Cul- 
tura Ecuatoriana, fundada en 1944. 

Durante la segunda parte de esta turbulenta década, 
vuelve el novelista a su primer amor» el teatro. En estos 
años se establece la "Sociedad de Amigos del Teatro" y la 
compañfa teatral "Marina Moncayo" . Su retomo al teatro fue 
una corta aventura y una vez que se retiró no volvió a él. 

En este período crece la fama del novelista. Es 
designado miembro de la Directiva de la Casa de la Cultura 
Ecviatoriana en 1947, y en el mismo año es invitado por Rómu- 
lo Gallegos a su toma de posesión de la presidencia de Vene- 
zuela. 

Seis años después de Media vida deslumbrados , en 1948, 
Icaza publica su quinta novela, Huairaparaushcas . Así como 
Cholos y Media vida deslumhrados , Huairapamushcas tiene como 
asunto principal al mestizo. Huairapamushcas , que significa 



33 



en quechua "trafdos por el viento", destaca la postura étni- 

co-social del mestizo en su interrelacidn con el indio y el 

blanco. 

La obra, según Alarcán, "es la que menos ha llamado 
39 
la atenclán de los crf ticos," y concluye que "en realidad 

Icaza en Huairapamushcas no se encuentra creador sino inno- 
vador, al novelar una vieja temática y,... aparece más difu- 
so en algunos de los temas tratados en sus cuentos y nóve- 
nlo 
las anteriores." 

Huairapamushcas debe mucho a "Cachorros" . El abuso 
sexual de la india por el blanco crea el cholo, quien es 
repudiado por el indio y quiere pertenecer a la raza blanca. 

Entretanto, crecen los laureles del novelista. El 
gobierno de Bolivia invita a Icaza a visitar la nacidn her- 
mana en 1956. Allf es acogido acaloradamente y es bautizado 
con el sobrenombre de "señor Huastpungo". En 1957, Icaza 
asiste al III Festival del Libro Hispanoamericano en Lima 
y un año más tarde, en 1958, da a la luz su sexta novela. 
El chulla Romero y Flores . 

Esta es, sin duda, la obra en que es retratado el 
hombre comtSn, ya no sdlo del Ecuador, sino también de Améri- 
ca. Preside la novela una tesis racial, la cual expone Icaza 
en una entrevista con Elena Souchere (París, 1961) --el acho- 
lamiento como única solucl<5n al problenva social de Latino- 

. . 41 
america. 

Cuando habla de razas va más allá de las caracterfs- 



34 



ticas f isonámlcas , ya que considera el aspecto racial en 
términos de cultura. Por ejemplo, para el novelista» el 
indio que sabe leer y escribir y se viste como un europeo 
es automáticamente un cholo. En esta entrevista, Icaza su- 
giere la lectura de El chulla Romero y Flores donde, según 
él, ha reconciliado las dos culturas, la europea y la india. 

La crítica comenta con entusiasmo esta obra. Se 
tradujo al francés con el título de "L'Homrae de Quito". 
El traductor, Claude Cauffon, opina que en El chulla Romero 
V Flores , Icaza señala un nuevo y definitivo rumbo en su 
creación literaria. 

A pesar de tratar el mismo tema» el mestizo. El 
chulla Romero y Flores no peca de monótono. El autor enfoca 
este asunto tratado por él en obras anteriores, con nuevos 
brfos y desde un punto de vista cosmopolita. El chulla ya 
no es un medio indio que tiene problemas ajenos al lector, 
sino el criollo de toda América. 

Son nxjmerosos los paralelos temáticos entre El chulla 
Romero y Flores y la narración de Barro de la sierra "Mala 
pata". Ambas obras tratan del hombre medio del Ecuador. 
Tanto en la novela 'y^como en el cuento percibimos una críti- 
ca de la corrupción administrativa de la política ecuatoria- 
na. Y en ambos la burocracia destruye al protagonista. 

Por su última novela, Icaza es otorgado el "Premio 
al Mérito Literario 1958" . Dos años después publica Viejos 
cuentos . Y, ese mismo año, es invitado por algvinos gobiernos 



35 



comunistas de Europa y Asia. En su gira sostiene conversa- 
ciones con figuras como Nikita Kruschef y Mao Tse Tung. 

Mientras tanto Icaza se dedica a la preparación de 
su dltima novela, Atrapados , la cual publica a fines de 1972. 
En la carátula de la edición leemos que esta novela "consti- 
tuye su obra narrativa más ambiciosa, donde lo autobiográfi- 
co se funde con una desgarrante visi<5n de la infancia y la 
juventud del protagonista, hasta adquirir caracteres simbó- 
licos en cuanto a la lucha y las contradicciones del ser hu- 
mano en el convulsionado marco de la sociedad latinoamericana. 

Como ya lo hemos indicado, la novela consta de tres 
volúmenes! El juramento . En la ficción y En la realidad . 
Icaza narra en forma heterodoxa, mezclando los géneros « el 
teatro, la autobiografía, la novela y el ensayo. La secuen- 
cia de los hechos es caótica a menudo, y el conjunto, es de- 
cir, el de los tres tomos, de una estructura poco ortodoxa. 

En el primer tomo. El juramento , Icaza presenta una 
autobiografía novelada que aunque consta de sucesos auto- 
biográficos de índole política carecen de un orden cronoló- 
gico rigoroso. Para el estudiante de su vida y obra, este 
volumen añade datos curiosos sobre la vida de Icaza, siempre 
y cuando asumamos que Icaza no se haya alejado mucho de la 
realidad al novelar su vida. Sin embargo, se discierne fá- 
cilmente que algunos hechos han sido exagerados un tanto y 
muchos son invenciones de su imaginación. 

Tal como el título sugiere, en El juramento Icaza 



36 



muestra cámo y por qué jura vengarse de su tfo Enrique 
(tfplco latifundista ecuatoriano) , del cura representado 
en la novela por "Peralta Samaniego" , de los "chullas" que 
se aprovechan de la necesidad de la madre de Icaza de pros- 
tituirseí y hasta de los "gringos". 

En este tomo, Icaza reproduce el patrón empleado 
al comienzo de su novela anterior, El chulla Romero y Flores t 
presenta un ataque abierto y directo contra la corrupción 
administrativa, la hipocresía y la truculencia de los indi- 
viduos que andan siempre al acecho para inmiscuirse en cual- 
quier maniobra política que les traiga beneficio propio. 

Como ya hemos mencionado, con la excepción de algu- 
nos errores cronológicos, si bien intencionados, de nombres 
y de apellidos alterados, Icaza presenta en este tomo un 
recuento bastante acertado de su vida, según la conocemos 
por otras fuentes fidedignas. 

El segundo cuadro es titulado Atrapados i En la fic - 
ción . En cierto modo es una obra teatral novelada o una 
novela dramatizada. En este tomo Icaza recuenta experien- 
cias teatrales, y aún incluye versiones mejoradas de ¿Cuál 
es ? y Flagelo. También describe sus relaciones concubinales 
con "mi señora Beatricita" y su hijo bastardo. Aquí discer- 
nimos un importante anacronismo en lo que respecta a sus 
experiencias biográficas. En la novela interpretamos que 
él narra sucesos correspondientes a 1940 cuando ya Icaza se 



37 



habfa casado con Marina Mpncayo con la que tuvo solamente 
dos hijas. Por lo tanto tenemos que asumir que esto es uno 
de los tantos pasajes en que la realidad ha sido retocada o 
transformada por la iraaglnaclán creadora del novelista. Ca- 
be la especulacidn de que la "señora Beatrlclta" fue una 
aventura del autor o que "la señora Beatrlclta" y Laura 
Illescas representan la amiga i amante, esposa y actriz, o 
sea, todo lo que siempre ha representado Marina Moncayo en 
la vida del autor. 

En el tercer volumen. Atrapados i En la realidad , hay 
un regreso al punto de vista de la primera persona. El co- 
mienzo de En la realidad es un guidn de pieza teatral. Los 
personajes del diálogo son abstractos y representan distin- 
tas voces de la sociedad» la prensa, los lectores de perld- 
dicos, el pueblo, hombres, mujeres, los burócratas, el gobier- 
no, la iglesia, etc. Esta técnica poco usual nos presenta 
un acontecimiento violento examinado desde diferentes puntos 
de vista. 

Icaza emplea en Atrapados las técnicas modernas con 
que experimentó hace cuarenta años en Barro de la s Ierra i el 
flujo síquico, el "flashback" , el punto de vista múltiple 
desde el narrador omniscente a la primera persona- -y los 
diálogos de personajes alegóricos. 

Las obras de Icaza han sido clasificadas como novelas 
de tema indio, cholo o del hombre medio ecuatoriano. Atrapa - 
dos rompe con estas clasificaciones ya que si fuéramos a ca- 



38 



llficarla tendrfaraos que concluir que ésta constituye la 
sfntesls de su obrai ya que trata al mismo tiempo la temáti- 
ca del indio, el cholo y el hombre medio. 

Los mismos paralelos temáticos que existen entre 
"Mala pata" y El chulla Romero y Flores pueden aplicarse a 
la parte autobiográfica de Atrapados . Al mismo tiempo, Icaza 
incorpora en este tríptico la temática que aparece por pri- 
mera vez en Barro de la sierra . En su deseo por experimen- 
tar con nuevos recursos técnicos y estructurales, abandona 
su preocupación por la denuncia social, la que, en definitiva, 
constituye la fuerza motriz de sus obras anteriores. 



NOTAS 



Eugenio Garro, Jorf>e Icaza» Vida y Obra. Biblio - 
graffa. Antología (New Yorki Hispanic Institute, 1947), p. 20. 

2 

Jorge N. Alarcdn, "Jorge Icaza and his Literary 
Creation," (Tesis doctoral inédita, Universidad de Nuevo 
México, 1970), p. 12. 

•^Garro, Op. Clt .. p. 23. 

Alarcdn, Op. Cit .. p. 20. 

Ricardo Descalzi, "El intruso," Historia crítica 
del teatro ecuatoriano (Quito i Casa de la Cultura Ecuatoria- 
na, 1968), p. 791. 

Desde nuestra butaca. Una sorpresa teatral y una 
promesa dramática," El Día (Quito, Ecuador), septiembre 21, 
1928. 

^Alarc(5n, Op. Cit ., pp. 59-60. 

^Ibid .. pp. 60-62. 

^Ibid .. pp. 60-61. 

^°Ibid., p. 62. 

^^ Ibid .. p. 66. 

^ ^Ibid .. p. 70. 

Jorge Icaza, ;. Cuál es ? (Quitot Editorial Labor, 
1931), p. 61. 

39 



40 



^ ^Ibtd .. p. 55. 

^^ Ibld .. p. 54. 

Sigraund Freud, " Interpretación de los sueños," 
Obras Completas , traducciíSn de Luis Ldpez-Ballesteros y de 
Torres (Madrid» Editorial Biblioteca Nueva, 1948), II, 254. 

Icaza reproduce esta obra en el segundo volumen 
de su última novela Atrapados . El texto que aparece en 
esta última es bastante diferente y más refinado que el 
que aparece en las ediciones conocidas. 

^^Alarcán, Op. Cit .. p. 81. 

19 

Como ellos quieren (Quito i Editorial Labor, 1931), 

p. 45. 

^^Alarcdn. Op. Cit .. p. 94. 

^ hbid ., p. 103. 

Jorge Icaza, Flabelo (Quito» Imprenta Nacional, 
1936), s.p. 



24. 



Barro de la sierra," Letras del Ecuador, No. 110 



(1958), p. 22. 

25 

"El novelista hispanoamericano Jorge Icaza," 

Prdlogo de Obras escocidas (México» Editorial Aguilar, 1960), 
pp. 25-26. 

^ ^Letras del Ecuador , No. 2 (1945), pp. 8-9. 

Jorge Icaza, Relatos (Eudeba» Editorial Universi- 
taria de Buenos Aires, 1969). 

^ ^Letras del Ecuador . No. 119 (1960), pp. 14-16. 

¿Qué significa la obra de Jorge Icaza?," No. 38, 
(abril, 1936), p. 10. 



41 



30 



La novela en la América hispana (Berkerly, Califor- 
nlai University of California Press, 1939), p. 235. 

Historia de la ^literatura hispanoamericana (México» 
Fondo de la Cultura Económica, 1961), p. 253. 

La novela ecuatoriana , p. 200. 

The Indian in the ecuadorian novel , pp. 141-42. 

•^^ Ibid .. p. 154. 

índice crítico de la literatura hispanoamericana . 
La narrativa (Méxicoi Editorial Guarania, 1957), p. 173. 

"Jorge Icaza and his Literary Creation," p. 266. 

The Indian in the ecuadorian novel , p. 156. 

"Versatile Ecuadorean," Inter-American Monthly , 
I (1942), p. 34. 

^^Alarcdn, Op. Cit ., p. 300. 

*°Ibid., p. 301. 

^^Letras del Ecuador, No. 121 (1961), p. 1. 

J.F., "Jorge Icaza» El chulla Romero y Flores ," 
Hora del Hombre (Lima), No. 3 (1960). 



CAPITULO IV 
CRITICA política 

La historia ecuatoriana del perfodo nacional se 
caracteriza por estados de turbulencia i golpes de estado 
y dictaduras. En estos perfodos turbulentos la alta bur- 
guesía siempre ha logrado controlar la vida nacional con 
administraciones precarias y corrompidas. La élite social 
ecuatoriana maneja los dos partidos polfticos--el liberal 
y el conservador- -que han gobernado la naci<5n desde el pe- 
ríodo colonial. Los conservadores i respaldados por la 
Iglesia Católica I residen principalmente en la regidn de 
la Sierra. Los industriales y comerciantes de la regidn 
de la Costa constituyen en su gran mayoría el partido li- 
beral. Los comunistas y socialistas forman un tercer par- 
tido, pero nunca han tenido mucha influencia en la vida 
política nacional. 

Icaza, en su novelística» refleja las realidades 
políticas de su patria y con técnicas realistas o natura- 
listas ofrece un cuadro fehaciente de los problemas naciona- 
les más agudos, en especial los de los indios y los cholos. 

El triunvirato opresivo 

A lo largo de toda su narrativa y hasta en su obra 

42 



43 



dramática Flagelo, Icaza denuncia lo que él considera la 
alianza de los tres principales opresores del indioi el 
terrateniente o latifundista, el teniente político y el 
fraile. Muy temprano en su narrativa, en el cuento "Sed" 
de Barro de la sierra , aparece esta alianza al presentar 
Icaza al teniente político como un individuo corrupto bajo 
el control del terrateniente y aliado al cura. En esta 
narración, el teniente político Guerrero le anuncia al au- 
tor de una manera confidencial» 

— Ya mismo viene el cura, ja. . .Ja. . .ja. . .pero es 
bueno conmigo, me ayuda en lo que puede. 

--Su sueldo no debe ser malo. 

--No estoy bien si es bueno o malo. 

— Ja... ja. . . Ja. . . 

--Verá, cholito. El Gobierno a mi me paga una 
pendejada, pero yo rae busco mis chauchitas. Y como 
el cura y el señor Panchito son buenos. . .sino ca, 
de onde mantuviera a la Juana y a los guaguas . . . 
(BDLS., 47-48). 

En su primera novela, Huasipungo , Icaza denuncia 
esta misma trilogía opresiva. La necesidad del latifundis- 
ta Pereira de construir un carretero hace que éste solicite 
la ayuda del cura y del teniente político del pueblo. Ali- 
mentada la codicia con los efectos del alcohol no tardan 
"patrón, sacerdote y autoridad" (Huas., 60) en sellar su 
alianza. 

El pueblo de Chaguarpata de En las calles sufre los 
abusos del establecido triunvirato opresivo. Los habitantes 
de la comarca saben que ellos van a ser negados el agua para 



44 



beber y sembrar ya que el terrateniente Urrestas, "el señor 
cura, el teniente político y varios invitados de postfn di- 
vidirían las aguas del rfachuelo" (ELC.. ll)« 

Los tres poderes de la sierra se inmiscuyen en todos 
los aspectos de la vida del indio y del cholo. El latifun- 
dista es un señor feudal en sus tierras y como tal prueba 
las primicias sexuales de las mujeres de su territorio. 
Una vez saciados sus deseos es su "deber" casarla. 

La costumbre india del amaño facilita la "obllgacián" 
del amo, ya que aprovecha los amorfos de las "longas" y los 
indios para forzarlos a legalizar su estado. En "Éxodo" el 
patrón obliga al matrimonio a la longa María con el indio 
José con ayuda del teniente político y del cura. Las nove- 
las Cholos y Hualrapamushcas presentan situaciones análogas, 
donde los amantes indios son compelldos por el latifundista 
a que "el señor cura eche la bendición" y "el teniente polí- 
tico les apunte en el libro" (Hualr. , 50). 

El latifundista, el cura y el teniente político apa- 
recen en la narrativa de Icaza como el triunvirato que opri- 
me al Indio y al cholo de la sierra. Desde Barro de la sie- 
rra , específicamente en "Sed" y "Éxodo" , Icaza muestra la 
asociación de los tres poderes. Este tema reaparece en las 
novelas que tienen el ambiente rural de escenarlo tales como 
HuasipunRO , En las calles , Cholos , Hualrapamushcas y Atrapa- 
dos . El triunvirato opresivo no manifiesta ningún cambio 
significante en la evolución de su narrativa. El clero, la 



45 



autoridad y el amo, una vez asociados, actúan en conjunto 
en pro del latifundio. 

El teniente polftico 

El teniente polftico es el vehfculo primordial de 
la crítica polftica de Icaza. Como reflejo fiel de los 
acontecimientos hist(5ricos, baste citar a Blanksten el cual 
pas($ varios meses en el Ecuador estudiando la situacián y 
el sistema polftico i 

He [the ecuadorian lndiai§ knows govemment well. 
Government is the political lieutenant of his parish. 
The political lieutenant is the man who apologetically 
explains why a tax ought to be paid, or why the Indian 
nnast go to jail if he has drunk too much "chicha" and 
gotten into trouble, or why he is requlred to work on 
the roads four days out of every year if he cannot buy 
his way out. Sometimes the Indian hates the political 
lieutenant, but more often he sympathetically realizes 
that this official is hiraself only doing the bidding 
of a higher authority, the political chief of the can- 
tón. If the Indian is exceptionally understanding, he 
realizes that the blame lies even higher than thati 
the final tyrant is the provincial govemor. '■ 

Del teniente polftico, Albert Franklin dice que "he 

is the person of the national govemment in his bailwick 

2 

and need fear no man on earth except the priest." 

En lo que respecta a su representación en la obra 
literaria de Icaza, éste lo presenta como víctima y verdugo 
a un mismo tiempo. En el cuento "Sed" de Barro de la sierra 
Icaza nos describe un gobierno manipulado por personajes 
corruptos que hacen todo lo posible por no mejorar las con- 



46 



diciones del pueblo. Icaza también muestra a un teniente 
polftico prototfpico en la persona de Abelardo Guerrero i un 
Individuo abusador de los indios y un mero tftere del patrdn 
de la hacienda. Veamos un ejemplo de tales abusos por parte 
del teniente polftico. 

Contaba el Teniente Político, parado sobre su poder de 
primera autoridad pueblerina, las acémilas que se 
abciniqueaban las moscas y el sol con la cola, 

— Una, dos, cinco... ¿De quién son éstas? 

--Mfas patrén- -Grita un chagra. 

— Diez sucres por el daño. 

--¿Qué daño pes, en cerro pelado? Ni que hubiera 
sido en sementeras. 

--Yo no sé nada; diez sucres tenfs que dar, chagra 
pendejo. 

--Pero, patrén... Haga justicia. Las muías ca, 
qui'an de saber pes. Encontrando potrero sin cercado 
ca, han entrado no más pes. 

--Debfs cuidar mejor. Ya sabent por cada bestia que 
entra en el daño de hacienda; dos sucres. Toditico el 
pueblo sab'esto... 

--Pero patrén..., diez sucres ca de donde hemos de 
sacar pes. 

--Yo no sé nada. Si no tenfs ha de quedar no más 
una muía en 1' hacienda de don Panchito. ¡Ve, Leopoldo! 
Escoge una de estas bestias para que le llevéis abajo, 
y dirasle al señor» que esto no he podido cobrar porque 
el dueño no ha tenido ni medio... ¿Y esos burros, de 
quién son? 

--Mfos ami3--MurmuLra un indio, dejando encargada, a 
un indio vecino, su posición uterina de espera bajo el 
poncho . 

— ¿Otra vez han cafdo tus burros en daño, no? 

--Aura ca patrún. Animalito ga, uliendo hierbita 
tieinitu de jacienda, rumpi nu mas suga... Y cumu pa- 
trún ga nu puni careados ... 

--¡Qué cercado ni qué pendejada! Yo tengo que hacer 
cvimplir las leyes... Si no tenfs para pagar te meto 
preso (BDLS., 44-45). 

Según Icaza, si los indios no pagan con otros anima- 
les o con dinero, el teniente polftico hace que paguen con 



47 



trabajo para la hacienda, que es en sf una práctica de con- 
certaje. Esta práctica infame la discutiremos más adelante 
al mostrar los temas de crftica social. 

Icaza también presenta al teniente polftico como 
aliado del patrdn o latifundista ya que gana un diez por 
ciento de las pérdidas del indio. El otro por ciento lo 
toma el hacendado. En HuasipunRO . el teniente polftico aho- 
rra "honradamente las multas, los impuestos y las contribu- 
ciones fiscales que cafan en la tenencia polftica." El 
teniente polftico se convierte en figura agonista al tener 
que apabullar al indio y al cholo. Para aliviar su concien- 
cia justifica su crimen y lo califica de "honrado" ya que 
sin ese dinero no le es posible mantener a su familia. 

Icaza alega que el teniente polftico que no admita 
corrupción es rápidamente destitufdo de su cargo por el te- 
rrateniente. El mejor representante del gobierno es el que 
logre extraer más dinero del indio. Este no es ajeno a la 
explotación a que es sometido pero se siente impotente ante 
tal poderfo» "Los chagras aligeran el paso comprendiendo 
que todas sus protestas serfan débiles ante los razonamien- 
tos de la ciudad" (BDLS., 35). 

El teniente polftico como representante de la crf- 
tica polftica apenas aparece en Seis relatos . En el cuento 
"Barranca grande" , Icaza simplemente lo menciona como cobra- 
dor de multas a los indios por pecado de amaño y como re- 
clamador de "indios de obligaci<5n para el aseo diario del 



48 



pueblo . " 

SegiSn Icazai la educacidn ancestral de cholo del 
teniente polftico lo convierte en un sumiso del gamonal 
blanco y un verdugo del indio. El poder rural es poco más 
que un cretino, "el eterno castigado" (BDLS., 46). El autor 
en "Éxodo" conociá al teniente polftico desde niño y lo ca- 
lifica de "vago" y "cadáver de teniente polftico" (BDLS., 
46). El autor recuerda las vacilaciones de su ex-corapañero 
de clase quien al ser preguntado "¿Cuánto es uno por uno?" 
respondfai "No estoy bien si son dos o tres" (BDLS., 46). 

El resultado de la falta de educación e inteligen- 
cia es un teniente polftico inseguro de su posición e inde- 
fenso ante cualquiera que él considere superior en conoci- 
miento o posición económica. Según Icaza, el teniente po- 
lftico es una marioneta sin preparación para llevar a cabo 
sus funciones oficiales. El latifundista aprovecha la fal- 
ta de conocimiento de tal autoridad para hacer que ésta ac- 
tué siempre a su favor. En Cholos , el siguiente diálogo 
entre el terrateniente y el teniente polftico revela esta 
relación I 

--Venga un momento para el patio y podrá constatar 
el hecho. Intencionalmente he ordenado que nadie toque 
el cadáver para que usted pueda certificar y estudiar 
el caso. 

Si el teniente polftico fuera el criminal no hubiera 
experimentado tanto temor como cuando oyó aquello dei 
"para que usted pueda estudiar y certificar el caso". 
El, un inocente ex -mayordomo, tenía que vérselas con un 
imaerto. ¿Qué era un muerto? ¿Qué era un asesino? 



49 



¿Qué era un caso? Gotas de sudor corriéronle por la 
cara. No por lo trágico del asunto, a él no le asus- 
taron jamás cadáveres indios, sino porque podfa quedar 
en ridículo ante el señor Montoya aue fue Intendente 
y que sabfa de estas cosas. Se vio fuera del cargo 
(Cho., 208). 

En Seis relatos . Icaza muestra al teniente polftico 
como un representéinte inepto del gobierno que mantiene a 
cholos y señores enriquecidos acostumbrados a "las prefe- 
rencias incondicionales" (SR. , 35) de su autoridad. En la 
narración "Mama Pacha" , acostumbrados a tal preferencia y 
dada la hufda de Mama Pacha, tales cholos y señores reclaman 
urgentemente» 

— Busquen al criminal. 

"¡sr... sr...! 

— ¿Pero quién? 
— ¡El Teniente Polftico! 
— ¡Cierto! El Teniente Polftico. 
— Que nos sea útil en este trance. 
— Que sirva para algo. 

— Que desquite las multas y los impuestos. 
--Que nos defienda. 
— Pero que sea pronto. 
— ¡ Prontobo . . . ! 

—¡El Teniente Polftico! ¡El Teniente Político! (SR., 
84). 

En "Mama Pacha" asf como en la novela Cholos obser- 
vamos un cambio aparente en el teniente polftico. Del ser- 
vicio del patrén blanco pasa al del cholo adinerado. La 
transformación es salo superficial, pues su actitud servil 
al poder latifiindista continúa. S6lo varfa el color del 
amo. 

En Huasipungo el teniente polftico se entrega total- 



50 



mente a las tfrdenes del latifundista al oir las exhortacio- 
nes de» "¡La patria la reclamai la pide, la necesita!" (Huas., 
60). La autoridad rural de En las calles se encuentra "al 
servicio incondicional de los señores latifundistas" (ELC., 
42). En esta obra el teniente polftico muestra su lealtad 
al mandar a la muerte segura a muchos indios con tal de ayu- 
dar la campaña electoral del latifundista Urrestas. 

En su última novela Atrapados , observamos que Icaza 
le ha dado un cambio apreciable a la funcidn del teniente 
polftico. En esta novela, el blanco gamonal Teodoro Segovia 
se sorprende al darse cuenta que la autoridad rural no es 
su sirviente incondicional. Al exigirle justicia al tenien- 
te polftico se da cuenta Teodoro que éste "no era el tipo 
aduldn e incondicional --duro e inhumano con los indios y 
con ciertos cholos, al gusto de cualquier cacique-- que co- 
nocfa por referencias desde niño" (Atra.,II, 161). A pesar 
de que el teniente polftico no simpatizaba con el gamonal, 
no tiene otro camino que servir al amo. 

Del otro lado tenemos la relaciiSn del teniente polf- 
tico con el indio. Icaza señala que el indio es el recipien- 
te de las más bajas pasiones del teniente polftico quien, 
entre otras injusticias, los llama "unos bandidos los indios 
de por este lado" (BDLS., 49) cuando éstos tratan de protes- 
tar el atropello a que son sujetos. 

En este mismo cuento Icaza también describe al te- 
niente polftico como un hombre "de actitud siempre lista al 



51 



zarpazo abusivo" (SR.» 87). Sin embargo, esta actitud s(5lo 
la usa con aquellos sobre los cuales puede abusan los in- 
dios y gentes pobres. De este modo, en el cuento en cues- 
tión, el teniente polftico "se encontró rodeada [si<| por 
las personas ante quienes no podfa usar ni su máscara, ni 
su tono profesional, fuerte, y altanero. Los dueños de la 
tierra, los ministros de 'Taita Diosito' , los comerciantes, 
las honorables madres de familia,..." (SR., 87). Como po- 
demos notar, aquf taimbl& hay una breve alusión a la ya an- 
tes mencionada alianza de poderes opresores del indio. 

La crítica política en la figura del teniente polf- 
tico se mantiene en la novelística de Icaza. En unas obras 
se presenta con características más individualistas que en 
otras, pero a través de todas, observamos que los rasgos 
básicos se conservan. Icaza caricaturiza al teniente polí- 
tico de la siguiente manera» 

No faltaba nunca el Teniente Político, generalmente 
algún cholo, ex-mayordomo o ex-sirviente de casa gran- 
de, con botines de becerro sucios y despellejados las 
puntas, vestido de casinete remendado el culo y los 
codos, camisa de cuello pringoso, boca hedionda a peras 
podridas, piel morena, lustrosa de sebo (MVD., 14). 

En algunas de sus novelas, Icaza individualiza el 
personaje del teniente político dándole nombre y apellido. 
El teniente político que aparece en Huasipungo establece su 
personalidad al proclaman "Nadie como yo... Yo, Jacinto 
Quintana... Y como el tuerto Rodríguez, cara jo... Para 



52 



conocer y dominar a látigo, a garrote, a bala, la sLnver- 
güencerfa y la vagancia de los Indios" (Huas., 25). En 
otras ocasiones, Icaza es a»3n más explfclto y describe has- 
ta la familia del teniente polftico. 

Para Icaza el teniente polftico no es más que un 
paria privilegiado. Este no puede ir en contra de los de- 
signios del latifundista. Su poder es usado contra el in- 
dio y no contra la injusticia. El teniente político está 
consciente de su frágil posicldn y se siente impotente ante 
las demandas de los pobres i "No sean brutos. No sean anima- 
les. La ignorancia será, pes. ¿C(5mo quieren que yo impida 
que cada cual haga en sus tierras lo que le de la gana? Para 
eso es propiedad particular. Yo tengo que defender esas pro- 
piedades" (Huair., 620). 

Icaza implica que la autoridad rural se encuentra 
entre el derecho del pobre y el poder del rico. La educación 
que el teniente político recibe a base de palos y garrotes 
hacen el veredicto favorable al gamonal. 

El tema de denuncia política expuesto en la figura 
del teniente político aparece desde Barro de la sierra hasta 
su última novela. Atrapados . El teniente político es uno de 
los miembros del triunvirato opresivo que según Icaza mantie- 
nen al indio en una sltuaclún abyecta. Vemos que el tenien- 
te político al mismo tiempo que funciona de victimarlo es 
también víctima del latifundista. Este es un elemento fun- 
damental de la crítica política de Icaza y en éste reside el 



53 



conflicto y la tragedia i nacional y personal, del teniente 
polftico. Basados en la exposición de Icaza, se puede con- 
cluir que el teniente polftico no es causa sino más bien el 
medio que usa el latifundista para perpetrar abusos contra 
el indio ecxoatoriano . 

La figura de la autoridad rural sufre algunos cam- 
bios a través de la narrativa de Icaza. La génesis de la 
figura del teniente político la encontramos en "Exodo" y 
"Sed" de Barro de la sierra . En esta obra, asf como en sus 
primeras novelas HuasipunRO y En las calles , el teniente 
político es presentado totalmente como un ser despático. 
Sin embargo, en sus otras novelas, Cholos . Media vida des- 
lumbrados , y Huairapamushcas . Icaza lo exhibe como un mero 
títere del poder sin criterio propio. Finalmente, en Atra- 
pados vemos una rebelián incipiente contra el latifundista 
por parte del teniente polftico, pero ésta nunca cristaliza. 
Claves de la crítica polftica 

Desde el principio hasta el final de la narrativa 
de Icaza, se discierne que en el Ectiador, la polftica está 
controlada totalmente por la clase alta. Esta está compues- 
ta en su gran mayoría por miembros de la raza blanca. El 
típico político ecuatoriano es miembro de la aristocracia y 
se postula simplemente para aumentar su riqueza e influ- 
encias, y para ayudar a sus amigos y parientes. Una vez 



54 



elegido, no cumple sus promesas y generalmence sucumbe a 
prácticas corrompidas. 

En "Sed" i el señor Panchlto gana los derechos al 
agua gracias a sus parientes de las "altas esferas oficia- 
les" y hasta se le achacan, por medio de la prensa, contro- 
lada o manipulada , generalmente por el mismo gobierno , 
obras caritativas que contrastan con la dura realidad en 
que viven los indios en sus tierras. 

¡ ¡Ah! ! En la capital es muy considerado; su labor 
caritativa pregonada por la prensa le ha dado presti- 
gio de gran figura polftica. Es la primera firma que 
se lee en todas las erogaciones para obras de caridad 
(BDLS., 48). 

A veces Icaza presenta una crítica del sistema en 
general. Por ejemplo, en "Éxodo" Icaza critica la prefe- 
rencia del Estado por las élites. En momentos de crisis 
econdraicas, el dinero existente no es utilizado para las es- 
cuelas de los indios sino para los centros estudiantiles de 
los pudientes que serán los futuros gobernadores. Asf se 
perpetúa la dominación blanca de la vida polftica nacional. 
En "Éxodo" , el latifundista don Miguel le dice al curat 

--¿Escuelas para indios? El presupuesto del Estado 
ha entrado en período de crisis y, sobre todo, lo 
primero son las escuelas para nuestros hijos. Nuestros 
hijos que serán; --iba a decir los explotadores del 
mañana, pero dord la frase con un disfraz ciudadano 
y afirmó con acento bfblico--las élites directoras del 
mañana (BDLS., 66). 



55 



Icaza en su narrativa posterior mantiene que el go- 
bierno es el guardaespaldas de la élite social. El gobierno 
está manipulado por el tfpico polftico latinoamericano quien 
salo se preocupa de sus propios intereses y por los de su 
clase. Por lo tanto, la política es interés de todos los 
pudientes. Para el latifundista y el industrial la culmina- 
cl<5n de su carrera es la presidencia. Este es el mejor modo 
de controlar todos sus bienes sin los inconvenientes de las 
palancas y los sobornos. El latifundista convertido en in- 
dustrial declarai 

— Entraré en la política. En la alta política. 
S<5lo así... --chilla don Luis Antonio Urrestas. Era 
la primera vez que declaraba ante la mujer-- amiga y 
parienta de frailes y curuchupas-- su viejo anhelo de 
influir en la vida y en la orientacidn del Gobierno 
de la República. Único medio --tipo nacional-- para 
evitar los inconvenientes --sobornos costosos, palancas 
inamovibles, obstáculos ideológicos, sombras eneraigas-- 
en el desarrollo de la industria y de las finanzas. 
Debía por otra parte --vanidad y sacrificio de las al- 
tas figuras de la Patria-- ser uno de los miembros pro- 
minentes de la gran trinca erigida desde siempre en 
directora y administradora de los destinos materiales 
y espirituales del país. La experiencia de la huelga 
--súplicas en vez de órdenes, ofertas en vez de amena- 
zas, inquietudes en vez de seguridades— había desper- 
tado en él ese deseo, esa urgencia incontrolable por 
intervenir como factor decisivo en los problemas del 
Estado (ELC., 151-52). 

Los líderes del país ya de una faccicSn u otra tienen 
en común los privilegios de clase. La hipocresía reviste 
a los políticos rivales pero ahoyando profundamente encon- 
tramos que "la enemistad entre esas gentes era de barniz en 
la superficie, que un interés burocrático les unía, les enea- 



56 



denaba" (ECRF., 758). En Atrapados , el Ifder de un cuar- 
telazo fracasado es "castigado" por sus enemigos con el 
nombramiento de Embajador en París. 

Otro aspecto de las claves políticas es la desorien- 
tacldn política del ecuatoriano. Tal desorientaclcSn es 
evidente en la clase media o baja. Se observa en la acti- 
tud de Carlos Aparicio en "Mala pata" • último cuento de 
Barro de la sierra en el cual hay un retrato de la inesta- • 
bllldad política. Carlos, un hombre sin fuertes creencias 
sobre ideologías políticas, se convierte en ferviente cre- 
yente de los preceptos marxistas de la noche a la mañana. 
Carlos "esa noche se duerme pensando en el vestido rojo del 
obrero comunista que cena con él» al despertarse se siente 
fervientemente revolucionario" (BDLS., 144). 

La censura política de Icaza presenta a una socie- 
dad y a un individuo que carecen de todo conocimiento de los 
principios fundamentales del comunismo y del socialismo, a 
veces confundiéndolos uno con el otro. Esta sociedad no 
permite pensamientos ni ideologías diferentes de las clases 
dominadoras. En "Mala pata", los coetáneos de Carlos Apari- 
cio no le otorgan la más ligera oportunidad para explicar 
su postura. Al leer la palabra comunista en la prensa, "no 
necesitaron pasar a la octava página las tres mil personas 
que saborearon el artículo para reaccionar agresivamente an- 
te la palabra co. . .mu. . .nis. . .ta" (BDLS., 147). Sin aún re- 
flexionar y careciendo de toda comprensión de los principios 



57 



básicos de la doctrina marxlstai llegan a la conclusión que 
Aparicio es "peligroso", "cojudo", "majadero", "ladran" y 
"degenerado". Mentalmente lo condenan "al presidio", "a la 
cárcel" y el jefe de Carlos, actuando de acuerdo con la sen- 
tencia de la sociedad, despide a éste del trabajo. De este 
modo Carlos viene a ser el vehfculo del narrador para seña- 
lar la represión de la libertad de pensamiento. 

La falta de orientación polftlca también aparece, 
aunque en menor grado, en Seis relatos . Icaza Ilustra en 
"El nuevo San Jorge", la acogida que le dan, ambos cholos 
e indios , a todo aquello o aquél , que les brinde o prometa 
mejora de su posición. En el cuento aludido, el cholerío y 
la Indiada de Tambocolla se entregan apasionadamente a un 
cholo demente, Jorge Cardona, el cual les liberará de las 
garras del latifundista. Tal apasionamiento a ciegas se 
revela en el pasaje siguiente i 

La fe sin tasa y sin orillas sembró en el corazón de 
todos una sola verdadi "El nos salvará... El taitico 
bueno... El taitico enviado del cielo. .. Para defen- 
demos del dragón... Contra el cara de víbora y patas 
de buey... (SR., 167). 

Pero tales promesas de libertad no son llevadas a 
cabo por el supuesto cholo redentor una vez que mata al la- 
tifundista "amo, su merced, patrón grande" , puesto que ya 
no les necesita. 

En "Mama Pacha", Icaza señala una vez más cómo los 



58 



partidos políticos usan a los indios como mera herramienta 
política de apoyo para obtener un fin que no va a resultar 
en ningún mejoramiento de las condiciones miserables de 
éstos y es incomprensible para ellos dada su ignorancia 
política. Icaza muestra a ambos partidos políticos i pues 
tanto el partido conservador como el liberal emplean esta 
táctica I 

Llega el señor director de "Dios y Patria". Quería 
que la hacienda le preste los indios para llevarles a 
la capital, a una manifestacidn en defensa de los 
principios morales. También llegó por lo mismo el 
señor director de "Progreso y Grímpola Roja"... (SR., 
98-99). 

La desorientaciiSn política del pueblo ampara la 
corrupción gubernamental. Los candidatos políticos impre- 
sionan con sus concurridas manifestaciones. El pueblo asis- 
te no por interés político sino por gratificación económica. 
Según observamos en la narrativa de Icaza. los políticos 
ecuatorianos mandan camiones "reclutando gente para una 
manifestación pública capitalina en favor del Gobiemo-- 
veinte sucres de gratificación incluido pasaje de vuelta--" 
(ELC., 181). Excitados por el dinero y por conocer la ca- 
pital, el ingenuo vulgo es víctima de las manipulaciones del 
ambicioso político. En muchas ocasiones las manifestaciones 
se convierten en rebeliones espontáneas que han sido planea- 
das por altos burócratas. La gente se ataca y se mata sin 
saber la causai 



59 



En el fondo de la locura, del impulso, de las cir- 
cunstancias diversas que arrastraban a los manifestan- 
tes, que les obligaban a gritar, a encolerizarse, a 
seguir, se retorcfan secretas, taimadas e inconscien- 
tes las preguntas I ¿por qué estoy aquí? ¿a ddnde me 
llevan? (ELC., 181). 

Muchas veces, la protesta y el gobierno no aparecen 
directamente en la obra de Icaza, pero se puede discernir 
fácilmente que las deplorables condiciones sociales que se 
manifiestan por toda la obra son causadas por un sistema 
gubernamental ineficaz y corrupto. Este es el caso de 
"Desorientación" , en el cual Icaza presenta un tratamiento 
Indirecto del problema polftico, como veremos al examinar 
los temas de crftica social. 

"Sed" , "Éxodo" y "Mala pata" muestran las primeras 
claves de la crftica política de Icaza. En todas sus nove- 
las posteriores el autor desarrolla estos temas, pero son 
En las calles . El chulla Romero y Flores y Atrapados , las 
obras en que estos temas se tratan en más detalle. 

la crftica polftica se mantiene latente en la narra- 
tiva de Icaza. El autor presenta una atmósfera de opresión 
pero sin rebeldía abierta. En Barro de la sierra aparece 
con fuerza en los cuentos que describen la vida de la capi- 
tal i "Éxodo" y "Mala pata". Por lo general, es más eviden- 
te en las obras que se sitióan en un ambiente urbano, tales 
como En las calles . El chulla Romero y Flores y Atrapados . 
Pero, este elemento temático no revela ninguna evolución 
perceptible . 



60 



Liberales y conservadores 

Como ya hemos señalado, la polftlca nacional del 
Ecuador ha sido regida por dos partidos, el liberal y el 
conservador. Icaza, apasionado crftico de la polftlca ecua- 
toriana, enjuicia a los dos. Ya desde Barro de la sierra , 
y precisamente en "Éxodo" , aparecen los primeros indicios 
de este tema. Icaza muestra el perenne conflicto de los 
dos extremos del espectro político i liberales y conservado- 
res. 

El amito Miguel que nunca va a misa, que odia a los 
frailes, que según dicen las malas lenguas, guarda la 
herencia de un liberalismo incorruptible y la gloria 
de haberse entrado a caballo a una iglesia de la ca- 
pital para beber en los copones aguardiente con los 
soldados de don Eloy, y que siempre ha despreciado el 
cura como mortal enemigo; ahora ha parado su caballo 
junto al pretil de la iglesia y con el sombrero en la 
mano cruza el umbral de la trastienda de la casa san- 
ta donde moran el cura y la sobrina (BDLS., 63). 

El latifundista Miguel aunque una vez fue ferviente 
defensor del liberalismo anticlerical decide unir sus fuer- 
zas con el religioso. Ideologías contradictorias se enla- 
Zcín para que la clase dirigente mantenga su posición pree- 
minente. 

En su novelística, Icaza también ataca el sistema 
político del Ecuador. Icaza implica que la corrupción es 
parte integral de la política ecuatoriana. Baste un bos- 
quejo breve de la historia del Ecuador para damos cuenta 
de que por más de un siglo de independencia el país ha pasa- 



61 



do de régimen a régimen corrupto. La gran mayoría de los 
gobiernos ecuatorianos han tenido la misma estructura basa- 
da en nepotismo, atracos, fraude, atropellos, muerte y fal- 
ta de libertad. En HuasipunRO , Icaza denuncia al gobierno 
del catálico García Moreno al alabarlo irónicamente por 
medio del latifundista» 

En esa época el único que tuvo narices prácticas fue 
el Presidente García Moreno. Supo aprovechar la ener- 
gía de los delincuentes y de los indios en la construc- 
cidn de la carretera a Riobamba. Todo a fuerza de 
fuete... ¡Ah! El fuete que curaba el soroche al pasar 
los páramos del Chimborazo, que levantaba a los caídos, 
que domaba a los rebeldes. El fuete progresista. 
Hombre inmaculado, hombre grande (Huas., 16). 

La antítesis de tan nefasto gobierno, según Icaza, 
fue el gobierno liberal de Eloy Alfaro. Los alf aristas se 
dedicaron a "la caída del dominio absoluto de las beatas, 
de los frailes y de los retrógrados" (Atra.,I, 57). Pero 
fue corta la victoria de los liberales, víctimas éstos del 
común cuartelazo latinoamericano. Este fenómeno, parte in- 
tegral de la política de la América hispana, también es pre- 
sentado por Icaza. En Atrapados , un alto funcionario del 
gobierno no pierde ocasión de conspirar con el ejército para 
obtener el poden 

— Tengo que recibir a una comisión de altos jefes 
del ejército. Parece que han escuchado el clamor 
popular y vienen a ofrecerse. 

--Ah... 

— ¿Comprendes? Una situación política que puede 
favorecerme mtichísimo. 
— ¿Con ellos? 



62 



--Asf parece --concluyó el señor Ministro en tono de 
punto final al comprender que habfa Ido demasiado lejos • 

¿Acaso fue mi Intención en algún momento predecir o 
anunciar el cuartelazo en favor del señor Ministro de 
Goblemo?{Atra.,II, 170-71). 

Desde muy temprana edad Icaza aprende los principios 
liberales de Eloy Alfaro. Su padrastro, ardiente alfarista, 
instila los sentimientos liberales en el pequeño Icaza. En 
Atrapados ■ para gran enojo de su abuela el joven revolucio- 
nario se declara simpatizante de los liberales i 

— ¿Qués es ser liberal, abuellta? 

— Ser un demonio, un masón, un hereje, un profanador 

de Iglesias. 
--Yo voy a ser un liberal alfarista, abuelita. 
--¿Cómo? 
—Un liberal alfarista (Atra.,I, 53), 

A pesar de ser un aficionado a las ideas de Alfaro, 
Icaza critica la actitud hipócrita de los liberales tanto 
como la de los conservadores. Desde sus primeras manifes- 
taciones narrativas ya Icaza acusa la inacción de los inte- 
lectuales rebeldes. En "Sed" de Barro de la sierra el joven 
autor expfa su culpa escondiéndose tras el tftulo de "defen- 
sores de la Raza" (BDLS., 60). En su narrativa posterior 
Icaza mantiene esta iwstura. Icaza indica que, aunque para- 
dójicamente, los mismos revolucionarios sólo sirven como par- 
te del "telón de fondo para aforar la tragedia de los indios 
y de los cholos de los campos, de los caminos, de los pueblos, 
de las ciudades" (Huair., 605). Del otro lado, Icaza descri- 



63 



be a los conservadores de "beatas" i "frailes" y "retrógra- 
dos" (Atra.,I, 57). 

La xonldn de liberales y conservadores que presenta 
Icaza en "Éxodo" en la figura del latifundista alf arista y 
el cura es un microcosmo de la polftica ecuatoriana según 
aparece en su narrativa posterior. La alianza de ambos 
partidos es desarrollada en detalle en su novela Atrapados 
donde el Presidente de la Repúblicat un liberal» nombra 
Ministro de Relaciones Exteriores a un conservador y éste 
acepta "sin consultar a sus correligionarios" (Atra.,II, 69). 

El oportunismo político, cualidad del político ecua- 
toriano, es apreciable en esta obra con el casamiento de 
Cristóbal Segovia, político conservador aspirante a la pre- 
sidencia, con la hija de un importante dirigente liberal. 
Con este acontecimiento el joven Segovia solidifica su in- 
fluencia política ya que mantiene un "doble comando ideoló- 
gico en expresión de típico patriota sacrificado" (Atra.,II, 
98). 

A pesar de haber mostrado interés por la doctrina 
comunista en el cuento "Mala pata" de Barro de la sierra , 
Icaza no discute esta doctrina en términos ideológicos. La 
mención de este sistema de gobierno es incidental. Es sólo 
un vehículo para presentar la falta de orientación política 
del pueblo ecuatoriano. Icaza no alude al comtinlsmo en su 
narrativa posterior. La preocupación del autor se concentra 
en los partidos liberal y conservador. 



64 



El interés de Icaza por liberales y conservadores 
se Intensifica en sus líltiraas novelas El chulla Romero y 
Flores y Atrapados , aunque se menciona en Media vida des - 
lumhrados , Huairapamushcas y En las calles . El autor expo- 
ne superficialmente esta temática en Barro de la sierra en 
el cuento "Éxodo" . Este tema adquiere preponderancia apa- 
rentemente con la desilusión del autor con los partidos 
liberal y conservador. 



NOTAS 



George Blanksten, Ecuadon Constltutions and 
Caudillos (Berkerlyi University of California Press t 1951), 
p. 141. 



2 

3r 
pp. 137-38. 



Albert Franklin, Ecuador; Portrait of a People 
(Nueva Yorki Doubleday, Doran and Company, Inc., 1944), 



65 



CAPITULO V 

CRITICA RELIGIOSA 

Tradtcionalmente, Ecuador ha sido uno de los baluar- 
tes de la Iglesia Romana y Católica. Un catolicismo nacio- 
nal i si no oficial, se arraigd en 1860 bajo la adrainistra- 
cidn del teócrata Gabriel Garcfa Moreno. Durante su gobier- 
no, el catolicismo fue declarado como la única religión. La 
Iglesia Católica asumid completa responsabilidad de la edu- 
cación. Ser católico fue proclamado un requisito para la 
ciudadanía. La Iglesia Cat<5lica adquirid jurisdiccidn so- 
bre ciertos asuntos y derechos censorales y Ecuador fue ofre- 
cido al "Sagrado Corazdn de Jesús" . 

La aparicidn de un liberal, Eloy Alfaro, en 1895, 
debilitó la posición de la Iglesia Católica hasta cierto 
grado y fue durante esta administración liberal que la edu- 
cación se secularizó de nuevo. Leyes civiles de divorcio y 
matrimonio fueron adoptadas y todas aquellas propiedades de 
la Iglesia Católica que no estaban relacionadas con funciones 
religiosas fueron confiscadas. No obstante, la Iglesia 
Católica ha ejercido influencia continua sobre el ambiente 
político, social y económico de la sociedad ecuatoriana. 
Allison comenta que "the Influence of the Church is so deep- 



66 



67 



seated and the involvement of the Individual wtth one aspect 
or another of Catholicism so continuóos that even those pro- 
fesslng anticlerical bellefs usually marry In the Church and 
dle in the falth. The pervasiveness of the Church is attes- 
ted by its role In public affairsi Intellectual endeavors, 
famlly reunions as well as religious ceremonles." 

El clero ecuatoriano ha sido blanco de repetidas 
acusaciones y ataques por parte de los escritores contempo- 
ráneos del Ecuador. Se le ha acusado de explotar al indio, 
de fomentar el miedo y la superstición de los indios y cho- 
los en vez de ayudarlos económica y espiritualmente, de ex- 
hortar a las masas a permanecer ignorantes, de usar fiestas 
religiosas para aumentar sus rentas, y finalmente, de aliar- 
se con oficiales corrompidos del gobierno para mantener y 
afianzar su control sobre la población. De ahí que el cura 
del pafs haya adquirido la reputación de ser hipócrita, li- 
bertino y lascivo. Este, precisamente es el retrato que de 
él vemos en Barro de la sierra . 

La Figura del Sacerdote 

En este tomo primigenio aparece como figura destaca- 
da junto al teniente político el cura, quien encama los 
abusos del clero contra el indio. En "Sed", el autor puede 
apreciar el comportamiento del cura, pues el párroco se pone 
a tomar aguardiente con el narrador y el teniente político . 
Bajo los efectos del alcohol entran en confianza y el cura 



68 



expone sus Inclinaciones sensuales. En su borrachera bus- 
ca los favores de la Rosa, con quien tiene relaciones 
sexuales ante los ojos beodos del teniente político y del 
autor. 

La protesta religiosa es de Igual relevancia en 
la novelística. El cura sigue funcionando como figura 
preeminente de la denuncia clerical. En HuasipunRO , Icaza 
agrega un fraile, ente despreciable y salaz que tiene nece- 
sidad de la clásica "sobrina" o concubina. Sus debilidades 
son conocidas y admitidas con naturalidad por todos. El 
párroco no demuestra escrúpulo ni Inhibiciones ya que fuerza 
a la mujer de su amigo el teniente político y fornica delan- 
te del latifundista I 

En cuanto se desocupó el latifundista entra el cura. 
También a él --ministro de Taita Dios-- nunca pudo la 
mujer del teniente político negarle nada. A Juana le 
gustaba ese misterioso olorcito a sacristía que en los 
momentos más íntimos despedía el tonsurado. Y aquella 
noche, con picardía y rubor excitantes, al ser acaricia- 
da y requerida, ella objetdi 

--Jesús. Me han creído pila de agua bendita. 

— Sí... Sí bonitlca... — alcanza a murmurar el fraile 
aturdido por el alcohol y el deseo (Huas., 28). 

En la novela Cholos , el latifundista Montoya es hijo 
del difunto párroco del pueblo. El sacerdote cría a su hijo 
como buen cristiano con "benditos latigazos" . Montoya here- 
da del cura iin poco de dinero que facilita sus primeros pa- 
sos en su profesión de aspirante a latifundista. Además, el 
sotanudo lega a su hijo bastardo una educacldn digna del ele- 



69 



ro. De muchacho "aprendía a tejer bayetai aprendió a hllari 
aprendía a ver Indiferente como Dios recogfa las almas In- 
dias con fulmlnaclán repentina i entre toses y v<5mltos de 
sangreí aprendía a huir como hufan los runas i en el momento 
menos pensado o valiéndose del engaño de un jijramento de 
vuelta. Y xma noche huya" (Cho., 14). 

Icaza explota y acentúa las aflcclones lascivas del 
cura en su narrativa. En sus novelas tenemos siempre men- 
ción de las Inclinaciones sexuales del párroco. El cura de 
En las calles mantiene relaciones pecaminosas con sus parro- 
quianas. En fraile de Media vida deslumhrados es el padre 
de infinidad de hijas de muchas mujeres. En Huairapamushcas 
y en Atrapados observamos el perenne título tránico de "la 
sobrina del cura" . En su última novela llega a su culmlna- 
cidn la lascivia del cura además de criticar el sistema edu- 
cacional religioso. El novelista relata sus experiencias 
en escuelas religiosas. Los curas de estas instituciones 
carecen de caridad para con los pobres. El niño Icaza sufre 
las más horribles humillaciones por no poder abonar con re- 
gularidad la cuota escolar. En Atrapados hay también una 
denuncia de las inclinaciones homosexuales del único cura 
que lo ayuda en sus esfuerzos escolares i 

Quizás, debido a la ayuda clandestina del fraile 
Quintanilla --mediana estaturai labios pálidos, mirada 
poco franca, constante carraspeo gutural delator de 
inconfesables complejos, tez pergamino, bonete caído 
sobre la oreja, sotana olor a café con leche--, el cual 
me demostraba su amistad acariciándome al disimulo -- 



70 



fingida Indolencia-- los cabellos, las espaldas, las 
nalgas, no obtuve malas notas aquel año. Mas en las 
pruebas oficiales volvC a quedarme suspenso en dos 
materias (Atra.,I, 127 )• 

En "Éxodo" , Icaza presenta al cura como arma del 
patrán más que de Dios. El cura se presta a toda clase de 
trampas por un saco de papas y un poco de chanchlto inglés. 
El cura es usado por el hacendado don Miguel como domador 
de indios y el fraile hasta se vanagloria de tal sltuacldni 

--¡Oh! Mi don Miguel. Déjeme a raf. Ya verá, ya 
verá como no se le vuelve a huir nunca un pe(5n. Para 
todo se necesita maña. 

Firmaron con vin fuerte apretén de manos la alianza 
definitiva! soldaindo asf la trilogía tótem» Dios, 
Patria y Libertad (BDLS., 68). 

La crítica religiosa también se manifiesta con igual 
vigor en Seis relatos . En "Mama Pacha" , aparece el cura de 
nuevo como aliado de los opresores. Icaza muestra al fraile 
haciendo uso de sus secretos de confeslén al interrogar en 
público a Pablo Cañas sobre el asesinato de Mama Pacha» 

— ¡Qué! -- grité el fraile desesperado por pescar en 
la frase trunca de la víctima lo que él callaba en ca- 
lidad de santo y confesor (SR. , 109). 

La actitud del fraile, según se observa en Huaslpunao , 
es más la de un comerciante de esclavos que la de un repre- 
sentante de Dios. El cura discute el valor mercantil de los 
indios como si fueran bestias o maquinarias de poco valor. 
Le ofrece los servicios de los longos al latifundista, los 
cuales "le salen baratísimos casi regalados" (Huas., 28). 



71 



El sacerdote! perito en manejar las masasi vende además su 
doctrina para satisfacer ambiciones mundanas. 

En la novela En las calles el cura asume una fundan 
polftica. El sotanudo exhorta a los indios para que asistan 
a una manifestación en la capital. Su proposito esa vez no 
era más que el de ayudar al terrateniente a adquirir la pre- 
sidencia. A sabiendas, el fraile envCa a sus feligreses a 
una muerte segura. 

En toda su narrativa Icaza sostiene que el cura es 
el mejor aliado del latifundista. El sacerdote es muy efec- 
tivo desde el pulpito pero esta funcián la discutiremos más 
tarde al examinar la crítica del fetichismo y la supersti- 
ción. 

Icaza alega también, por medio del teniente político 
en "Sed" , que los curas no tienen valor para abandonar sus 
defectos como Jugar a la "caída" y apostar a los gallos. 
Una vez más, el cura aparece como un aliado del hacendado. 

¿Qué resultado puede tener para los indígenas el pacto 
de esos dos caciques de la sierra? Una vez unidos ya 
no tendrán a quien mostrar su bagaje de quejas; el 
cura se hará el sordo a los abusos del cuno recomendán- 
doles paciencia, resignación y humildad, y el amo a su 
vez, no tomará en cuenta las explotaciones del curita 
(BDLS., 70). 

Las debilidades mundanas del sacerdote reaparecen 
en la narrativa de Icaza y especialmente en su láltima novela 
Atrapados . En esta obra el cura es un fanático de las pe- 
leas de gallos. El párroco apuesta acaloradamente como 



72 



cualquier otro "runa". Durante la pelea una mujer es ase- 
sinada por el pueblo. Esta solicita la aj^da del párroco, 
quien en ese momento responde no al grito de la vfctlma 
sino a una apuesta de los jugadores i 

"Diez a cinco sucres por el colorado... ¡Diez a cinco!" 
Sintiéndose fuera de sus casillas de tanto escuchar 
aquella provocación, el sotanudo chllld» "Pago cara jo" 
(Atra., 48). 

En "Mala pata" , los curas son presentados como 
seres avaros que no vacilan en atrepellar al proletariado, 
Inculcar sentimientos de culpabilidad en las conciencias de 
los ciudadanos y robar a los Inocentes. Asf, la avaricia 
clerical es la causante de la pobreza del artista Carlos 
Aparicio en dicho cuento i "Muere la solterona No. 1, le 
sigue la No. 2j los frailes cargan con los bienes de las 
beatas; esos santos hombres saben que, el iónico robo bien 
visto en una República legítima, es el que se hace por me- 
dios legítimos. El secreto estuvo en hacerlo legítimo" 
(BDLS., 144). 

Icaza señala que el fraile, debido a su avaricia e 
inhumanidad, es Incapaz de desempeñar con eficacia sus debe- 
res fundamentales. El cura en la novela Huairapamushcas 
lucra con el divino sacramento de la extremaiincl<5n. El 
párroco aprovecha los remordimientos del viejo latifundista 
para engrandecer su riqueza personal i 

El milagro se Inlcld una noche en la cual el santo 
varán fue llamado con xorgencla junto al lecho del 



73 



moribundo más poderoso de la comarca... viejo linajudo 
cargado de remordimientos, cuya experiencia libertina 
y sinuosa le aconsejó en la hora suprema transar con 
Dios por si las cosas del otro mundo eran tan bravas 
como aseguraban--. Con el infierno a la vista no pudo 
el moribundo ponerse a regatear un galpón y unos co- 
rrales en la ladera de Guagraloma. El legado fue pre- 
ciso y definitivo, como ancha y emocionada fue la ab- 
solución (Huair., 515). 

Aquellos que no tienen posesiones materiales que 
ofrecer no corren la misma suerte. En Atrapados , Icaza 
describe la muerte de su madre como un infierno silente. 
La progeni tora del autor muere sin poder gritar su dolor, 
abrumada por sus sentimientos de culpabilidad. El novelista 
recuenta que "después de la confesión fue notorio el cambio 
en los detalles dramáticos de las crisis de dolor de mamá... 
Al observarle --pálida, flaca, pequeña-- sujeta a ese freno 
de resignación y de penitencia que sin duda le impuso el 
fraile, no pude controlar mi despecho" (Atra.,I, 127). 

Aunque el cura es el principal representante de la 
crftica religiosa de Icaza, también podemos discernir censu- 
ras a través de toda su obra de la Iglesia en sus actividades 
seculares. En el cuento "Desorientación", el patrón, cuya 
posición económica le permite cumplir con los designios 
católicos de procreación usa preservativos. Sin embargo, 
Juan Taco, quien se halla en una miseria espantosa, sigue 
todos los preceptos religiosos que aprendió de niño. Juan 
Taco se pregunta a sf mismo "¿Y si me pusiera un preservati- 
vo de los que usaba ño Luchito? Una cara adusta de un frai- 
le se interpone al proyecto, gritándole» "No se puede violar 



74 



los deberes sagrados del matrimonio. No se puede adulterar 
con estorbos los sagrados designios del Creador.' ¿Entonces i 
quehacer? Todo es iniStil" (BDLS., 102). 

En la narrativa de Icaza, la política está íntima- 
mente ligada con la religidn. Los candidatos buscan refugio 
en el clero para conseguir el apoyo del pueblo el cual res- 
peta los cánones de la Iglesia Catálica. Icaza apunta que 
las leyes y sacramentos de la Iglesia están constituidos por 
vm "matrimonio eclesiástico, bautismo de primera para los 
guaguas , educación en escuelas y colegios cristianos de 
niños de la alta sociedad, no comer carne los viernes de 
cuaresma, remordimiento y orgullo de macho por el minero de 
concubinas" (ELC., 151). 

Icaza critica también la posición de la Iglesia res- 
pecto al divorcio. En El chulla Romero y Flores , Rosario 
vive en concubinato con el protagonista porque su madre no 
le permite divorciarse. Al discutir Rosario con doña Vic- 
toria el divorcio "el espíritu católico de doña Victoria se 
destapa en consejos y lamentos" (ECRF., 673). 

En resumen, la figura del cura surge primero en los 
cuentos "Sed" y "Éxodo" de Barro de la sierra . Icaza desa- 
rrolla la personalidad del sacerdote en su narrativa poste- 
rior con excepción de El chulla Romero y Flores . La fundan 
del párroco en toda la narrativa de Icaza mantiene las ca- 
racterísticas básicas que exhibe en Barro de la sierra i 
avaricioso, cruel, libidinoso, opresor del indio y sirviente 



75 



del latifundista. Estos rasgos del cura son presentados 
con fuerza en las obras del autor que se desarrollan en la 
sierra f siendo las más importantes HuasipunRo , Cholos y 
Huairapamushcas . 

Los ataques de Icaza en contra de la Iglesia en la 
mayoría de los casos se originan en "DesorientacicSn" , cuento 
urbano de Barro de la sierra » Las denuncias en general en 
contra de la Iglesia aparecen principalmente en obras que 
se desarrollan en la ciudad tales como En las calles ■ Media 
vida deslumhrados y El chulla Romero y Flores . En la ciu- 
dad el sacerdote no tiene la influencia ni el poder que posee 
en la sierra. Por lo tanto en estas novelas el cura es men- 
cionado pero no estudiado. En la narrativa de la ciudad la 
crftica se generaliza al no poder ser personalizada en la 
figura del cura. 

Explotación Eclesiástica 

Otro aspecto de la crftica religiosa de Icaza es la 
explotación eclesiástica. Las fiestas y entierros son dos 
manifestaciones lucrativas de esta explotación. El cura, 
segtin Icaza I fuerza al indio a hacer ofrendas monetarias 
para sufragar fiestas y ceremonias religiosas. Por lo regu- 
lar los huasipungueros incurren en deudas insuperables para 
satisfacer las demandas del sacerdote. 

Con doscientos sucres puedes abastecer perfectamente 
a todos los gastos de la fiesta de la Virgen; es necesa- 
rio desagraviarla con algo solemne (BDLS., 49). 



76 



La deuda contraída por ofrecer tales fiestas eSf 
segiln Icazat "la iSnica herencia que dejan los indios a los 
hijos y a los nietos" (BDLS., 84). Él fraile es también 
presentado por Icaza en este mismo cuento como un mercader 
de gracias que ofrece hasta descuentos» 

--También te he hecho un presupuesto mddico. Yo 
quiero que mis fieles no despilfarren el dinero. Por 
la santa misa, por el sermón, por el alumbrado y el 
arreglo de la iglesia, s(5lo te voy a cobrar ciento 
veinte sucres; más barato no se puede hacer. 

--Dius sulo pay, taitico. 

--El guarapo para los invitados has de comprar aquf 
donde la Rosita, ya le advertí que te dé baratico, a 
seis sucres el barril j con cuatro barriles es suficien- 
te. Para la banda de música y los cohetes, treinta y 
cinco sucres. Unos quince sucres para pagar a mis 
aciSlitos, y... nada más. Te sobra plata y te sale^xina 
fiesta que la Virgen va a quedar agradecida. ¡Quién 
sabe si Dios te haya escogido de mediador de su colera! 
(BDLS., 50). 

La crítica contra la explotación eclesiástica se 
intensifica en la narración "Barranca grande" al aludir 
Icaza al hecho de que el cura se niega a enterrar a nadie 
sin antes ser remunerado económicamente. En este cuento ve- 
mos cómo José recurre a todos los que puede tratando de con- 
seguir un préstamo, aún ofreciendo "enajenar su trabajo--no 
obstante estar enajenado para toda la vida en el latifundio" 
(SR., 237), y así poder darle un entierro cristiano a Trini- 
dad, tal como ésta le había suplicado. En el siguiente pasa- 
je, Icaza denuncia lo que tal entierro cristiano demanda del 
indio» 



77 



--Buenu bunitica.t. Buenu cumpañertta. . t Asf tenga 
qui arrancar sangre de patas y manos en traba ju. . . , 
asf tenga qul hundir vida en pantanu..., asf tenga qul 
rubar ganado de hacienda..., asf tenga que recibir 
látigos en cuerpu shucho, he de hacer de interrar comu 
cristianu... (SR., 223). 

La explotaciíSn eclesiástica es también evidente una 
vez más en el cuento "El nuevo San Jorge" i puesto que Icaza 
señala que la "humilde 'casa de taita diosito', enternecida 
al embrujo de las pocas reservas en sonante de los fieles, 
estiraba, una y otra vez, el cuello de su torre en plegarias 
y rogativas" (SR., 157). El uso de las fiestas religiosas 
como medio de ganancia económica es denunciado otra vez por 
Icaza en la narración "Mama Pacha" de la misma colecciáni 
"Llega el señor cvirita a interceder por los suplidos de un 
año para los priostes de la fiesta de la Virgen. Todos sa- 
bemos que su reverencia vive de eso" (SR., 98). 

En "Barranca grande" , Icaza alude al costo de un 
entierro cristiano y al hecho de que hasta las oraciones le 
cuestan dinero al indio. En este cuento, Trinidad quiere 
que le hagan un entierro cristiano con "misa de trapu negru 
en iglesia... Con vela grande tan... Con humo de incensario 
tan... Con chagisho de flor blanca tan... Con cajón de pin- 
tado tan... Con responsus de tres por socre tan..." (SR., 
232). 

En su novelística Icaza continúa censurando la ex- 
plotación eclesiástica. En Huasipungo , el cholo Tancredo 
Gualacato se convierte en vfctima de la avaricia eclesiás- 
tica al ser designado prioste de la celebración a la Virgen 



78 



de la Cuchara. No pudlendo sufragar todos los gastos del 
festejo, decide el cholo pedir una rebaja al fraile. Este 
se hace sordo a las quejas de Tancredo. El cholo, frustado, 
blasfema contra la iglesia, el párroco atribuye a la here- 
jía de Gualacato la tormenta que se vislumbra en el hori- 
zonte. Los indios aterrorizados por las maldiciones del 
cura matan al cholo culpable. 

La opresl<5n eclesiástica lucra del dolor humano de- 
bido a lo que Icaza estima una insaciable sed de oro por 
parte del clero y de la Iglesia. En HuasipunRO , el huasi- 
punguero Andrés Chiliquinga se da cuenta de lo caro que re- 
sulta entrar en el reino de Dios. El sacerdote le exhibe 
los diferentes modelos de tumbas. En la medida en que dis- 
minuyen los precios, menguan las probabilidades de ir al 
cielo I 

— Ahora bien. Estos... Los que sé entierran aquf, 
en las primeras filas, como están_ más cerca del altar 
mayor, más cerca de las oraciones, y desde luego más 
cerca de Nuestro Señor Sacramentado — el fraile se 
sac(5 el bonete con mecánico movimiento e hizo una mís- 
tica reverencia de caída de ojos--, son los que van 
más pronto al cielo, son los que generalmente se salvan. 
Bueno... ¡De aquí al cielo no hay más que un pasito! 

— Estas cruces de palo sin pintar son todas de cholos 
e indios pobres. Como tú puedes comprender perfecta- 
mente, están un poco alejadas del santuario, y los 
rezos llegan a veces, a veces no. La misericordia de 
Dios, que es infinita --el cura hizo otra reverencia y 
otro saludo con el bonete, con los ojos--, les tiene a 
estos infelices destinados al purgatorio. Tú, mi que- 
rido Chiliquinga, sabes lo que son las torturas del pur- 
gatorio. Son peores que las del infierno (Huas., 146). 

Según Icaza la explotación del clero es cínica e 



79 



inhumana no salo con los vivos sino también con los muertos # 
El cura en Cholos acostumbraba a no enterrar a los indios 
sin dinero. El cuerpo fétido se quedaba pudriéndose hasta 
que el pueblo recogfa el dinero para que los restos no fue- 
ran devorados por los perros. 

La explotacién eclesiástica de los pobres indios 
no cesas en éstos i los ricos también son presionados por el 
poder religioso. El clero educa y respalda la clase alta 
a cambio de dinero o propiedades. El clero también presio- 
na a la clase alta a que sus miembros donen tierras t pro- 
piedades y dinero a la iglesia. En Atrapados el cura compe- 
le a doña Margarita Oquendo a ceder tierras en la sierra, y 
á cambio "su alma y su nobleza subirán hasta el altísimo" 
(Atra.,II, 84). 

Aunque la clase alta está expuesta a la codicia del 
clero, es sin duda alguna el pobre el más afectado por ésta. 
Los ricos obtienen prestigio, educacién y salvacién por sus 
donaciones. El indio sélb acumula deudas y vive en la mise- 
ria. Al principio de su narrativa» Huasipungo . Cholos y 
Seis relatos , Icaza hace hincapié en la explotación del in- 
dio por parte del clero. En sus novelas posteriores! Huaira - 
pamushcas y Atrapados el autor describe las exigencias del 
clero a la clase alta. Un cambio es aparente en el trata- 
miento de este tema en la narrativa de Icaza. El autor es 
mucho más explícito y chocante en la exposición de la ex- 
plotación del indio por el clero en sus primeras obras. 



80 



A medida que avanzamos en el estudio de ésta observamos 
que al mostrar al rico como recipiente de la avaricia del 
clero, la crftica es más moderada y menos efectiva # 

En la narrativa de Icaza el cura es el vehfculo 
más importante de la explotacidn eclesiástica. Por lo tanto 
ésta se intensifica en las obras y cuentos en que el sacer- 
dote es más relevante. El tema de la explotaci<Sn eclesiás- 
tica surge en "Sed" de Barro de la sierra . Más tarde Icaza 
lo repite en Seis relat os .■ } !uasipunKO , Cholos . Huairapa - 
mushcas y Atrapados omitiéndolo en sus novelas de la ciu- 
dad. Aunque no aparece el tema en todas sus obras, desde 
el principio de su narrativa hasta Atrapados , Icaza critica 
con ahinco esta costumbre lucrativa del clero. 

Superstición y fetich i smo 

La crftica de la superstición y el fetichismo en la 
obra de Icaza tiene una manifestacidn doble. El primer as- 
pecto de esta crftica radica en las creencias religiosas 
del indio ecuatoriano. Estas creencias están preñadas de 
sentimientos supersticiosos que han mantenido al indio ecua- 
toriano de la sierra en la más abyecta ignorancia. Prueba 
de esto es la falta de conocimientos médicos entre los in- 
dios de dicha regién. Los huasipungueros tratan todos sus 
males ffsicos como eventos sobrenaturales. Por lo tanto es 
la curandera, doctor del cuerpo y el espfrltu, la única 
ayuda médica que reciben los indios. A causa de los primt- 



81 



tivos procedimientos médicos miles de indios mueren o 
quedan lisiados de por vida. 

El indio, según aparece en Barro de la sierra , se 
aleja de la cultura europea al emplear la curandera para 
sanar a los enfermos. En "Cachorros", cuando el hermano 
de Manuelito cae enfermo a causa de las torturas de éste, 
la mama Nati, temerosa de que la enfermedad sea un castigo 
de Dios, llama a una curandera. Esta diagnostica que el 
pequeño ha cogido el "cuichl" « 

--U u u. . . Mal de curazún... Ele pes... Ele pes... 
Tudito negro. Si nu caigáis la crista del gashu 
blancu en piscuizu de guagua a de murir nu más. 

--El cuiche... Hay que culgarle in pichu la 
crista del gashu para qui ispante 11 mal. 

Crece la fama de la curandera con la mejorfa del 
cachorro! dicen que un dfa el mismísimo señor cura se 
dejé curar por ella (BDLS., 22). 

La mejorfa del enfermo es la mejor propaganda posi- 
ble para la curandera. En caso de que el paciente no reba- 
se la enfermedad la bruja culpa a los dioses malignos. En 
"Sed", tales creencias supersticiosas obligan al gendarme 
a achacar el paludismo al hecho de que no le han celebrado 
una fiesta a la Virgen como es debidoi 

--He aquL el orfgen del paludismo que no existía 
antes en este pueblo. 

--¡No! C(5mo ha de creer pes. Dende que la virgen 



82 



está enojada es lo que hay los frfos^ 

--¿Qué virgen? 

--La de los puentes i que's patrona de aqufi no le 
habfan hecho la fiesta como es debido- -Cuenta el gen- 
darme con gesto que destila superstición (BDLS., 40). 

El tema de la superstici<5n y el fetichismo está 
presente en tres de los cuentos de la colección Seis relatos . 
En la narración "Mama Pacha" se presenta a la tfpica bruja 
en la persona de la india Mama Pacha. 

Aquel oficiar de sacerdotisa y hechicera de Mama Pacha t 
dicen — sentían y creían profundamente los habitantes de 
toda la región — que domaba, noche tras noche, al Huai- 
ra-Huañuy— viento de la muerte--, con la cadena de hu- 
mo negro que desprendía la fogata mágica, asfixiándole 
con el olor nauseabundo de las penas quemadas ,... (SR . , 
47). 

En el cuento "El nuevo San Jorge" , los indios y cho- 
los tratan de curar su tierra árida con una desesperación 
"envuelta en supersticioso manto de brujerías y remedios 
caseros" (SR., 157). En "Barranca grande", la india Trini- 
dad expresa sus profundos sentimientos y creencias de índole 
supersticiosa al exclaman "--¡Nu taiticu! ¡Nu quiero huai- 
ra amenazador de Barranca Grande! ¡Nu quiero murciélago, 
nu quiero gashinazo , nu quiero fantasma de páramo , nu quiero 
cainar con taita diablo colorado!" (SR., 229). 

Segiín Icaza, los indios y cholos achacan todos sus 
males físicos a causas sobrenaturales. En HuasipunRO . el 
indio Andrés Chiltquinga se hiere un pie con tin hacha. Debi- 
do a la poca atención médica que recibe, la herida se le in- 



83 



fecta. Los "runas" creen que Chiliqulnga está "brujiadu". 
El curandero es el único que puede ahuyentar los demonios 
de los enfermos. Icaza retrata la cura en forma chocante 
y naturalista I 

--Carishinaaa, shungooo. Taita Dios ampare. Taita 
Dios defienda --repitid el indio de cara arrugada y 
prieta echándose sobre el enfermo para sujetarle con 
fuerza y raras oraciones que ahuyenten y dominen a 
los demonios que tenfan embrujado a Chiliqulnga... 
el runa, hábil desembrujador, se puso trémulo y con- 
gestiona su arrugado e inmutable semblante con mueca 
de feroces rasgos. Pronunció unas frases de su inven- 
ci<5n, se frota el pecho, los sobacos, las ingles y las 
sienes con una piedra imán y un trozo de palo santo 
que llevaba colgados del cuello. Cuando el agua mis- 
teriosa estuvo a punto, arrastra como un fardo al en- 
fermo junto al fogdn, toma el pie hinchado, le arran- 
có la venda y, en la llaga purulenta repleta de gusa- 
nillos y de pus verdosa, estampó un beso absorbente, 
voraz, de ventosa. Gritó el herido entre vehementes 
convulsiones,... Entonces la succión del curandero se 
hizo más fuerte y brilló en sus pupilas un chispazo 
de triunfo. El estaba seguro, él sabía que en todos 
los posesos era lo mismo i al salir los demonios estran- 
gulaban la conciencia de la víctima (Huas., 51). 

Andrés Chiliqulnga queda cojo por haber recibido 
una cura tan rudimentaria. Sin embargo, su esposa, Cunshi, 
no es tan aforttinada. La india Cunshi se envenena al comer 
una carne podrida. Chiliquinga cree que su esposa estaba 
"agarrada del mal de taita diablu coloradu.. Del hualra del 
cerru" (Huas., 140). La falta de medicamento apropiado oca- 
siona la muerte de la india. 

En muchas ocasiones el fetichismo se liga con las 
doctrinas católicas. El vulgo mezcla las tradiciones paga- 
nas con los sacramentos cristianos sin distinguirlos. En 



84 



Cholos . la concubina del latifundista Montoya le dice a éste 
que su dolor en el vientre es "el c<5lico" por lo tanto "ya 
m'ise frotar una vela y l'ice poner a la virgen" (Cho. , 31). 

Seg&x Icazai el pueblo opina que el fetichismo es 
un factor muy importante para todo lo que concierne al sexo. 
En Atrapados observamos que una bjruja atrae sexualmente al 
cholo Quiñones al darle un zumo brujeado i "Dicen las malas 
lenguas que sabe mucho de brujerfa. El agua del sueño y 
del descanso... Hasta el agua de trampolín con piola para 
enchamicar. . . Tener al hombre tras la carishinerfa de la 
bandida, pes" (Atra.,111, 125). 

Estos brevajes en muchas ocasiones dan resultados 
no esperados. En el tercer tomo de Atrapados Icaza indica 
que el zumo cambia de tal manera al hombre que de mujeriego 
enamorado se convirtió en un idiota baboso. Otra manifes- 
tación fetichista con respecto al sexo es patente en Cholos . 
El latifundista Montoya desea que su mujer, Alejandrina, le 
dé un hijo varán. Esta no pierde tiempo en visitar a la 
brujera para asegurar el acontecimiento. La curandera pre- 
para "un líquido lechoso y almlrado que dio a beber a la 
paciente después de una buena comilona de locro de cuy tier- 
no" (Cho., 74). A pesar de todas las preparaciones el hijo 
var<5n no llegcS. 

Las creencias supersticiosas del indio son devasta- 
doras. Por un lado lo mantienen sin la más básica asisten- 
cia médica. Además lo convierten en víctima indefensa de los 



85 



abusos del clero y las clases pudientes. Este vlltimo aspec- 
to constituye la crftica preponderante de Icaza en lo que 
respecta al tema de superstición y fetichismo. 

Icaza alega que el indio está poseído de incurables 
creencias supersticiosas. Este atiende y acepta los sermo- 
nes del cura porque tiene pánico a la ira de Dios. El au- 
tor considera que el clero abusa de la fé supersticiosa del 
indio y el cholo. En Barro de la sierra clama que "la reli- 
gión adormece la rebeldía que pudiera libertar esas almas" 
(BDLS., 83). Icaza acusa a la Iglesia Católica de alimen- 
tar la superstici(5n entre los indios i ya que "les obligan 
a rezar a un Dios blanco que no entiende el quechua" (BDLS . , 
83). 

La actitud del cura y del indio son totalmente opues- 
tas. El cura considera la religión un arma agresora, el in- 
dio es el recipiente de este ataque. En "Éxodo", el cura 
se adentra en profundas cavilaciones con el propósito de 
conseguir un buen argumento para presionar al indio José a 
una situación conveniente» 

¿Qué argumentos le pondría al indio en la plática 
de las seis? ¿Consejos? ¡No! Algo que tenga la fuer- 
za de una esperanza pero que se asiente en una verdad 
cristiana. Algo que se justifique por si mismo. ¿Dón- 
de encontrar un caso parecido? En..., en..., en la 
Biblia. Es un libro santo y no pueden existir cosas 
de tanta trivialidad. ¿Me hará caso el indio José? 
¡José...! ¡San José...! ¡Ya...! ¡Salvado...! Todo 
un plan de combate y victoria a la vista. El caso de 
nuestro padre San José le podría servir de norma para 
escamotear la razón del indio; luego dicen los herejes 
que el aprendizaje de las santas escrituras no sirve 



86 



para nada. ¡Pobres pendejos! La venida del salvador 
de la raza. ¡Genial! El Indio se quedará locoj no 
tendrá más remedio que obedecerme. Dos muías de papas. 
Dos chanchltos. Una copia del Nuevo Testamento. ¿C(5mo 
es posible que este truco no se les haya ocurrido a 
todos los curas de la sierra? (BDLS., 69). 

Sin embargo, esta comparación irónica de José y la 
longa Marfa con los padres de Jesucristo no es suficiente y 
el cura procede a terrorizar a Josa recordándole los terrores 
del infierno» 

El fraile ante el sudor del indio va graduando la pre- 
sión macabra del terror con gesto sádico que aterroriza 
más la narración, y le pintó con palabras _^cálidas la 
manera como los demonios en formas apocalípticas y mur- 
cielagarias se lanzan contra los infelices condenados 
arrojándoles sobre planchas de acero al rojo; como les 
arrancan paulatinamente las uñas, la lengua, los ojos, 
los dientes, los pelos, los huesos, volviéndoles a co- 
locar para volverles a arrancar; como les cosen en má- 
quinas con agujas de fuego que llevan en cada pespunte 
un dolor extremo, y como les descosen para volverles a 
coser de nuevo; como les punzan con fuego por todos 
los poros del cuerpo; como les decuartizan en potros 
de llamas; como les rallan en harneros de púas canden- 
tes; como les embuten de tormentos, y de fuego, fuego 
eterno (BDLS., 71-72). 

El fraile termina su discurso diciéndole a José que 
ese tormento está hecho para él. La reacción del indio es 
caer a los pies del religioso lleno de terror. A pesar de 
las ansias del indio de escapar, vemos que el miedo al in- 
fierno lo esclaviza. 

En "Barranca grande", Icaza presenta la misma escena 
típica del cura sermoneando en contra de la práctica del 
amaño que ya vimos en Barro de la sierra . El cura, segón 



87 



Icazai no sdlo les crea conflictos mentales y complejos de 
culpabilidad a los indios sino que los aterroriza con sus 
descripciones de los males y castigos que reciblraií aquellos 
que pequen y se " amañen" . 

Pero cuando " taita curita" , antes de la bendición , 
hablaba contra el amor maldito del "amaño", contra los 
violadores de las leyes sagradas» contra los remisos a 
los sacramentos de la iglesia, José y trinidad se enco- 
gían de terror, se miraban de soslayo --en defensa, en 
nnatua acusación--, y una humedad viscosa --la misma que 
sin duda paraliza a sus antepasados a la vista de arca- 
buces, espadas, armaduras y caballos-- les hiondfa en 
la evidencia de su condenación eterna. 

Al ubicar su cuadro de pesadilla el santo varón al- 
zaba las manos al cielo y con voz cavernosa que se 
ahuecaba en las naves del templo, conclufai 

— ¡Como la Barranca Grande con sus grietas de espanto, 
con sus hediondeces de azufre y mortecina, con su alien- 
to de queja y escalofrío, con sus dilatadas fauces ro- 
cosas...! ¡Asf... Así es el infierno! jComo la Bairranca 
Grande! 

Era suficiente mencionar aquel paraje para que el 
miedo cundiese entre los fieles (SR. , 220-21). 

Según Icaza, el párroco inculca imágenes y enseñan- 
zas torcidas a sus feligreses. El Dios que éste presenta es 
uno, cruel y despótico, que no tiene lugar para la misericor- 
dia ni la bondad. La otra vida tiene más de infierno que de 
cielo. Los parroquianos están acostumbrados "a mirar en los 
cuadros de la iglesia al demonio con rostro de indio prieto 
de tizne" (MVD., 70). 

El terror que causa la constante representación de 
un infierno horrible facilita el dominio completo del cura 
sobre los indios ignorantes. 



88 



Saturados de terror — inconsciencia de quienes se 
sienten persesuidos por fuerzas sobrenaturales-- los 
Indios malditos, luego de cruzar como sombras silen- 
ciosas y diligentes el pueblo, entraron por un chaqui- 
ñan que trepa la ladera. Quizás buscaban el huasi- 
pungo o una quebrada, o un hueco que les ampare. Pero 
Taita Dios... Taita Diosito es implacable... (Huas.t 
109). 

Se observa que el cura aprovecha los temores de los 
parroquianos para llevar a cabo su explotación eclesiástica. 
Esta consiste en abusar de las escasas econorafas del indio 
y del cholo. Las fiestas religiosas dan la oportunidad al 
fraile para presionarlos. 

En Huairapamushcas observamos en qué consisten los 
milagros de estos "santos". Los indios de la aldea de Ya- 
tuntura adoraban como si fuera un Dios a un árbol. El cura 
Alberto Tapia queriendo inculcarles el cristianismo se mez- 
cld entre ellos. Durante la noche puso la virgen en el ár- 
bol Yatuntura. A la mañana siguiente los ingenuos indios 
se levantaron proclamando un milagro» "Taita Yatuntura ha 
parido una Mama Virgencita" (Huair. , 507). 

El fraile también aparece en Huairapamushcas como 
un individuo que no vacila en preparar vina minga para hacer 
una capilla, además de cobrar "los diezmos y primicias a 
los runas, que nuncan habían pagado" (Huair., 507). Icaza 
califica las tácticas sacrosantas del fraile coraoi 

— Un negocio redondo. 

— Y dicen que desde entonces todos le tuvieron por 

santo . 

--Al amparo de la noche, de la mentira, del engaño. 

--De la clandestinidad (Huair., 507-508). 



89 



La fé supersticiosa del indio es también aprovechada 
por el latifundista. Este obtiene lo que quiere ya por me- 
dio del cura o por Iniciativa propia. En Huasipungo el la- 
tlfundistai consciente de este hecho, afirma que "no hay 
que olvidar que las gentes son fregadas, ociosas, llenas de 
supersticiones y desconfianza" (Huas., 11). El terratenien- 
te aprovecha las creencias fetichistas de los "runas" para 
utilizarlos a su conveniencia. En Hualrapamushcas . el lati- 
fundista busca el refugio de la noche y las sombras para 
abusar sexualmente de la longa Juana. Esta en su ingenui- 
dad cree que es el diablo en forma de patrdn quien abusa 
de ella todas las noches i 

"Taita diablo colorado en forma de patrón, su mercé" , 
se dijo más de una vez. Los acontecimientos y las 
figuras de la desgracia se sucedieron en el teldn 
supersticioso de su intimidad! el hombre entre chapa- 
rros y neblina como una mancha oscura, la falta de 
coraje para defenderse del rabo callente rlcurishca, 
el vértigo tibio de la carishlnería (Huair., 485). 

El tema de supersticl<5n y fetichismo nace en Barro 
de la sierra con los cuentos "Cachorros", "Sed" y "Éxodo", 
donde el escenarlo es la sierra del Ecuador. Icaza amplía 
el tema en Seis relatos . Huaslpunp.o . Cholos y Hualrapamushcas . 
obras del campesino ecuatoriano. Una vez más concluimos que 
el cura es el vehículo más importante de esta crítica. 

Como se puede observar fácilmente, la crítica reli- 
giosa se origina en Barro de la sierra y aparece en toda la 
narrativa posterior de Icaza. La crítica se manifiesta con 



90 



fuerza en la figura del cura. Se observa en todas las obras 
estudiadas un fraile prototfpico cuyos móviles no son las 
doctrinas cristianas sino las ambiciones mundanas. Segiln 
Icaza éste es uno de los grandes causantes del infortunio 
del indio. Se discierne también una crítica del clero en 
general, especialmente su falta de cumplimiento de los prin- 
cipios morales o éticos del catolicismo. 

La veracidad de estas crfticas anticlericales ha 
sido objeto de controversias entre estudiantes y críticos. 
Antonio Sacoto, en su estudio del indio en la novela ecuato- 
riana, profesa la opinién de que la denuncia de Icaza contra 
el clero es algo exagerada. Sacoto apoya a Icaza en lo que 
respecta al cura como un ser avaro e inhumano pero discrepa 
del autor en lo concerniente al cura lujurioso» 

It could also be true that in individual or particu- 
lar instances, the priest may be simoniac and thus mix 
his evangelical mission with econoraic goals, profiting 
by the religious ignorance of the Indian, but that of 
lecherous priests , oyr information shows that it is not 
an authentic source.^ 

Sobre este asunto Allison indica que "few Ecuadorians 
will deny that abundant documentation and proof exist for 
substantiating all of the charges made against the clergy 
by the conteraporary novelists. Few will admit, however, that 
such unholy practices are so wide-spread and common as the 
novelists would have ene to believe. Even a perusal of the 
works of such mén as García Moreno, the archbishop Federico 



91 



González Su¿rez, Jorge Juan and Antonio de Ulloa, whose ca- 

tholic orthodoxy is lonlmpeachable, will reveal that the char- 

„3 

ges are accurate. 

Aunque Icaza ha sido acusado de hiperbólico en sus 
descripciones del clero ecuatoriano, los crf ticos en general 
convienen en que el clero ecuatoriano ha ayudado a mantener 
al Indio en un estado de Ignorancia y miseria. Esta es la 
perspectiva que adopta Icaza en el desarrollo de este tema 
relevante de su narrativa. 



NOTAS 



"A Thematic Analysis of t±ie Conteraporary Ecuado- 
rian Novel," (Tesis doctoral inédita, Universidad de Nuevo 
México, 1970), p. 23. 

The Indian in the Ecuadorian Novel (New Yorki Las 
Américas , 1967), p. 264. 



•^Allison, Op. Cit .. p. 116. 



92 



CAPITULO VI 
CRITICA SOCIAL 

Jorge Icaza, asf como otros miembros de la genera- 
ción del 30, se dedicd con devoción a exponer las injusti- 
cias sociales del campesino ecuatoriano. Los escritores 
de la generación del 30 utilizaron procedimientos natura- 
listas para describir vividamente la situación lastimosa 
del indio. Casi todos los novelistas más importantes de 
este período atacan sin tregua la inhumanidad de las cla- 
ses pudientes y de la sociedad ecuatoriana en general. 

Muchas de las mejores novelas ecuatorianas de esta 
época se desarrollan en la sierra del Ecuador. El ambien- 
te rural y el indio que mora en él constituyen el problema 
social que absorberá la atención de los escritores de la 
generación del 30. Estos novelistas criticcín a la alta 
sociedad y su máximo representante en la sierra i el latifun- 
dista. Además denuncian el concertaje, el vapuleo y el abu- 
so sexual a que son sometidos los huasipungueros . El más 
destacado representante de la crítica social ecuatoriana 
es Jorge Icaza. 

La figura del latifundista 

El terrateniente es el objeto de la protesta social 

93 



94 



en las narraciones de Icaza. Este considera que el patrán 
hace uso de los otros dos miembros del ya mencionado triun- 
virato para mantener al Indio en la ignorancia y bajo su 
control. Desde el comienzo de su narrativa i en Barro de la 
sierra 1 la figura del latifundista se vislumbra como prin- 
cipal representante de esta crftica. En "Cachorros", aun- 
que Icaza no presenta directamente al latifundista» sabemos 
por Implicación que éste es el origen de todos los males 
del indio. El patrón blanco es el causante de la infeli- 
cidad del indio en su propia choza. Este ha preñado a su 
esposa y le ha impuesto el hijo que el indio no deseaba. 

El hijo primogénito de cachetes rojos y pelo castaño, 
robado tal vez al descuido de la casa de los amos o 
puesto en medio de la indiada por la lujuria de los 
señores,... (BDLS., 10-11). 

En la narración "Sed" , vemos al terrateniente don 
Panchito, personaje cruel quien le niega al pueblo indio 
hasta el agua. En "Éxodo", don Miguel, hombre sin escrú- 
pulos, explota a los indios que trabajan en su tierra como 
si fueran máquinas. Prefiere a los indios pues no le cues- 
tan nada y los tractores sf . La semilla del futuro lati- 
fundista, y asL la continuación del abuso, la tenemos en 
su hijo, quien hace de las suyas desde temprana edad. El 
patrón chico aparece como el causante de los problemas de 
su padre por haber abusado sexualmente de la longa María. 

Las prácticas infames, los atropellos sexuales y 
corporales y la miseria en que los indios y cholos se encuen- 



95 



tran, resaltan en la colección Seis relatos al igual que 
en Barro de la sierra . El latifundista sigue siendo el 
máximo exponente de tales abusos. En la narracián "El 
nuevo San Jorge" i el latifundista aparece, como es cos- 
tvmibre en la narrativa de Icaza, como un hombre extrema- 
damente cruel con los indios y cholos. Icaza describe a 
un latifundista que extiende sus "derechos de señor y pro- 
pietario sobre la sangre y los cadáveres del cholerío y de 
la indiada" (SR. , 151), y que usa a éstos como abono para 
vivificar sus latifundios. Icaza resucita el ya muchas 
veces mencionado triunvirato de opresores del indio. El 
latifundista que desesperadamente necesita "indias servi- 
cias, huasicamas, gíiinachishcas" , el cruel y corrompido 
teniente político y el cura, forman, como ya sabemos tal 
triunvirato. 

El terrateniente es el producto de una sociedad 
que durante siglos le ha otorgado todas las ventajas a cos- 
ta del sacrificio del pecín. Los indios son propiedad del 
latifundista y su función es obedecer cualquiera de sus 
órdenes por inhumanas que sean. El latifundista Luis An- 
tonio Urrestas proclama ser el dueño absoluto del campo» 



"¿De quién es este bosque milenario lleno de rique- 
zas y de alimañas?". "De patrón Luis Antonio Urrestas", 
respondió el interrogado en tono de letanía. Y, luego, 
al pasar por las tierras altas» "¿De quién es el pára- 
mo infinito?", "De patrón Luis Antonio Urrestas". "¿Y 
la cañada que se ve en el fondo?" . "De patrón Luis 
Antonio Urrestas". "¿Y la sierra que corta el horizon- 
te?". "De patrón Luis Antonio Urrestas". "¿Y el vien- 
to, y la tempestad?". "De patrón Luis Antonio Urrestas". 
"¿Y el verde, y el naranja, y el amarillo de los campos?" 



96 



"De patrdn Luis Antonio Urrestas" . "¿Y las chozas?". 
"De patr¿n Luis Antonio Urrestas". "¿Y los indios?". 
"De patrón Luis Antonio Urrestas". "¿Y el aire?". 
"De patrdn Luis Antonio Urrestas" . "¿Y la fiebre, y 
el hambre, y los reptiles venenosos?". "De patrón 
Luis Antonio Urrestas". "¿Y la muerte?". "De patrón 
Luis Antonio Urrestas" (ELC., 22). 

Icaza retrata a los terratenientes a imagen y seme- 
janza de su tfo, quien atropello y abusó de su madre. Icaza 
recuerda que su tfo Enrique era "ancho de espaldas, entrece- 
jo adusto, frente espaciosa, bigote espeso, boca de dientes 
mal cuidados --agresivo al sonreír, al ordenar--, mirada 
llena de desprecio--a ratos frfo, a ratos ardiente--, meji- 
llas gordas --enrojecidas al sol de los páramos--. Su indu- 
mentaria --forro característico del clásico "amo, su mercé, 
patrón grande" de los campos serranos..." (Atra.,I, 8). 

Su tfo reduce a toda su familia a tal estado de mi- 
seria que la madre y la tfa de Icaza son impulsadas a pros- 
tituirse. 

Icaza sostiene que el latifundista es un compendio 
de imperfecciones y de vicios. Su personalidad simboliza 
la depravación absoluta. En HuasiPunRO, Icaza ilustra la 
corrupción del terrateniente Alfonso Pereira al desatar éste 
sus más bajas pasiones bajo los efectos del alcohol. La 
lascivia de Pereira llega al extremo al aprovechar la 
hospitalidad del teniente político y la debilidad de su es- 
posa. La longa Juana se entrega a "los besos babosos y las 
violentas caricias del ilustre borracho" (Huas., 68). 

Icaza también sostiene que el latifundista nutre su 



97 



riqueza en la miseria del Indio ecuatoriano. El terratenien- 
te lucha por mantener una rfglda estructura social que le 
proporcione todos los privilegios de que goza la clase alta. 
El latifundista consolida su posición social manteniendo al 
indio en la ignorancia. En HuasipunRO . don Alfonso Pereira 
ordena que se entlerre una res podrida en vez de dárselas a 
los indios de su hacienda. Don Alfonso declarai "los indios 
no deben probar jamás ni una miga de carne. ¡Cara jo! Donde 
se les dé se enseñan y estamos fregados. Todos los días me 
hicieran rodar una cabeza. Los pretextos no faltarían, cla- 
ro. Carne de res. Ni el olor. Son como las fieras, se 
acostumbran" (Huas., 128). 

En "Desorientacidn" de Barro de la sierra , el teirra- 
teniente toma la forma de patrcJn urbano pero con caracterís- 
ticas similares a las de su contraparte rural. Ño Luchlto 
acepta el azote como arma de control de sus subalternos. Sin 
embargo, ño Luchlto nunca adquiere la magnitud de los pa- 
trones rurales. 

A veces el latifundista, hastiado de la monotonía 
del campo, escapa a la ciudad. Este deja atrás su indumenta- 
ria rústica de latifundista y se reviste de sofisticacidn 
ciudadana de industrial. La transicidn no es más que extema, 
pues el nuevo industrial procede Igualmente que el terrate- 
niente de la sierra. El indio convierte su estado de huasi- 
punguero en proletariado pero sigue siendo propiedad del amo. 
El latifundista Alfonso Pereira, segiln aparece en En las calles . 



98 



una vez convertido en industrial discute sus finanzas con 
el ingeniero» 

--Y le diré en confianza. No debe inquietarse mucho 
por mis intereses. Los indios me costaron pocos su- 
cres. No recuerdo si fueron a cinco o a diez cada 
uno (ELC., 101). 

La familia Segovla controla sus intereses rurales 
desde la ciudad en el segundo tomo de Atrapados . Desde la 
capital reciben el producto de la tierra al mismo tiempo 
que extienden su influencia a la capital. 

A través de toda su novelística se refleja el terra- 
teniente como fuerza motriz de los males de la sociedad. En 
HuasipunRO el latifundista despoja a los indios de su choza 
y medio de vida y ocasiona la muerte de centenares de huasi- 
pungueros. El terrateniente de En las calles obliga al in- 
dio a salir en éxodo hacia la ciudad al quitarles el agua. 
La tragedia de Huairapamushcas radica en un atropello del 
latifundista que da lugar a hijos ilegítimos que no pertene- 
cen a una cultura ni a otra. En su última novela t Atrapados t 
la crftica social de Icaza reincide con fuerza en la figura 
del latifundista. En el primer volumen, el terrateniente es 
el tfo odiado quien le enseña a conocer a Icaza la injusticia 
social. En el segundo tomo el latifundista abusa de los po- 
bres que residen en la ciudad así como los de la sierra. 
Finalmente, el tercer tomo del tríptico, titulado En la rea - 
lidad , acusa al terrateniente como verdadero culpable de la 
ignominia social. 



99 



La figura del latifundista surge en Barro de la 
8 Ierra t Indirectamente en "Cachorros" y personificada en 
"Sed" y "Éxodo" t En las novelas de la sierra» HuaslpunRO , 
Cholos y Huairapamushcas , y en la coleccldn Seis relatos . 
Icaza estudia detalladamente la figura del latifundista. 
En "Desorientación" aparece la semilla del latifundista ur- 
banizado, que más tarde es examinado en las novelas. Sobre- 
salen al respecto: En las calles . El chulla Romero v Flores 
y Atrapados . La figura del latifundista se mantiene en toda 
la narrativa de Icaza sin alteración perceptible y con las 
características básicas i crueldad, avaricia, soberbia y lu- 
juria. 

El Concertaje 

Otro abuso social criticado en la obra de Icaza es 
la práctica del concertaje. Esta, una de las varias prác- 
ticas crueles de las cuales es vfctlma el campesino, es tam- 
bién presentada por Icaza a partir de Barro de la sierra . 
El latifundista adelanta provisiones o dinero al indio. 
Este junto con su mujer, en pago de este "suplido", trabaja 
para el patrón hasta que pueda cancelar la deuda. El Indio 
se encuentra esclavizado en esta costumbre. A veces le es 
necesario recurrir a esta práctica solo por unas copas de 
aguardiente. El indio en este sistema, segiln Icaza, tiene 
que pogar todo lo que pierda o rompa. En muchos de estos ca- 
sos se le atribuye la pérdida de cualquier animal o herramlen- 



100 



tai aunque el indio no haya sido el culpable. Ya en Barro 
de la sierra observamos la práctica de concertaje. En la 
narracicSn "Cachorros" se acusa a los indios de romper ins- 
trumentos de trabajo que muchas veces se desmoronan por el 
constante uso. 



— Tomás Chiliquinga. . .Vos. . . I vos...i ¡Nada! 

— Amu . . . peruuu . . . 

— ¡Nadaí cara jo! ¿Pensáis que la pala va a que- 
dar así? Tres sucres dice el carpintero para ponerle 
otro brazo. Para qué rompiste, pes. 

— Aurai ca...Pala vieju..., vie ju. . .Qui culpa ha 
di tiner. 

— Yo no sé nada. Tenis que pagar. 

--Perú... 
La mirada felina del patrdn clava el diálogo ahogando 
la voz del indio. 

— Si quieres un suplido espera no más... 

--Buenu, patrcJn. 

--¡Juan Toapanta! ...Vos peor. Cuando también 
acabarás de desquitar lo que te dimos para la fiesta 
de la Virgen. Cien sucres. 

— Peruuuui ya tres años patrón... 

— ¡Cara jo! Hace la cuenta, si sabfs... 

--Y mujer..., ca... 

— Ese fué el trato, arabos tenían que desquitar. 

--¡Perú. . .patrdn! 

— ¡Cara jo! He dicho que todavía no terminan de 
pagar. Si quieres se te puede dar un sucre suplido- - 
Ofrece el señorito de las botas (BDLS., 10-11). 



El jornal del campesino es miserable, además los 
medios días no se pagan. Esta situación hace un laberinto 
del que el indio no puede escapar. En "Sed" , Icaza también 
menciona la práctica de los terratenientes de dejar usar a 
los indios un pedazo de tierra o "huasipungo" para levantar 
su choza y hacer sus cultivos a cambio del trabajo de éstos 
en la hacienda. En este mismo cuento Icaza presenta al la- 
tifundista llevando a cabo la práctica de concertaje con la 



101 



ayuda del cura. Icaza señala que es necesario que el indto 
sin dinero pida adelantos al latifundista i representado por 
don Panchito en este caso, para poder pagar la fiesta de la 
Virgen. Esta deuda es pagada a base del trabajo del indio 
y de su familia en los potreros. Baste el siguiente ejemplo 
que también censura la alianza de los tres poderes opresores 
del indiot el cura, el terrateniente y el teniente político. 

--No tengas cuidado. --Empieza el religioso--Ya hablé 
yo con amo Panchito, dice que te ha de adelantar no más 
los dos cientos sucres ; como a Dios gracias eres buen 
trabajador y, sobre todo, honrado, recibid con bene- 
plácito tu petición. Para desquitarle más pronto pue- 
des hacer que te ayude en el pastoreo tu mujer; aquf, 
el señor teniente político, ha de darte haciendo barato 
el documento (BDLS., 49). 

En "Éxodo" , Icaza presenta a un latifundista que 
exige la pronta cancelación de la deuda obligando aún a la 
mujer del indio a levantarse e ir a trabajar a los tres días 
de haber dado a luz. 

En su novelística, Icaza indica que la práctica del 
concertaje ha sometido al indio a una abyecta esclavitud. 
El indio de la sierra sucumbid a esta costumbre debido a su 
ignorancia y el poder del latifundista ayudado por el cura. 
Los indios, incitados por los fáciles préstamos que le brin- 
daba el latifundista, hipotecaban sus tierras y huasipungos 
sin darse cuenta de los desastrosos resultados que esto aca- 
rrearía. Según podemos discernir el latifundista dejaba que 
las deudas alcanzaran proporciones tales que el huasipvinguero 
no pudiera abonar y así poder posesionarse de las tierras y 



102 



el huasipiingo. En En las calles el autor cita el caso del 
latifundista que a causa del concertaje reclbfa "el trabajo 
de toda la familia del deudor --mujer, hijos i nietos i abue- 
los y sirvientes" (ELC., 30-31). El huasipunguero no deja 
esta sittjaci<5n por sentirse airraigado a lo que considera 
su pedazo de tierra. En esta misma novela, los antepasados 
del latifundista Urrestas hacen su fortuna F>or medio del 
concertaje a pesar de que ya está prohibida esta práctica. 
Icaza, por medio del latifundista, documenta el trámite i 



En la parroquia de Chaguarpata a diez y siete de 
mayo de mil ochocientos y tantos, ante los infrascritos 
señores teniente político suplente, encargado del des- 
pacho, por enfermedad del principal, y el señor secre- 
tario, comparecieron por una parte el concierto Balta- 
zar Corella y por otra su patrón el señor Rafael Hum- 
berto Urrestas, con el objeto de liquidar la cuenta 
del primero, lo que se efectúa a presencia de los tes- 
tigos señores David Sánchez, y Benjamín Jiménez y resul- 
tdi Cargo confesado por el concierto, incluso deuda 
judicial anterior de su difunto padre, doscientos cin- 
cuenta centavos. Descargo según las siguientes parti- 
das» Por las rayas de trabajo de ün año, diez y seis 
sucres, veinte centavos. Por la cebada de su huasi- 
pungo, cosechada por el patrón, cincuenta y cinco su- 
cres, ochenta y cinco centavos. Por rebajas voluntarias 
del patrón, diez sucres, cuarenta y cinco centavos. 
Total del descargo, ochenta y dos sucres, cincuenta 
centavos. Saldo en contra del concierto, trescientos 
cuarenta sucres, cuyo valor, con lo más que en adelan- 
te llevare en socorros y suplidos, se obliga Corella 
a devengar con su trabajo en la hacienda del patrón, 
ganando el jornal de cuarenta y cinco centavos diarios 
(ELC., 28). 



El latifundista se aprovecha de la ignorancia del 
huasipunguero para sumar en vez de restar las cantidades 
pagadas por el indio. El concertaje obliga al indio y a 
su familia a trabajar gratis para el patrón. 



103 



En su novelística I Icaza establece que los cholos 
adinerados constituyeron un factor determinante del concer- 
taje. En Cholos . Montoyai el nuevo latifundista cholo, ne- 
cesita indios para que le trabajen sus tierras. El nuevo 
rico no consigue peones ya que éstos están obligados con 
sus viejos araos. Montoya demuestra satisfacción al ofr que 
van a suprimir el concertaje y comenta que "asf debiera ser» 
necesitamos indios libres para poder pagarles" (Cho. , 13). 
Al respecto Icaza señala» "El mestizaje polftico escribió 
en el libro de la Ley la abolición del concertaje, y satis- 
fecho de su talento se contentó con exhibirla en vitrinas 
de oportunidades, para provecho y usufructo de los que podían 
-comprarla" (Cho., 27). 

La nueva disposición brinda innumerables oportuni- 
dades a la nueva clase de mestizos poderosos. Estos se a- 
ferran a la ley para su propio provecho. El latifundista 
Montoya al observar que la abolición no era efectiva se aco- 
ge también al concertaje ilícito. La nueva versión del con- 
certaje es explicada por el latifundista mestizo de la mane- 
ra siguiente» 

--Como ya te he dicho, tienes que cobrarles un 
arriendo prudencial por la choza, y ... al mismo tiempo, 
tienes que cobrarles el valor de las herramientas que 
hagan perder. ¿Comprendes? 

--Güeno, patrón. 

— Todo consiste en que, aun cuando se les pague el 
sucre, tú no dejes de mandarme el dinero que hasta aquí 
me has estado mandando. ¿Entiendes? 

El mayordomo se quedó por unos instantes sin saber 
hacia dónde iba su amo, hasta que al fin dijo» 

--¿Pero cómo pes para'cer con los indios? 



104 



— Ahora te haces el inocente... Nada más Idglcot 
si rompen una herramienta por vieja que seat pues se 
les hace cargo... Además tenemos los arriendos de los 
huasipungos (Cho., 158). 

El concertaje ejercido por el cholerfo es denominado 
por Icaza como "chaquihuasca" . Esta nueva costumbre se en- 
cuentra en pugna con los intereses establecidos del gamonal 
blanco. La rivalidad entre estos dos grupos se desata en 
una pugna abierta en la novela Atrapados . El cholo quiere 
obtener las mismas ventajas que el blanco y está dispuesto 
a luchar por éstas. El el tríptico de Icaza i el mayordomo 
Montaguano explica al latifundista Teodoro Segovia tal prác- 
tica i 

Ciiando Teodoro habl<5 a Montaguano sobre el chaqui - 
huasca, el cholo administrador, dando un rodeo miste- 
rioso al asunto, informcSi 

— Es una vieja costumbre, pes... Los huasipungueros 
venden las cosechas de su pegujal y uno que otro ani- 
malito que cuidan durante todo el año por un adelanto 
de chicha, de aguardiente, de plata. 

--Como si fueran gentes sin dueño. 

— Eso mismo digo yo... 

— Cara jo. 

— Antes el chaquihuasca stflo hacían los patrones por 
intermedio de los mayordomos, pero los cholos del pue- 
blo, que son unos agalludos, empezaron no más a entrar 
con mejores propuestas. Y, claro, los runas que son 
unos brutos ... 

--Hay que prohibir ese abuso (Atra.,II, 130). 

En Cholos , aparece otra manifestaci<5n de concertaje. 
Esta es la que se practica en pueblos y ciudades. Alejandri- 
na, la concubina de Montoya, hereda de su madre, la señora 
Miche, un negocio basado en el concertaje urbano. La señora 
Miche recibía niños en pago de las deudas contraídas por mu- 



105 



jeres necesitadas. Estos niños son llamados "gülñachlshcas" . 
La pulperCa de "ñora Miche" floreció con el sudor y el traba- 
Jo de los pequeños esclavos. Las gíliñachlshcas viven en con- 
diciones deplorables. Decenas de niños duermen en una misma 
habitación y la alimentación es deficiente. Icaza califica 
esta práctica como sigue» 

Se les llamaba güiñachishcas desde siempre. Era el 
concertaje de la vida econámica de la casa de pueblo o 
ciudad. Pequeños cholitos vendidos desde tiernos y 
amarrados a la servidumbre en la estaca sentimental de 
la caridad cristiana, de la misma manera y con iguales 
agravantes que el indio se halla preso al agro por el 
huasipungo (Cho., 30). 

Finalmente, en Huairapamushcas , Icaza describe a los 
indios que están sometidos al concertaje "como las reses, 
como los árboles, como los espinos, como las peñas" (Huair. , 
503). Los indios como tales son propiedad de la hacienda. 

El concertaje, costvmbre ancestral de la sociedad 
ecuatoriana, se vislumbra desde el inicio de la narrativa de 
Icaza. Los cuentos "Cachorros", "Sed" y "Éxodo" de Barro de 
la sierra conllevan entre temas la simiente del concertaje 
que más tarde arrogará en las novelas Huasipungo , En las 
calles . Cholos . Huairapamushcas y el tríptico Atrapados . 
Los cuentos y novelas citados tienen como escenario la sierra 
ecuatoriana ya que es en el ambiente rural donde la costumbre 
de concertaje abunda. En la novela Media vida deslumhrados 

observamos esta práctica en el ambiente de la ciudad, pero 

2 

ésta nunca adquiere la magnitud que exhibe en el campo. 



106 



La miseria del Indio v el cholo 

La crftica de Icaza contra el atropello social del 
pedn indio exhibe variadas manifestaciones en su narrativat 
Icaza presenta todo tipo de escenas en las cuales prevale- 
cen el hambre, la sed, la enfermedad, la ignorancia, y en 
general, la miseria. Este aspecto de la crftica social 
predomina en Barro de la sier ra. Icaza señala en "Éxodo" 
la poca atenciíín que recibe el indio al hallarse imposibi- 
litado por razones de salud. Icaza indica que las indias 
parturientas vuelven al "trabajo campestre chorreando lo- 
quios de desembarazo y sangre de menstruación" (BDLS., 77), 
a los tres dfas de haber dado a luz. Icaza describe en 
"Cachorros" la típica choza india como un "lago de penumbra, 
de fango y de agua estancada" y más tarde en ese mismo cuento 
tipifica el hambre de los indios al señalar que "centenares 
de indios van chugchendo, tras el festín de abundancia, el 
grano podrido que desprecia la recolecta sin sobrar nada 
para el hambre de los pájaros" (BDLS., 25). 

La denuncia de Icaza del hambre y de lo "sentimental, 
amargo y sórdido" de la miseria en que viven los indios se 
patentiza en el pasaje siguiente de "Mama Pacha" i 

Están todos ellos . . . Los pequeños semi-desnudos 
entreteniendo el abandono y el hambre con el barro y la 
maleza de las cercas, de las zanjas, con la basura y el 
asco de los chiqueros, con la amistad de los rebaños y 
de los perros... Las mujeres esforzándose en el trabajo 
de los hombres , sin dolor para su condición femenina . . . 
Los indios viviendo y muriendo de pie sobre los pantanos , 



107 



entre la selva y el monte, agobiados por cargas propias 
y ajenas I por la inclemencia de la naturaleza sin te- 
ner tiempo para contemplar lo amable y bello del mundo, 
para sentir las voces de su propia intimidad y los la- 
tidos de su propio ser... (SR. , 48). 

El tema de crítica social se encuentra en toda la 
novelfstica de Icaza al igual que en Barro de la sierra . 
Icaza denuncia directamente el ambiente en que vive y tra- 
baja el pobre de la República del Ecuador en general. Los 
indios que participan de la minga en Huasipungo laboran en 
vin ambiente agreste y feroz. Muchos peones mueren deglu- 
tidos por las oscuras aguas de los pantanos. Vemos ccJmo 
otros indios caen víctimas del paludismo en esa inhóspita 
selvaí 

Al llegar los trabajos al pantano, la minga había 
recobrado entusiasmo y coraje. Desde luego, el pano- 
rama que se extendía frente a los mingueros no era 
muy halagador. Tétrica y quieta vegetacidn de totoras, 
de berros, de hierba enana. Ruidos extraños, burlones, 
agazapándose de trecho en trecho hasta perderse en un 
eco débil en el horizonte. Y al amanecer la neblina 
traicionera envolvíalo todo con largos jirones. Con 
largos jirones que más tarde disolvía el sol. Un sol 
sofocante cargado de sudoroso vapor y nubes esquelé- 
ticas de zancudos y mosquitos (Huas., 90). 

En "Sed", el paludismo abunda por todas las chozas 
y según Icaza "devora a los indios" . El autor entra en una 
choza y auscultando en la oscuridad encuentra "el latido de 
la vida indígena que gime» 'Agua' sha:. . .naranja' sha' ." En 
este cuento, Icaza no solamente expone la básica necesidad 
del indio de sed y hambre sino que analiza otra clase de sed 
del ser humano y, al mismo tiempo, aboga una vez más a favor 



108 



del indio al denunciar tenazmente los males que le agobian. 

Espeluzna ver hombres en cuatro patas» haciendo 
de la boca hocico y abrevando la sed en agua lodosa. 

Su sed de cansancio--doce horas de hacha, barra 
o pala. — 

Su sed de camino — con dos quintales a las espal- 
das . - - 

Su sed de ignorancia — trabajo obligatorio desde 
los ocho años.-- 

Su sed de sexo- -mujeres violadas por el patrdn 
mestizo. Sana costumbre de amor libre- -amañarse, co- 
nocerse por lo menos dos años de vida sexual antes de 
formalizar una unidn duradera- -fmstado por el sobor- 
no del fraile. 

Su sed de fiebre- -paludismo incurable, porque 
no tienen con qué curarse. -- 

Su sed de chuchaqui--intoxicaci<Sn hecha con po- 
dredumbres . - - 

Sed. 

Sed que les has dejado la piel tostada y el ce- 
rebro seco (BDLS., 58). 

En HuasipunRO , Icaza describe similarmente el ham- 
bre del pueblo ecuatoriano. Esta es más que satisfacer las 
necesidades de pan. Es hambre de una sociedad mejor» 

No era el hambre de los rebeldes que se dejan morir. 
Era el hambre de los esclavos que se dejan matar sabo- 
reando la amargura de la impotencia. No era el hambre 
de los desocupados . Era el hambre que maldice en el 
trabajo agotador. No era el hambre con buenas pers- 
pectivas futuras del avaro. Era el hambre generosa 
para engordar las trojes de la sierra. Sf. Hambre 
que rasgaba obstinadamente un aire como de queja y llan- 
to en los costillares de los niños y de los perros. 
Hambre que trataba de curarse con el hurto, con la 
mendicidad y con la prostitución. Hambre que exhibía 
a diario grandes y pequeños cuadros de sórdidos colo- 
res y rostros de palidez biliosa, criminal. Hambre en 
las tripas, en el estómago, en el corazón, en la gar- 
ganta, en la saliva, en los dientes, en la lengua, en 
los labios, en los ojos, en los dedos (Huas., 126). 

La miseria del pobre es tan trágica en la ciudad 



109 



cono en el campo. En "Desorientación" de Barro de la sierra t 
los Jornales del tfplco trabajador mestizo son tan pobres 
que hacen que éste viva en constante miseria. Sus hijos 
no pueden Ir a la escuela y muchas veces no tienen qué co- 
mer. La Ignominia en que viven los lleva a actos de natura- 
leza repulsiva. 

Cuando llega fruta podrida e Interviene la sanidad, 
vaciando el carro en un rlnc<5n de la plaza que sirve de 
basurero, todo va blenj las familias de los cargadores 
se p)onen de acuerdo y, a las doce de la noche, cuando 
la sanidad se ha encerrado en su alcoba desinfectada y 
los policías cabecean en las esquinas, filas Intermina- 
bles de muchachos se escurren entre la penumbra de los 
vagones y las locomotoras. Llegan, muy despacio y sin 
pelearse, hasta el raontdn olor a fermento, le hacen los 
honores con la boca que se les hace agua, apartan a los 
chanchos, hunden las manos en la masa melosa, se echan 
el fardo a las espaldas y toman la vía menos frecuenta- 
da aplastados por las cabezas aguadas de la fruta y F>or 
la obscuridad espesa de la noche (BDLS., 107). 

En "Mala pata" • la crueldad hacia el trabajador 
mestizo o cholo aparece en la miseria en que incurre Carlos 
Aparicio al encontrarse desempleado por su Ideas políticas. 
Su cesantía lo ha dejado a él y a su familia en un "dormito- 
rio sintético, con una cama, con un colchan, con una sábana, 
con una almohada, con una cobija, con un frío...; dejando 
una cocina sintética, con un plato, con una taza, con ijna 
cuchara, con una olla, con una hambreeee . . . " (BDI5., 152). 

Los huaslpungueros en busca de mejores condiciones 
a veces dejan el éimblente rural y huyen a la ciudad. En la 
ciudad el estado del trabajador es tan deplorable como en el 
campo. En la novela En las calles , Icaza muestra las visci- 



lio 



situdes que sufre el proletariado. Los Indios y cholos se 
ilusionan con las promesas de vina vida mejor. Los indus- 
triales, impulsados por una rápida restitucián de sus inver- 
siones • hacen cambios que empeoran las condiciones del pe<5n. 
En En las calles Icaza presenta ion típico caso de una in- 
dustria en la cual "se rebaj<5 los salarios, se instald el 
tumo de veladas obligatorias, se abrid almacenes en toda 
la República» se selecciona poco a poco, de acuerdo a sus 
capacidades, a los obreros, se suprimid los pequeños bene- 
ficios sociales que la generosidad y el saber de don Luis 
Antonio aconsejaron e implantaron en el primer momento, se 
cobrd multa por los atrasos y por las faltas" (ELC., 130). 

La opresidn económica que sufre el trabajador resul- 
ta en que su existencia esté rodeada de harabreí sed, frfo, 
enfermedad y miseria. Los peones moran en un ambiente mez- 
quino. Las viviendas del huasipunguero están impregnadas de 
"un olor a tierra podrida, a empacho de guagua tierno, a 
nata verdosa de pantano" (ELC., 14). En la ciudad las vi- 
viendas son tan miserables como en el campo. En El chulla 
Romero y Flores . Icaza presenta el estado deplorable donde 
habita el prueblo» 

El chulla, a pesar del vértigo en el cual se debatfa, 
no dej<5 de observar con pena el ambiente que en otras 
circunstancias le hubiera producido ascoi la hamaca 
percudida de orinas y excrementos de guagua tierno so- 
bre el lecho miserable del matrimonio; la vela mori- 
bunda en candelero de botella vacfai el jergón de la 
chola güiñachishca en el suelo --montículo informe de 
malos olores y sueño de piedra--; la mesa cargada de 
frascos, tarros de lata, periódicos viejos --revoltijo 



111 



de chucherfas — i la cama de la prole --cuatro rapaces i 
dos hembras y dos muchachos, que observaban el espec- 
táculo con audacia y burla de gente mayor en los ojos, 
mientras se acariciaban en pecado bajo las cobljas-- 
hecha de tablas y de adobes; el altar de la Virgen de 
ingenua factura fetichista--habLlidades de crochet, 
papel dorado en flores, en tiras, en penachos-- cubrien- 
do una esquina! los bacines hediondos a sarro --el gran- 
de para el papá y la mamá, el chico para los niños, la 
chola al patio cuando le urge — i el gato familiar — 
presencia diabólica por la penumbra de los rincones--; 
el baúl desvencijado como banca y la banca como ropero 
nocturno. Total sumido en aire y estrechez de tibieza 
nauseabunda (ECRF., 779-80). 

La sed, el hambre y el frfo son los perennes compa- 
ñeros del pueblo. En la novela En las calles , el pueblo de 
Chaguarpata no tiene agua para la siembra y la de beber es 
más lodo que agua. Icaza muestra una sequfa en Atrapados 
en el pueblo de Parcayaco que "a la orilla de la acequia 
que corrCa por mitad de la plaza, de rodillas e inclinado, 
apartando las basuras que iban en la corriente, mi pequeño 
gufa trataba de beber usando las manos o metiendo la cara 
en el agua" (Atra.,111, 73). 

El hambre persigue al pueblo ecuatoriano, tanto eñ el 
campo como en la ciudad. Icaza señala en Media vida deslum - 
hrados c<5rao el hambre impulsa al pueblo a reñir por un "pe- 
dazo de carne babosa" que aparentemente debía "haber estado 
muy hediondo" pues una compradora se contrajo con un gesto 
repulsivo después de haberla olido. 

Que el indio ha sido paria, reducido a condiciones 
miserables es atestiguado por Pfo Jaramillo quien indica 
que "el indio está sumido en la más abyecta servidumbre. 



112 



condlclán que refleja en el ambiente el mal de toda gangrena 

que corroe la organizacitfn social y polftica, saturándola de 

3 
vicios que afectan a las esencias de su vitalidad.. • 

La miseria del indio y el cholo surge en Barro de 

la sierra y es discutida en todos los cuentos de la coleccidn 

con excepción de " Interpretactán" . 

Atropellos corporales v sexuales 

El indio ecuatoriano desde el principio de la con- 
quista ha sido vfctima de atropellos corporales y sexuales. 
Estos abusos llegaron a tal extremo que en 1832 el Congreso 
de la joven república pas(5 leyes a efectos de abolir tales 
prácticas. Los novelistas del Ecuador han criticado la con- 
tinuación de los atropellos contra el indio y han adoptado 
este tema en sus obras. Prueba de la vigencia de estos abu- 
sos es la denuncia en 1885 de Eloy Alfaro de aquellos que 
persistían en tratar al indio como una propiedad y no como 
un ser humano. 

El tema de abuso corporal contra el indio está pre- 
sente también en Barro de la sierra . Por robar unas cuantas 
papas un indio viejo es "cosido" a patadas y puntapiés por 
el hacendado y luego es sacado dándole "dos patadas en el 
culo" (BDLS., 26). Icaza presenta al peón indio como obje- 
to de abuso corporal por medio de azotes o de tareas sobre 
humanas. En "Éxodo", don Miguel ordena al indio José que 
domine un toro salvaje sin ninguna ayuda. Como era de es- 



113 



perar, muere el indio. Y| el mismo don Miguel le confiesa 
al cura I "pareja que logro pescarla en la corruptela del 
amaño es azotada por el mayordomo" (BDLS.i 65). 

El abuso corporal es también parte de la temática 
de Seis relatos . En "Mama Pacha" , una protesta india aca- 
ba con latigazos I palos y atropellos para "sacarles la mala 
sangre" « 

Una tarde, bajo el signo de la impaciencia colectiva, 
envuelta en la corriente olor a hoshota y a perro mo- 
jado de una tropa de huastpungueros, entre gritos, 
cara jos, revuelo de ponchos, alharaca de brazos, jadear 
de bestia en celo, llegíí la vieja frente a los muros 
de la casa gamonal , frente al flagelo de los mayordomos 
y los mayorales a caballo, frente a la injusticia que 
apalea y mata sin remordimiento al indio, y sintiá, en 
su carne curtida por todas las inclemencias, el horror 
de la refriega. Tendida bajo unas matas de espinos 
que le ampararon de la muerte, oycS rodar hacia el valle 
— en tumulto de ayes, de malos olores, de palabrotas, 
de cuerpos caídos, de cascos de muía, y de cintarazos 
de acial--, la triste protesta de la indiada (SR., 50- 
51). 

No stflo reciben los indios cruel castigo corporal 
sino que son tratados como animales. A muchos indios, segrln 
Icaza señala en "Mama Pacha", que "se dejan tentar por la 
fuga, se les marca con el hierro al rojo que se utiliza 
para distinguir al ganado de cada hacienda" (SR., 104). 

En "El nuevo San Jorge" , a los indios los entierran 
"hecho ñuto [molidos] en la cangagua" y a los palúdicos los 
arrojan al pantano a medio morir. En este cuento, Icaza 
presenta de nuevo el uso del látigo como castigo. 

Con chasquido infernal, relampagueante, el látigo 



114 



envolvía a Cardona arrancándole el ponchó y parte del 
vestido hecho tiras. "Las cicatrices en la carne del 
compadre Teodoro, de la Manuela, de los guaguas sin 
Taita, del mendigo, del tuerto Pacho," penso. Pero al 
sentir el segundo y el tercer latigazo, y verse cubier- 
to de trapos en jirones como en los dfas — distantes 
para su añoranza- -de peregrino y aventurero enloquecido, 
un estímulo de conservación, de libertad, de coraje car- 
gado de injusticias, propias, ajenas y heredadas, le 
arrastra hasta el refugio del mueble más próximo (SR., 
188). 

Se puede afirmar que la práctica de flagelación es 
una de las manifestaciones más recurrentes del abuso del 
trabajador en la novelística de Icaza. En Huaslpungo, el 
indio Andrés Chiliquinga es flagelado por haber robado una 
res. En Huairapamushcas , el indio Pablo Tixi amenaza con 
matar al amo por haber abusado sexualmente de su esposa. 
Al enterarse el mayordomo, ordena flagelar al indio para 
que otros aprendan la lección. Según Icaza, la práctica del 
vapuleo también existe en la ciudad. En su novela En las 
calles los prisioneros reciben tandas de latigazos. 

Icaza denuncia la costvimbre del vapuleo al señalar 
que hasta los trabajadores enfermos reciben este castigo 
cuando no pueden continuar con la tarea impuesta. En Huasi- 
pungo los indios enfermos de paludismo son azotados por el 
mayordomo para que suden la fiebre y puedan volver rápida- 
mente al trabajo» 

El temor al látigo que al abrazar al más perezoso 
sonaba con escándalo de puñalada en los cueros aperga- 
minados, aligeró en vértigo angustioso el girar de 
aquella rueda. Veinte, treinta, cien vueltas. 

--¡Oooh! 

— ¡Corran, cara jo! ¡Corran! 



115 



Agotados de cansancio los enfermos empezaron a caer 
al suelo. Pero el flagelador, fascinado — fascina- 
cián de effmero poder — por la música de su acial — 
sobre los pellejos secos de borrego unas veces, sobre 
la carne desnuda de las piernas o de la cara de los 
indios otras, en el aire de cuando en cuando — , redo- 
bló la fuerza de su brazo. 

"¡Oooh! 

--jCorran, carajo! ¡Corran! (Huas., ?4). 

Los niños reciben el mismo maltrato que los mayores. 
Los gCtiñachiscas que aparecen En las calles aprenden "a 
fuerza de látigo y patadas" . En Cholos un güiñachishca de 
Alejandrina que se queda dormido es golpeado por el mayor- 
domo. A causa de la paliza que recibe, el pequeño cae en 
la miel hirviente y "la paila erupt<5 un penacho de vapor 
envuelto en alaridos que desgarraron la paz de la noche." 
(Cho., 50). 

Icaza intensifica la crueldad a que el trabajador 
está sujeto en Media vida deslumbrados . Un ministro en esta 
novela alardea de haber ingeniado un nuevo método de la do- 
ble yunta para "reventar" al indio en la cual cambia la yun- 
ta del arado cada cinco horas. El latifundista concluye 
que "no hay indio que aguante ocho dfas, por rucutushca 
[fuerte] que sea... El cambio de bueyes arrastra al trabaja- 
dor aun cuando éste no quiera o no pueda... Es la mejor for- 
ma de combatir la vagancia de los runas. Todos han ido al 
hospital" (MVD., 102). 

La crueldad del latifundista para con el trabajador 
llega al grado de las más abyectas torturas. En Huairapamush- 



116 



cas ios ladrones son colgados por los dedos después de haber- 
les untado manteca en los pies para que los ratones les hagan 
"chillar a mordiscos" . En Huasipungo la longa Cunschi pierde 
a su hijo porque es obligada a amamantar el hijo del amo. 
En El chulla Romero y Flores Icaza describe el martirio a 
que son sometidos los indios. El doctor Juan de los Monteros 
quien se dedicó al latifundismo explica c<5mo él controlaba 
a los indios. Los procedimientos del doctor son comparables 
con los efectuados contra los judfos en los campcimentos de 
concentración Nazii 

Los indios eran atrevidos, rebeldes, cuatreros. 
Conmigo cambiaron. Por cada res que desaparecía o por 
cada desplante castraba a un runa. Le sacaba los hue- 
vos suavito. Qué operaciones! Al cabo de un año era 
de verles, daba gusto i gordos, tranquilos (ECRF., 745). 

De la misma magnitud es el tema de abuso sexual. 
En "Cachorros" , el niño mestizo Manuelito es el producto de 
los abusos sexuales del patrdn. En "Sed" , Icaza no olvida 
mencionar el hecho de que las mujeres indias son también 
violadas por el patrón mestizo. En "Éxodo", el patrón chico 
es el causante del problema de su padre por haber abusado 
sexualmente de una india. 

Hay una alusión al atropello sexual en "Mama Pacha" 
de Seis relatos . El pastor recuerda "el día que el diablo 
blanco tlatifundistaO , en la cuneta del desfiladero, como 
un cerdo ansioso, atropello a la longa con el rabo tieso, 
•ricurishca'." (SR., 56). 



117 



El tema de abuso sexual se repite en la novelfstica. 
El autor demuestra que el latifundista como todo señor feu- 
dal tiene derecho a exigir satisfaccián sexual de las indias 
y cholas de su propiedad. En Huasipungo la esposa de Andrés 
Quiliquingaf Cunshi, es obligada a servir en la casa del amo. 
El latifundista descarga su lujuria en la longa Cunshi. La 
india recibe al latifundista sin protesta i ya que teme per- 
der el huasipungo y ser acusada de "carishina". El terra- 
teniente excusa su comportamiento y somete a la india» 

Todos lo han hecho. Además, acaso no estaba acos- 
tumbrado desde muchacho a ver y comprobar que todas 
las indias servicias de las haciendas eran atropella- 
das, violadas y desfloradas asf no más por los patro- 
nes. El era un patrdn grande, su raercé. Era dueño de 
todo, de la india tcunbién. Erapuj5 suavemente la puer- 
ta. En la negrura del recinto, más negra que la noche, 
don Alfonso avanzd a tientas. Avanzd hasta y sobre la 
india, la cual trata de enderezarse en su humilde jer- 
gón acomodado a los pies de la cuna del niñito, la 
cual quiso pedir socorro, respirar. Por desgracia, la 
voz y el peso del amo ahogaron todo intento. Sobre 
ella gravitaba, tembloroso de ansiedad y violento de 
lujuria, el ser que se confundía con las amenazas del 
señor cura, con la autoridad del señor teniente polí- 
tico y con la cara de Taita Dios (Huas., 55). 

Icaza indica que los abusos sexuales también ocurren 
en la ciudad. En su obra En las calles tres muchachos "bien" 
atrepellan a la hija del zapatero Ambrosio Yañez, Raquel. 
Los señores de la ciudad riñen por disputarse el primer tur- 
no con la inocente muchacha. El abuso queda impune dada la 
posición social de los atacantes. Icaza también apunta que 
esta costumbre es imitada hasta por los extranjeros. En 
Media vida deslumhrados el gringo no se cohibe de manosear 



118 



sin escnSpulos a la chola. 

El resultado común de estos atracos sexuales es la 
preñez de la india. Los latifundistas ante la perspectiva 
de criar cholitos ilegítimos se deshacen de la india. Una 
manera eficaz es despedirla de sus servicios de huasicama. 
En Cholos don Braulio despide a Consuelo al notar que ésta 
se encuentra preñada. En Hua i ra pamus he a s el latifundista 
Gabriel Quintana casa a la longa Juana después de preñarla 
con el indio Pablo Tixi. Los niños huairapamushcas , fruto 
de ese atropello, más tarde causan la muerte de su padre de 
crianza. 

La lujuria que caracteriza al terrateniente se pa- 
tentiza en Atrapados . Teodoro Segovia es el mejor cliente 
de la procuradora "mama Piedad Fonseca" . Esta le muestra 
una joven güiñachishca por la que piensa obtener buen pre- 
cio. El terrateniente Inspecciona la mercancía a invita- 
ción de la vendedora» 



— Agarre no más, pes. Pruebe, mi señor don Teodo- 
rito. Qulñdnez, las dos güiñachtshcas mayores y hasta 
el indio hiiasicama observaron curiosos --respiración 
agitada, cálida-- en espera del zarpazo sicalíptico 
del patrdn sobre aquella fruta tibia y excitante que 
"mama Piedad Fonseca" ofrecía codiciosa (Atra.,II, 150), 



Desde su primera obra en adelante Jorge Icaza criti- 
ca vigorosamente la estructura social que ha mantenido al 
pueblo ecuatoriano en un estado de ignominia y de miseria. 
Un £inálisls de la obra de Icaza demuestra que, según el nove- 
lista, el terrateniente es el gran causante de los males del 



119 



pueblo ecuatoriano. El papel del latifundista se acentúa 
a través de su narrativa y en su novelística adquiere una 
Importancia primordial. 

El tema de los atropellos corporales y sexuales 
tiene su origen en Barro de la s Ierra t y después aparecen 
estas agresiones en todos los demás cuentos con excepción 
de "Interpretacldn" por las razones ya explicadas. En las 
obras de la narrativa posterior no sdlo evoluciona este 
tema sino que cobra mayor Intensidad en una serle de cua- 
dros de sesgo naturalista que describen con patética re- 
pugnancia el dolor del Indio. 



NOTAS 



^éase el artículo del mismo Icaza Intitulado 
"Relato, espíritu unificador en la Generación del año 30," 
Letras del Ecuador . No. 129 (1964), pp. 10-11. 

Ángel F. Rojas confirma esta practica colonial 
del concertaje al afirmar en La novela ecuatoriana (México t 
Fondo de la Cultura Económica, 1948), pp. 28-29, que el 
concertaje "tenfa la forma de un contrato de trabajo, cele- 
brado entre el amo y el indio, ante una autoridad de poli- 
cfa, que estipulaba el pago de un salario diario de cinco 
centavos, por cada jomada de labor, pagaderos mensual o 
trimestralmente, luego de una liquidación que se hacía en 
la casa de hacienda. Pero como para sostenerse el indio y 
su familia la suma devengada en su trabajo era irrisoria- 
mente insuficiente, tenía necesidad de endeudarse con su 
patrón, recibiendo anticipos en dinero y especies, año por 
año, mes por mes, que se conocen en el lenguaje campesino 
como " socorrí tos" . Toda vez que los gastos de manuten- 
ción del indio eran con mucho superiores a sus entradas, 
la deuda iba creciendo paulatinamente. El "peón concier- 
to" se envejecía trabajando en el feudo, y al morir, deja- 
ba todavía una deuda. Deuda que se cargaba inmediatamente 
en la cuenta de sus herederos. El hecho se repetía de una 
generación a otra. El "huasipungo" , o sea el lote de terre- 
no que recibía el trabajador para levantar su choza y hacer 
el pequeño cultivo, era siempre insuficiente para pagar al 
dueño del feudo y no contraer deudas con él, que era lo que 
éste perseguía. 

Los abusos a que daba lugar este contrato tremendo, 
son fáciles de imaginar. Entre el patrón, el cura y el te- 
niente político se crucificaba al indio. Por algo decía 
Montalvo que si su pluma tuviera el don de lágrimas, escri- 
biría un libro sobre el indio y haría llorar al mundo. 

El indio ecuatoriano (4a. ed.; Quito: Casa de la 
Cultura Ecuatoriana, 1954), p. 3. 



120 



CAPITULO VII 

CORRUPCIÓN ADMINISTRATIVA 

La mayorfa de los ecuatorianos desconfían total- 
mente de las estructuras administrativas y de los gobernan- 
tes del pafs. La carencia de fe en el gobierno es el resul- 
tado de la desenfrenada corrupción administrativa. Esta se 
evidencia tanto en el campo como en la ciudadi y afecta tan- 
to a los empleados insignificantes como a los más altos fun- 
cionarios. El palanqueo y la burocracia son los vicios más 
sobresalientes de la realidad socio-política ecuatoriana i 
Yt por consiguiente los dos temas preeminentes de las crea- 
clones narrativas de Icaza. 

El Palanqueo 

El palanqueo és el término empleado para describir 
c(5mo la influencia ejerce presión sobre las decisiones gu- 
bernamentales i la de las amistades, la de posición social 
y aún la sexual. El palanqueo opera en el ascenso del em- 
pleado público y por lo tanto el que se sirve de esta prác- 
tica se preocupa más por cultivar la "palanca" que por des- 
«npeñar su cargo debidamente. 

Desde el segundo cuento de Barro de la sierra se 
observa el tema de corrupción administrativa y el papel que 



121 



122 



en ella tiene la "palanca". En el campo es el latifundista 
el que se beneficia de esta costumbre. El terrateniente es 
figura adinerada e influyente quien por lo regular conoce 
íntimamente a los altos funcionarios del gobierno en la 
ciudad. En "Sed" , el señor Panchito está emparentado con 
altos oficiales del gobierno y gracias a esta palanca obtie- 
ne el derecho al agua que antes pertenecía a todos. Los 
habitantes del pueblo durante cuatro años padecen los efec- 
tos de la falta de aguai sedi hambre y paludismo. A pesar 
de esta situación el pueblo es impotente ante las poderosas 
palancas del terrateniente i 

--Aura nosotros... ya ve F>es! somos subalternos, 
jefecito. Teñimos que respetar drdenesj como el señor 
Panchito es emparentado con las altas esferas oficiales, 
le dieron lo que él quizo [sic] . Ya cuatro años que 
les tiene jodidos a los pobres indios y a los chagras 
de por acá. Y nosotros también pesi cogimos los fríos 
(BDLS., 37). 

A través de la novelística de Icaza se discierne que 
las familias adineradas y los influyentes políticos son los 
que más apoyan y aprovechan el palanqueo. En Huasipungo el 
latifundista Alfonso Pereira hace telefonear al Intendente 
en Quito para pedir refuerzos en la sierra. El latlftindista 
reafirmai "No te olvidesi en mi nombre. El sabe bien..." 
(Huas., 124). El señor ministro de En las calles deja al 
pueblo de Chaguarpata sin agua por servir a su amigo el 
terrateniente Luis Antonio Urrestas. 

Según Icaza, la palanca es la esperanza del pueblo 



123 



para escapar de la ardua vida en el campo. La gente ofrece 
sus servicios por conseguir algún puesto del gobierno. En 
HuasipunRO el cholo Rúa ta ayuda a reclutar indios para la 
minga del carretero pensando que esto le proporcionará un 
puesto en la capital para él y su hermano. 

A pesar de que el palcinqueo es costumbre común en 
la sierra, es en la ciudad el ambiente propicio de esta 
práctica. Quito, sede del gobierno ecuatoriano, es el es- 
cenario principal del pafs. En Barro de la sierra observa- 
mos que el palanqueo es la forma más directa de obtener un 
puesto en la ciudad. En "Mala pata", Carlos Aparicio con- 
sigue su primer empleo gracias a las amistades que le deja- 
ron las viejas solteronas» "Agarrándose de las amistades 
que le dejaron las viejas, consigue llenar una vacante en 
el presupuesto del Estado"(BDLS. , 144). 

La palanca es arma poderosa en la ciudad, ya que se 
emplea no s<5lo para conseguir beneficios econúmicos sino 
para controlar la vida del ciudadano medio. En Atrapados . 
la influyente familia Segovia aplasta por medio de sus pa- 
lancas los esfuerzos de la familia Jiménez de obtener justi- 
cia por haber sido deshonrada. El golpe final fue la can- 
celación del teniente Francisco José Jiménez quien es acu- 
sado falsamente de traiciéni 

La noticia del escándelo del teniente Francisco José 
Jiménez lleg<S, abultada y transformada por aquello de 
" la presencia de un traidor en las filas del ejército" , 

a oidos del señor Ministro y del señor Presidente de 
la República. La "baja" fue violenta 'Atra.,!!, 112). 



124 



Otra manlfestacián del palanqueo es el sexo. Aquel 
que pueda usar la belleza de su mujer o pariente femenino, 
sin duda obtiene las mejores posiciones del gobierno. En 
"Mala pata" > el rival del ministro posee esa poderosa arma 
puesto que según el último "este cara jo de Quiroz, me hace 
la guerra porque se está palanqueando mi puesto... tiene 
la famosa palanca de la mu jen es guapa..." (BDLS., 158). 

En la novelística también se manifiesta el palan- 
queo sexual. Icaza sufre en su carne esta costumbre. En 
Atrapados . el novelista confiesa que "mi madre di<S a enten- 
der a mi hermana Victoria- -frases truncas, gestos misterio- 
SOS--I0 vil y lo deshonroso de la propuesta que le habfa 
hecho el alto burúcrata" (Atra.,I, 96-97). El resultado 
de esta propuesta es un nombramiento para el padrastro de 
Icaza como Ayudante de Primera de un Ministerio. Icaza 
critica al palanqueador Pablo Astudilla Garcfa y lo acusa 
de usar a las mujeres para obtener favores 1 

— Baraja a la mujer y a las hijas entre los oligar- 
cas, los sotanudos morados, los espadones de alta je- 
rarquía . 

--Cabro, cabrito, cabr<5n (Atra.,111, 183). 

Icaza señala que el palanqueo es una costumbre que 
el pueblo aprende desde la niñez y que es parte esencial de 
su educaciún. En Media vida deslumbrados declara el "cono- 
cido desocupado" a Serafín» "...Si no me dan algo hasta el 
otro mes, me muero de hambre... Yo no sirvo para otra cosa 
... No me enseñaron más en la vidaí palanquear, escribir 



125 



oficios, adular al Jefe..." (MVD., 118). En El chulla 
Romero y Flores observamos que es necesario emplear el sis- 
tema de palanqueo para poder obtener un puesto en el gobier- 
no. Un perenne aspirante a una plaza gubernamental describe 
su frustación al declarar que sus muchas calificaciones no 
le sirven para obtener un puesto» 

— Siete concursos. Siete felicitaciones. Soy conta- 
dor-calígrafo, graduado en el Instituto. Pero siempre 
hay alguien que está igual. Surgen entonces las pre- 
ferencias, las recomendaciones, los parentescos. Yo 
no tengo a nadie... Mis títulos... ¡Mis buenos certi- 
ficados!-- informó en alta voz, sin que le pregunten, 
un hombre seco, de lentes, mal vestido, exhibiendo un 
rollo de cartulinas que llevaba en su diestra (ECRF. , 
733-34). 

Para Icaza el palanqueo es una parte integral de la 
burocracia ecixatoriana. Lo denuncia en Cholos y lo señala 
como causa primordial de la corxupcidn administrativa del 
Ecuador I 



Su nueva vida de amanuense, un verdadero retablo de 
anarquía, de humillación, de caras babosas, cabezas 
agobiadas, disculpas lloronas, manos con ofrendas en 
especies y en mujeres --las hijas, las esposas, las 
madres, las amantes. --Almas moldeadas en la hoguera 
de la fuerza del palanqueo, gentes sin una ley justi- 
ciera que las proteja, como en un barco de piratería, 
se les echa al mar al arbitrio caprichoso del más au- 
daz (Cho., 170). 



En el cuento "Sed" observamos el funcionamiento de 
esta práctica en el campo. En "Mala pata" apreciamos esta 
costumbre en el ambiente ciudadano. Este tema se examina 
tanto en las obras de la ciudad como en las del campo. En 



126 



su narrativa posterior a Barro de la sierra Icaza intensifi- 
ca su ataque contra el palanqueo. Pero las manifestaciones 
de este tema se mantienen sin cambio sobresaliente. 

La burocracia 

La corrupción y la carencia de escrtJpulos han carac- 
terizado la burocracia del Ecuador. Los empleados públicos 
son conocidos por su inercia. Los altos funcionarios repri- 
men cualquier actividad de empleados subalternos que mues- 
tren iniciativa propia por miedo a ser desplazados por éstos. 
El resultado es una administración retrógrada e ineficaz. 
En Barro de la s ierra t Icaza comienza su crftica de la im- 
potente burocracia ecuatoriana. En "Mala pata" observamos 
varios vicios gubernamentales. El proletariado es vfctima 
importante de la ya citada corxupcidn gubernamental. Esta 
clase sostiene a los dirigentes políticos . Los poderosos 
que están a cargo de altos pniestos del gobierno hacen su 
posición más atractiva a costa del hambre del pobre traba- 
jador» 

La sabiduría congresili en su afán de salvar a la 
Patria del naufragio económico, ha resuelto» suprimir 
su sueldo de ciento cincuenta sucres, suprimir veinte 
sueldos de ciento cincuenta sucres más y crear algunos 
altos puestos, con algunos altos sueldos y algunos 
altois nombres (BDLS., 151). 

En "Mala pata" observamos la doble escala de valores 
de la sociedad ecuatoriana, intransigente con los pobres, 
indulgente con los ricos. Esa sociedad que es intolerante 



127 



ante las creencias polf ticas del burócrata Carlos Aparicio, 
acepta sin embargo, sin inmutarse, los escanciólos de los 
poderosos. Al amigo de Carlos le perdonan sus insultos 
porque es el ministro Reyes. 

— Entonces, a ese sinvergüenza. ¡A ese borracho! 
--Silencio... Ese es el Ministro Reyes. 
— ¡Ah! Entonces no es nada (BDLS., 161). 

El asesino del Ministro para en seco la muchedumbre 
frenética por el escándolo al gritan "--¡Soy Quiroz! — O 
lo que es lo mismoi 'Soy el millonario'." (BDLS., 160). 

Este tema escasea en Seis relatos , estando presente 
en solamente uno de los cuentos, "Cholo Ashco" . En éste, 
Icaza ataca de una manera general la burocracia i 

En la porterfa de una oficina pública puso en peligro 
la paz y la integridad del jefe del despacho dando paso 
libre a toda esa tropa que pulula a la sombra de la 
burocracia» profesionales del ruego, expertos del "pa- 
lanqueo" agresivo, mujeres de doble uso, fiscalizadores 
impertinentes, mendigos del suplido, intrigantes de la 
polf tica, usureros voraces (SR., 247). 

Además del palanqueo la novelística del ecuatoriano 
Icaza presenta diversas manifestaciones de la corrupción 
administrativa en el Ecuador. Icaza sostiene que el indio 
prefiere vivir bajo las condiciones más miserables en lugar 
de apelar a la burocracia de la capital. El pueblo, aunque 
analfabeto, tiene conocimiento de la corrupción en que está 
fundada la administración. En Huairapamushcas . Icaza expone 
la actitud del pueblo con respecto al sistema burocrático» 



128 



Se enreda el pánico entre el acusado, las mujeres, 
los verdugos. Murmullo sordo, sudoroso, hediondo. Por 
experiencia --cárcel lejana, inaccesible i espera de 
noches sin techo, sin cucayoi dinero, todo el dinero 
del mundo para abogados y tinterillos i sentencia de 
meses, de años, de siempre; red de papeles costosos, 
de leyes oscuras, Incomprensibles-- la indiada sabfa 
que era preferible el atropello, la injusticia, la 
explotacidn, el látigo, la tortura y hasta la muerte 
junto a la tierra querida y ajena» junto a las gentes 
de igual entender, del mismo sentir, de análoga trage- 
dia} junto o cerca a la choza, al huasipungo, a los 
sembrados de la pequeña parcela , al perro , a la guarrai , 
al guarapo. Sf. Todo era preferible al asco, a la 
indiferencia, al gasto de dinero, al olvido y a la le- 
janía --pocas veces se vuelve — de la cárcel de la 
capital (Huair., 565-66). 

La maquinaria burocrática está controlada por los 
altos funcionarios, los cuales pertenecen a las familias 
más poderosas del país. Icaza sostiene que los gobernantes 
colaboran unos con otros incondiclonalmente con el propósito 
de defender "el mantenimiento de un viejo orden de cosas" 
(ELC., 31). La influencia y poder del burócrata se mide 
por la cantidad de cargos que adquiere. En El chulla Romero 
V Flores un funcionario insignificante alaba al candidato a 
la presidencia don Ramiro Nietoi "Es muy ocupado don Ramiro. 
Con decirle que desempeña siete cargos. Siete cargos impor- 
tantes. ¡Siete sueldos! Es »jn patriota. Uno de los más 
grandes patriotas del continente. Hombre universal" (ECRF. , 
656). A través de la novelística de Icaza observamos que el 
único propósito de los altos funcionarios es enriquecerse 
gracias al desfalco. Los poderosos burócratas no titubean 
en aumentar sus riquezas por medios ilícitos ya que no son 



129 



castigados! La alta posición del ladran burocrático hace 
que "al robo le llamaran descuido, falta de experiencia" 
(ECRF., 662). 

Los empleados gubernamentales que ocupan posiciones 
bajas son arrastrados por el régimen de corrupción a sumirse 
a éste. Los funcionarlos que en principio quisieran comba- 
tir la podredumbre administrativa son forzados a mantener 
el sistema. El soborno es uno de los métodos más comunes 
para comprar la aprobación del pequeño funcionarlo. El chu- 
lla Romero y Flores es tentado a aceptar doscientos mil su- 
cres para no denunciar la falta de pagos de Impuestos del 
candidato a la presidencia. La honradez del chulla lo lleva 
a la cancelación del empleo. La falsificación de documentos 
póbllcos es también una costumbre común en los ministerios 
ecuatorianos. En El chulla Romero y Flores el protagonista 
reflexiona I "¿Otra vez las planillas, los cuadros estadís- 
ticos, la contabilidad, los oficios, las Órdenes? Todo fal- 
so..." (ECRF., 742). 

Según Icaza la honradez es una característica que 
no es apreciada en el régimen gubernamental. En Media vida 
deslumbrados el perenne desempleado se queja t "He pedido 
en todos los Ministerios... No quieren darme ningún empleo 
... ¡Me creen honrado, esa es mi desgracia! ¡No soy! ... 
Ya les he dicho que no soy, pero no rae quieren creer. . . Se 
han reído de mí... Dicen que es necesario probarlo... A ve- 
ces creo que tienen razón porque una vez que estuve no pude 



130 



hacerlo... ¡Aquello no perdonan! ...Me creen honrado..." 
(MVD., 86). 

La crftica contra la burocracia en el Ecuador que 
surge en "Mala pata" de Barro de la sierra llega a formar 
parte de la temática de toda la narrativa posterior de 
Icaza. Este tema va adquiriendo importancia a medida que 
avcinzamos en el estudio de las obras de Icaza, y culmina 
en sus dos dltimas novelas, El chulla Romero v Flores y 
Atrapados . En cambio, en los cuentos posteriores a Barro 
de la sieiTa aunque lo menciona tiene un papel de importan- 
cia menor. 



CAPITULO VIII 

INMORALIDAD SOCIAL Y ACTOS NATURALISTAS 

Algunos novelistas contemporáneos del Ecuador reve- 
lan una preocupaclán por la Inmoralidad de la sociedad ecua- 
toriana, en particular por el amaño, el alcoholismo y la 
prostitucidn. El interés temático por estos vicios res- 
ponde, primero, a una realidad social, y, segundo, al legado 
del naturalismo cuyas características se patentizan en los 
novelistas de la "generacidn del 30". Estos incluyen en 
su obras crudas descripciones de actos violentos y sexuales, 
las mismas que se patentizan en la obra de Jorge Icaza. 

La costumbre del amaño 

El amaño, costumbre arraigada a la cultura india, 
es un aspecto primordial de la inmoralidad social desde la 
perspectiva moral católica y blanca imperante en el Ecuador. 
En la obra de Icaza el tema nace en Barro de la sierra y ya 
en esta obra el autor discute sus ideas básicas con respecto 
al amaño. Icaza indica que la sociedad, representada por 
el terrateniente y el cura, considera en contra de la moral 
la costumbre de los indios de vivir en concubinato o "amaño", 
En "Sed", Icaza define amañarse como "conocerse por lo menos 

131 



132 



dos años de vida sexual antes de formalizar una xinián dura- 
dera" (BDLS., 58) y parece defender tal necesidad al llamar- 
la "sana costumbre de amor libre" (BDLS.i 58). 

Desde el comienzo de su narrativa Icaza expone su 
posición sobre el amaño. Esta es una costumbre necesaria 
del indio y el pobre debido a la carencia de recursos eco- 
nómicos y a la actitud negativa de la sociedad con respecto 
al divorcio. El amaño se convierte en práctica inmoral 
cuando no existen los obstáculos citados, como en el caso 
de la élite social. 

En "Éxodo", el terrateniente don Miguel califica 
tal práctica como una de esas "costumbres estúpidas" y res- 
tos de un "salvajismo inconcebible" y le dice al curai 

¿Qué hemos hecho por destruir la gran inmoralidad del 
amaño? Ellos creen que para casarse es necesario vivir 
por lo menos diez meses en pleno concubinato. Amañar- 
se, conocerse! Nosotros, gente civilizada, no creemos 
eso, debemos pues obligarles a que crean como nosotros 
creemos. ¿Qué necesidad tiene un indio de conocer a 
la mujer con quien va a vivir? ¿Acaso nosotros nos ca- 
samos conociendo a nuestras mujeres? (BDLS., 65) 

Icaza señala también que tal costumbre es frustada 
por el "soborno del fraile", el cual le crea conflictos 
mentales y complejo de culpa al indio. En "Éxodo", el cura 
Camacho sermonea a los indios diciéndoles que "si continúan 
por el camino del pecado lloverá fuego. Amañarse es la más 
grande de las iniquidades. Toda alma cristiana que denuncie 
a estos reptiles de la lujuria se ganará el cielo." (BDLS., 
69). 



133 



En Seis relatos ■ Icaza presenta también al amaño 
como variante de la inmoralidad social. En la narracttfn 
"Barranca grande"» Icaza parece defender tal costumbre india 
siguiendo la corriente de aquellos que creen en el conoci- 
miento camal antes del matrimonio i 



--El amaño ga» cosa necesaria es pesi taitico... 
Natural asf mismu es de bruto... Para saber, para pro- 
bana, para enseñamos a encariñar... Sinu ga, c<5mu se 
puede, pes... Deci vos mismu, taitiquitu. . . Asf han 
hecho tuditicus los naturales de antes... (SR. , 224). 



El tema de inmoralidad social es de trascendencia 
mayor en la novelística de Icaza. Aparece en las novelas 
la costumbre del amaño. En HuasipunRO , Andrés Chiliquinga 
"burl<5 la vigilancia del mayordomo, desobedecía los anate- 
mas del taita curita para amañarse con la longa que le te- 
nfa embrujado, que olfa a su gusto..." (Huas., 23). Esto 
lo hizo a pesar de que el mayordomo y el cura trataron de 
casarle con otra longa para asf aumentar los huasipungueros 
del amo. En esta misma novela Icaza indica una vez más que 
el concubinato existe también entre los cholos puesto que 
la chola Teresa Guarnan estaba "amancebada" con xxn convi- 
viente costeño. En Cholos , Alberto ocultaba "algo qUe para 
él constitufa la más grande de las ignominias i vivir con la 
tendera sin que esa uni<5n haya sido legalizada por la igle- 
sia y por la ley" (Cho., 93). En esta obra Icaza critica 
el concubinato no porque la práctica en sf sea inmoral sino 
porque en este caso está basada en intereses económicos y 



134 



no en sentimientos. Icaza indica que "solamente al abrigo 
de esos préstamos ella habfa podido mantener soldado el con- 
cubinato" (Cho., 34). Más tarde el terrateniente Montoya 
decide legalizar su situación matrimonial. A pesar de po- 
derse casar con una mujer de sociedad en la capital i se 
casa con Alejandrina porque "la hija, los pagarés, el posi- 
ble escándalo, la costumbre, impidieron el paso" (Cho., 150). 

En Huairapamushcas el amaño es aprovechado por el 
latifundista Gabriel Quintana para esconder sus abusos se- 
xuales . Una vez preñada la longa Juana el terrateniente 
obliga a Pablo Tixi a casarse con ella con el pretexto de 
que se habían amañado por tres noches. El mayordomo infor- 
ma al terrateniente de la costumbre del amaño i 

— Los indios, como son unos animales, tienen la 
mala costumbre de vivir amancebados una temporada 
antes de casarse, antes de que el señor cura les 
eche la bendición, antes de que el teniente político 
les apunte en el libro (Huair. , 501). 

Icaza también indica que el concubinato se extiende 
a la ciudad y existe entre mestizos. En "Mala pata", Carlos 
Aparicio no está casado a pesar de que tiene un hijo. 

Icaza extiende este tema hasta las novelas que se 
desarrollan en la ciudad. El amaño es reincidente en El 
chulla Romero y Flores . El chulla Incita a su amante Rosa- 
rio a "amañamos como los indios" (ECRF., 702). En la ciu- 
dad es necesario cuidar las apariencias y los amantes pre- 
gonan que se han casado. El falso matrimonio es descubierto 



135 



y criticado. Al final de la obra lo único que le queda 
al chulla es el fruto de su amaño con Rosarioi un hijo 
bastardo que representa su esperanza. 

Si aceptamos las confesiones de Jorge Icaza como 
verfdicas en el trfptico Atrapados , observamos que él mismo 
disfruta de la costumbre de amaño. El autor vive en con- 
cubinato con su "señora Beatricita" y tiene un hijo bas- 
tardo. Además, su hermana Victoria estaba amañada con un 
"chulla mataperros" con quien también tiene un hijo bastar- 
do. 

El tema de amaño se origina en "Sed", "Éxodo" y 
"Mala pata" de Barro de la sierra . Los dos primeros cuen- 
tos exhiben la costumbre de amañarse en el campo y el últi- 
mo en la ciudad. Toda la narrativa posterior analiza este 
tema ya en el campo o en la ciudad. 

El alcoholismo 

Otra variante de la inmoralidad social es el alco- 
holismo. Este tema exhibe dos facetas en la obra de Icaza. 
Una es el alcoholismo como medio de escape por parte de in- 
dios y mestizos, y la otra es la bebida como símbolo y mani- 
festaciíSn de la depravación y decadencia de la clase diri- 
gente. 

Ambos aspectos se perciben fácilmente en Barro de 
la sierra . En la primera narracicSni "Cachorros" , Icaza trata 
de describir un ambiente de una miseria tan abrumadora que 



136 



le empuja al indio al escapismo del aguardiente y el del 
sexo. En este cuento desde muy temprano en la mañana las 
circunstancias que rodean al indio son tan repulsivas que 
no tiene otro remedio que darle rienda suelta a su imagi- 
nación» "Los indios, tirititando bajo los ponchos, cose- 
chan con la hoz de la imaginaci(5n, copas llenas de aguar- 
diente para engordarse de calorías. La orquesta de los 
sapos aligera el baile de las ilusiones" (BDLS., 9). 

En "Interpretación" , observamos c<Smo "amanece el 
lunes con las carreteras sembradas de indios que duermen 
la borrachera del domingo" puesto que según Icaza todos 
los indios hacen "domingo chiquito" o sea que siguen be- 
biendo el lunes para curar el "chuchaqui" del dfa anterior. 

El uso del alcohol como escape o hábito se percibe 
también en la mayor f a de los cuentos de la colección Seis 
relatos . En "Contrabando" , el autor está orgulloso de su 
"vieja dipsomanCa" y padece de una incorregible afición 
alcohólica. El cuento "Mama Pacha" ilustra la antigua cos- 
tumbre de emborrachar a los mingueros con aguardiente para 
que trabajen más y mejor. En "Barranca grande" se menciona 
cómo uno de los crímenes de la indiada es el de emborrachar 
las penas con guarapo los lunes por la mañana y se señala 
cómo el indio, inconscientemente la mayorfa de las veces, 
entra "por la calle de las guaraperfas del pueblo seguido 
de su mujer para pasar la noche del domingo perdidos en la 
inconsciencia de la borrachera" (SR. , 226). 



137 



El alcoholismo como variante de la Inmoralidad social 
reaparece en su novelística. Asf como en Barro de la sierra ■ 
en la novelística de Icaza observamos que el alcoholismo es 
una forma de fugarse de las condiciones miserables en que 
mora el indio. En Huasipungo Icaza demuestra c<5mo el alcohol 
embota el sufrimiento físico de los "runas" que trabajan en 
la minga» "A veces, la persistencia de tres o cuatro horas 
en el agua helada y fangosa acalambraba a un runa, pero los 
milagros del aguardiente liquidaban pronto las dificultades" 
(Huas., 92). 

El indio Andrés Chiliquinga en esta misma obra trata 
de borrar, sumiéndose en un estado de embriaguez* "un odio 
sin tim<5n y sin bníjula, un odio que vagaba a la deriva en 
su intimidad" (Huas., 144). Este es el odio ancestral que 
guarda el indio causado por los atropellos del blanco. En 
Huairapamushcas , Icaza manifiesta la necesidad del indio 
Pablo Tixt de adormecer la angustia causada por el abuso 
sexual del terrateniente Gabriel Quintana contra la longa 
Juana. El indio lucha por olvidar que en su choza le espe- 
ran dos niños medio blanquitos, fruto de la pasián gamonal. 
Entra en las guaraperfas y al pensar en la mujer y en los 
hijos no "opone mucha resistencia a la tentación de la em- 
briaguez — chicha, aguardiente, guarapo--" (Huair. , 548). 

Icaza indica también que el aguardiente es empleado 
para hacer trabajar a los indios y a los cholos en las min- 
gas y califica esta práctica de "embrutecimiento alcohólico 



138 



necesario para el máximo rendimiento" (Huas.f 92). En Cholos 
el nuevo terrateniente Montoya atrae a los huaslpungueros del 
viejo latifundista Peñafiel con aguardiente. 

El dolor perenne» compañero del indio, culmina con 
la pérdida de un ser querido. La muerte reúne a amigos y 
a familiares, quienes ahogan su pesar en la bebida. En los 
velorios, las mujeres "lloran hasta que los hombres les brin- 
dan la primera copa de puro que han trafdo bajo el poncho" 
(BDLS., 116). 

Según Icaza, el cholo revierte a la tradición india 
en busca de consuelo a su congoja. En Media vida deslumhra - 
dos el mestizo Seraffn Oquendo se encuentra perplejo ante 
las expresiones de dolor de su madre por la muerte del viejo 
Oquendo» Julia "ha bebido de firme tratando de matar algo 
que Serafinlto no sabe lo que es, no logra explicarse por 
qué su madre llora ahora como indio, sin descanso" (MVD., 46). 

El proletariado en la ciudad también busca refugio 
en el alcohol. En "Desorientaci<5n" , al mestizo Juan Taco 
"le sacan de las cantinas sin dejarle terminar sus tragos: 
la madre acecha en la puerta y la hija se desliza sobre cual- 
quier pretexto para arrancarle del olvido de su embriaguez" 
(BDLS., 97-98). Este encuentra alivio a sus problemas en 
el aguardiente. Bajo el efecto del alcohol es alegre pisar 
lodo. También se siente fuerte para acabar con los proble- 
mas sociales que lo acechan. Icaza señala que Juan Taco 
sufre de un delirium tremens. 



139 



La hufda de las condicones miserables que rodean al 
indio son aminoradas en el estado de embriaguez. El cholo 
huye también, no del ambiente sino de Si mismo. El chulla 
Romero y Flores, hijo bastardo de un blanco y una india 
lucha por apartar los fantasmas étnicos que lo acechan. El 
chulla "agarra la botella que al acostarse dejS en el suelo. 
La bes<5 con avidez tratando de ahuyentar las ganas de huir. 
De huir de sf mismo" (ECRF. , 721). 

Icaza indica que no son los indios los únicos que 
gozan de las bebidas alcohólicas. En "Sed", la dipsomanfa 
o la borrachera prevalece en el cuento e Icaza presenta, 
además del indio, al cura, al teniente político y a sf mismo 
borrachos. En "Interpretacidn" el autor presenta lo que él 
considera una tfpica velada de la élite social 

Según Icaza el efecto de la borrachera en el rico 
es opuesto al del indio. El indio escapa y el rico nutre 
las más bajas pasiones con las bebidas alcohólicas. El a- 
guardiente es vicio de los ricos y poderosos aunque por di- 
ferentes razones que las del indio en la narrativa de Icaza. 
El terrateniente Luis Alfonso Urrestas necesita del alcohol 
para gozar de su concubinato en la novela de Icaza En las 
calles . El gamonal Gabriel Quintana en HuairaPamushcas 
desata sus deseos sexuales con la ayuda del aguardiente. 
Icaza utiliza los efectos del alcohol para mostrar lo sucio 
que esconde la clase alta detrás de encajes y tules s 



140 



Poco a poco se ajaron los vestidos --en lo que ellos 
tenfan de difraz y copia--. Poco a poco se desprendie- 
ron, se desvirtuaron --broma del maldito licor--. Por 
los pliegues de los tules, de las sedas, de los encajes, 
del paño inglés, en inoportunidad de voces y giros olor 
a mondonguerf a , en estridencia de carcajadas, en tro- 
ptcalismo de chistes y caricias libidinosas, surgid el 
fondo real de aquellas gentes chifladas de nobleza, mos- 
tró las narices, los hocicos, las orejas --chagras con 
plata, cholos medio blanquitos, indios amayorados--. 
Rodaban por los rincones, por el suelo, sobre sillas y 
divanes --plaza de pueblo después de la feria semanal 
-- retazos de cascaras, tiras de pellejos — visibles 
e invisibles-- de Luis XIV, de la Pompadour, del her- 
moso Brúmrael, de Napolec5n, de Fouché, de JorRe Sand . de 
Greta Garbo, de Betty Davis, de Clark Gable y de dece- 
nas de decenas más de personajes de la cultura occiden- 
tal y del cine norteamericano. Sdlo Su Excelencia se 
retirá a tiempo. Se retiró antes de sentirse desbar- 
nizado, antes de que su aliento empiece a oler a mayor- 
domo, a cacique, a Taita Dios (ECRF., 694-95). 

El alcoholismo comparece en toda la narrativa de 
Icaza desde Barro de la sierra hasta su última novela Atra - 
pados . Las dos manifestaciones del temai el alcoholismo 
como escape del indio y del cholo y el alcoholismo como ex- 
presión de la depravación de la élite social ecuatoriana no 
muestran evolución a través de la narrativa. Icaza expone 
en Barro de la sierra la necesidad del indio y el cholo de 
huir de su miserable existencia. Sin embargo, en esta mis- 
ma obra, Icaza indica que el alcohol no sólo es una necesi- 
dad sino una expresión de la depravación de la élite social. 
Estas ideas no son alteradas en el tratamiento del tema en 
su narrativa posterior. 

La Prostitución 
Otro de los males dominantes de la sociedad ecuato- 



141 



riana es la prostituciárii En Barro de la s Ierra ■ Icaza no 
olvida mencionar este tema. La miseria crea la necesidad 
en la mujer de prostituirse y en el hombre de emborracharse. 
En "Desorientación" observamos el proceso de la creación de 
una prostituta a la edad de doce años. Claudinai hija de 
Juan Taco, llega a la degradacidn impulsada por el hambre 
y la necesidad. Claudina tiene ansias de ser una joven con 
medias y zapatos. Jugando a las escondidas, se vende a un 
tuerto por un medio. La necesidad puede más que su pudor 
y en la batalla interna vencen los deseos. 

"Un medio"... ¿Y la cara de taita Juan? Si le 
sorprendiera en este instante la mataría a palos. 
¿Por qué no le sorprende? ¿Por qué no viene a darle 
duro? "No has de jugar con los longos"... "Si te 
trinco jugando con algún cari, te mato"... (BDLS., 
110) . 

Tiempo después, cuando Claudina tiene dieciséis años, 
el mismo Juan Taco le insiste que venda su cuerpo para cubrir 
las deudas que han acumulado . 

La prostitucidn también aparece en la colección 
Seis relatos aunque ya bien en un país extranjero al de Icaza. 
En "Rumbo al sur" , Icaza presenta al típico burdel como uno 
"con catre, con traza de catafalco, luz roja o verde para 
acelerar la fiebre libidinosa, alfombra de colillas, algo- 
dones, preservativos, mesa cargada de chucherías, y en algún 
rincán o a la cabecera del lecho la imagen de un santo rodeado 
de flores de papel..." (SR., 147). 



142 



La prostitución es otra faceta de la Inmoralidad 
social que aparece con Insistencia a través de la novelística 
de Icaza. Media vida deslumhrados exhibe una escena común 
en los prostíbulos ecuatorianos. El ambiente es sucio y 
desagradable! El acto sexual se lleva a cabo "frente al 
guagua que ensayaba sus primeros pasos agarrándose de las 
cobijas, y al perro que se rascaba las pulgas del cogote con 
frulcldn de guitarrista" (MVD.i 114). El escándalo es parte 
integral de la vida de la prostituta. Esta está sometida 
a los abusos ffslcos de su hombre, quién después de apa- 
learla es siempre bien recibido. Icaza simpatiza con el 
estado abyecto y miserable de la prostitutai 

Su tragedla era, en realidad, sentir que a la noche 
le faltaban las fuerzas, le pesaba la cabeza, le moles- 
taba como bisagra enmohecida el dolor á la cintura, se 
le cerraban los ojos, obligándole a tenderse en su jeír- 
gdín, atenta a las exigencias y órdenes --a veces las 
cumplía con milagroso somnambulismo, a veces no-- de 
sus clientes noctumos--viejos dips(5manos de la pe- 
queña burocracia--, los cuales se congregaban allí por 
lo apartado, discreto y ecomdmico del lugar. Abonaban 
la cuenta por quincenas, saboreaban la dosis de alco- 
hol a sus anchas y al amanecer --el más resistente o 
el más audaz-- se acercaba con soberbia de "patrón 
grande, su mercé" hasta la cama hedionda, apartaba a 
los pequeños, y, sin escrúpulos de ninguna clase -- 
en forma normal o viciosa-- saciaba su lujuria sobre 
la chola dormida. Ella, atada a la inmovilidad de su 
cansancio, sentía el atropello. Un solo esfuerzo hu- 
biera sido suficiente para librarse del intruso. 
¡Nooo! Las gentes honorables y vigorosas no pueden 
comprender cúmo absorbe y degenera el pantano de una 
fatiga atesorada en años — es tan inevitable como el 
temor del vencido, como la indiferencia maquinal de la 
prostituta--. (ECRF., 729-30). 

La mujer tiene necesidad de prostituirse ya que en 



143 



el Ecuador a ésta no se le facilita la oportunidad de ganarse 
la vida en otra formai En Atrapados t Icaza recuenta la si- 
tuación menesterosa que impulsa a su madre a prostituirse. 
Siendo niño observa c<5mo su madre y su tfa fueron veja- 
das por unos clientes quienes las acusaron de robo y las ca- 
lificaron de "¡Gran putas!" (Atra.ilt 41). 

La prostitución también se practica en la élite so- 
cial. En este caso Icaza lo critica vigorosamente y lo ca- 
lifica de inmoral. En "Desorientación", Icaza hace alusi<5n 
también al adulterio y a la dualidad de normas existentes. 
El ño Luchito no se cascJ porque la sociedad estaba corrom- 
pida y el "noventa por ciento de las mujeres casadas adul- 
teran el matrimonio" (BDLS., 98). Según Icaza esta dualidad 
resultaba en que "el 90% de los hijos legítimos resultaban 
adulterinos" (BDLS., 98). 

Icaza señala en su novelística que la prostitución 
no es vicio solamente del vulgo sino que es también practi- 
cada en las más altas esferas sociales. En Cholos, la espo- 
sa del terrateniente Lucas Peñaf iel borra la deuda de éste 
con el latifundista Montoya al entregársele a su rival. En 
Media vida deslumhrados Icaza presenta a Laura, muchacha de 
buena posicidn, regalándose sexualmente a Seráffn Oquendo, 
pensando que éste poseía una gran fortuna. 

La prostitución aparece en los últimos cuentos de 
Barro de la sierra s "Desorientaciún" , "Interpretáciún" y 
"Mala pata" . Estos se desarrollan en la ciudad donde la 



144 



prostitución florece. Toda su narrativa posterior exhibe 
este tema pero en las iSltlmas novelas se acentúa su Impor- 
tancia.' Estas son HualraPamushcas que muestra la prostitu- 
ción en el campo; El chulla Romero y Flores , la cual muestra 
la práctica en la ciudad y Atrapados , donde el autor presenta 
los efectos de este mal social en su propia vida. 

Actos naturalistas 

La Influencia del naturalismo en los escritores 
ecuatorianos se vislumbra en la preocupación de éstos por 
describir escenas sexuales y violentas sin escatimar los 
detalles. En muchas ocasiones el énfasis en los pormenores 
sexuales y de violencia es chocante. Jorge Icaza sucumbe a 
estas prácticas en su narrativa. 

En Barro de la sierra , lo feo y desagradable salen 
a relieve e Icaza se empapa de este ambiente. Se aprecia 
uan manifestación de tipo naturalista cuando en "Cachorros" . 
el hermano de Manuelito cae enfermo a causa de las torturas 
de éste. La mama Nati, temerosa, cree que la enfermedad es 
un castigo de Dios y llama a una curandera. Esta diagnos- 
tica que el pequeño ha cogido el "cuichl" . La tínica cura 
es atrapar un cuy negro y frotar al niño hasta arrancarle 
el mal. En la segunda etapa se observa la enfermedad en 
las entrañas del cuy por contaminación del frotamiento. La 
violencia del acto es espantosa» 

Un intestino que se despereza de su largo tiempo de 
enrollo, hace su aparición por la boca abierta en el 



145 



vientre del animal. 



Extrae el hfgado como un cuajarán tembloroso de 
sangre. 

¿Qu¿ se le habrá perdido a esa mujer en la barriga 
del cuyt cuando busca con tanta insistencia» empapán- 
dose las manos de sangre? (BDLS.i 21). 

En Seis relatos , al igual que en Barro de la sierra . 
Icaza presenta escenas de tipo naturalista y a veces hasta 
de sádica violencia. El cuento "Barranca grande" muestra 
una escena supersticiosa pero al mismo tiempo de un natura- 
lismo crudo. . Veamos la. 



Entre tanto, la hembra arrinconada junto al altar, 
cara al muro para esconder en parte su impudor, se 
alz(5 camisa y "anaco" hasta el ombligo, y entre ayes 
y quejas se frotó con la vela el vientre deforme, el 
sexo piecador, y luego puso en la grande bandeja de 
hojalata- -donde se consumían una veintena de cirios 
de diferentes tamaños- -la ofrenda contaminada con su 
mal fntimo. (SR. , 228). 



Las escenas chocantes y naturalistas constituyen 
una constante expresiva en las novelas de Icaza. Abundan 
lo feo, lo desagradable, la miseria, la enfermedad, las 
aberraciones sexuales, la violencia y la ignorancia. Huai- 
rapamushcas muestra una escena de características natutra- 
listas donde la curandera, con procedimientos sórdidos, 
hace abortar a la longa Juana el hijo del terrateniente. 
La vieja desnuda a la india y la quema con candela del fo- 
gón por debajo del ombligo. La longa Juana "exaltó el his- 
terismo de la vieja bruja i muecas, aspavientos, rezos de una 
cabala imposible. Los espasmos de la enferma limpiáronle de 



146 



cenizos. Entonces 'mama señora' i abismándose en la huella 
que la cruz ardiente habfa dejado bajo el ombligo, dio un 
grito" (Huair., 483-84). La curanderat mientras recita 
exclamaciones supersticiosas» mete "las narices y las ma- 
nos en la mancha roja de la piel" (Huair. , 484) y extrae 
el feto. 

Las escenas naturalistas aparecen en descripciones 
de la violencia más soez. Icaza» por ejemplo, rememora 
con chocante vividez sus experiencias de niño. Atrapados 
muestra los sangrientos momentos que acompañan la cafda de 
Eloy Alfaro en el Ecuador. El odio y las bajas pasiones se 
desatan en un período en que reina el caos« 

El espectáculo macabro se preci-pit<5 sobre nosotros. 
Petrificados, miramos --ella arrimada al muro de un 
convento, alto y carcelario, extendido a lo largo de 
la cuadra, yo al borde de la vereda--. Pequeña muche- 
dumbre --figuras sudorosas de manos crispadas, de luz 
enrojecida por el odio en las pupilas, de pasos a ratos 
ligeros, a ratos felinos-- poseída de ciega y aceitosa 
crueldad por cumplir un impulso de morboso origen --de- 
vorar al ídolo--, arrastraba por el centro de la calle 
el cadáver de un hombre desnudo --cuerpo manchado de 
rojo a puñaladas, mutilado el sexo, sucios de sangre y 
de barro las barbas y los cabellos blancos, desarticu- 
lados los brazos--. De las cuerdas que el cadáver, te- 
nía amarradas a los pies tiraban un hombre corpulento 
--sonrisa y jadear de idiota-- y dos mujeres --estampa 
de burdel barato--. Tanto él como ellas aplacaban sus 
esfuerzos y sus remordimientos entre maldiciones y pa- 
labrotas. Rompía la marcha un cholo vestido de caba- 
llero de segunda mano. Llevaba en alto una bandera 
tricolor --alicaída, triste, avergonzada--. Atrás, 
una guaricha— follonuda, despeinada, hombruna-- exhi- 
bía con orgullo en la punta de un palo el miembro viril 
del cadáver --pingajo sanguinolento, mustio--. A los 
lados del cortejo --en defensa de la marcha de la tru- 
culenta tragedia--, una tropa de gentes de toda condi- 
cidn excitaba a los curiosos -- tono y gesto de dura 
amenaza--! 
--Adelante... Adelante... (Atra.,I, 89). 



147 



Escenas violentas retratadas en vivo naturalismo 
apéirecen en Atrapados i En la realidad . En ésta, una mujer 
es quemada viva. Huairapamushcas presenta al indio Pablo 
Tlxi enloquecido quemándole las manos en candela viva a sus 
supuestos hijos. 

Icaza no se abstiene de emplear la técnica natura- 
lista de hacer relucir brillantemente lo repugnante de la 
vida. Las prácticas religiosas no escapan estas descrip- 
ciones. En Cholos durante una procesión de la virgen los 
fieles enajenados caen en un estado de frenesí brutal i 

Se retorció la muchedumbre en desesperación de 
parturienta o de posesa, pidiendo las cosas más ab- 
surdas, los milagros más estúpidos, enseñando las 
enfermedades más repugnantes, sin pudor ni recelo. 
Había verdadera urgencia por exhibir llagas y tumores. 
Como los instantes eran preciosos al cholerío no le 
importaba rasgarse las vestiduras en una epilepsia 
mística para que 'La Zambitíca' vea con sus propios 
ojos los cuerpos atormentados por viejos males o in- 
curables llagas. El gesto dislocado del gentío subía 
de temperatura por segundos, logrando soldar todas 
las angustias individuales en una gran llaga que lle- 
naba la plaza, asfixiándose con hemotisis, cayendo con 
vértigos cardíacos. En escenas sucesivas pasaban 
miembros desnudos, gritos, rezos , temblores , todo 
envuelto en centros, ponchos, ropa interior sucia 
(Cho., 146). 

Escenas sexuales de tipo naturalista abundan en la 
narrativa de Jorge Icaza. En "Desorientación", Icaza pre- 
senta al sexo como otro de los escapes del pobre. Según 
Icaza, no existe el amoir sino el deseo camal. El placer 
del trabajador está empañado por las consecuencias que éste 
le trae. Sabe que cada encuentro con su mujer puede repre- 



148 



sentar un crfo más a alimentar y ya no puede con los que 
tiene. Debido a sus creencias religiosas la iónica forma 
de evitar los hijos es no acostarse con la Miche. Su Ifbi- 
do sexual lo lleva a un éxtasis naturalista. El deseo se- 
xual está envuelto en el ambiente hediondo que los rodea. 

Es tan sabroso que la Miche lo muerda hasta sacarle 
sangre; es tan sabroso cogerle a la Miche por los ca- 
bellos y arrastrarle por el cuarto..., después se le 
consuela dándole un nuevo hijo... se siente vengado. 
¿De quién? Tal vez de la Miche que llora echada en 
el suelo con los vestidos revueltos, hedionda a hem- 
bra, a cebolla, a mierda de guagua. 

Sueño... Sueñoooo! En vez del sueño se le presenta la 
figura de la Miche que se alza los trajes y se le sien- 
ta en la cara. Una cosa suave, tibia, babosa parece 
resbalarle por los ojos, por la nariz, por la boca, 
por la garganta, por el vientre (BDLS., 102). 

En "Rumbo al sur", Icaza describe con toques natu- 
ralistas la degradación y la actitud animalística de los 
hombres en cuanto al sexo y a la prostltucidn. 

Aglomerados y acezando de deseo frente al espectá- 
culo de una mujer desnuda que, echada de espaldas so- 
bre la cama, levantaba brazos y piernas en señal de 
protesta, los marinos se dejaban estropear duramente 
en su retirada por los empujones y puñetazos de los 
policías. En aquellas refriegas el masoquismo cris- 
paba el ansia madura sobre la promiscuidad del roce, 
de la tibieza de los cuerpos en muchedumbre, hasta 
humedecer, con humedad viscosa, los pantalones de los 
más impacientes. El fisgonero por las rendijas, por 
el ojo de las cerraduras, por el enrejado de la ven- 
tana lateral de cada vivienda- -formas Intimas abando- 
nadas a la entrega, vientres de movimientos perezosos, 
susurros de felicidad, muecas de hastío, sobre el bi- 
det el cansancio hediondo, las manos jugando con las 
caderas, con los senos, con el sexo- -también adelan- 
taba en muchos poluciones involuntarias (SR., 148). 



149 



A través de su novelística Icaza prodiga escenas 
sexuales con rasgos totalmente naturalistas. HuasipunRO 
expone las relaciones matrimoniales del indio. Segiín Icaza, 
el indio necesita manifestar su machismo entre el coito del 
"runa" y su hembra. Los abusos que sufre el macho los des- 
carga durante su relacián sexual con su mujer. Esta es re- 
cipiente de la pasián de su marido pasivamente. El acto 
sexual se parece más a un ataque violento que a una unián 
de éxtasis. A pesar de que la mujer es atropellada y gol- 
peada por el marido, ésta goza de ser poseída por su macho 
y si alguien tratara de defenderla protestaría! "Entrometi- 
du. Deja que pegue, que mate, que haga pedazus, para esu 
es maridu, para eso es cari propiu..." (Huas., 24). En 
Cholos aparece el abuso cumbre del marido sobre la mujer. 
La india Consuela, preñada por el terrateniente Peñafiel, 
da a luz un niño medio blanquito. Su marido al ver el crío 
embiste salvajemente a la adolorida india para desgarrar sü 
despecho de macho i 

La india parecía ofrecerse abierta y sangrante. To- 
da la repugnancia humana se troca en deseo. Record<5 
claramente la manera cdmo los machos del^cuy esperan 
el parto de la hembra i peleándose, mordiéndose, matán- 
dose si es posible, y cuando pare precipitándose el 
más fuerte para cubrirla, para hacerle suya. El era 
ahora el más fuerte, aun cuando no quería creerlo. El 
silencio le afirmé en un sí de murmullo de follaje. 
Hasta el monte no vendrán ellos. Había que apurarse, 
precipitadamente como el cuy. Se acosté sobre la par- 
turienta sangrante. Por fin tendría la seguridad de 
un hijo suyo. La india Consuelo intenté rehuir pero 
el longo rogé entre vehemencias de súplicas y érdenesi 

— Espera raticu. ... Espera raticu. ... Bunitica. 
... Ricurishca. 



150 



Se sacia con furia salvaje en ese sexo vivo y 
palpitante de dolor, repitiendo como un maniático! 
--Ricurishcas ¡Ricurishca! (Cho., 26). 

Este y otros actos sexuales y de violencia natura- 
lista surgen en "Cachorros" y "Desorientación" de Barro de 
la sierra . Los cuentos expresan este tema respectivamente 
en el campo y la ciudad. En su primera narrativa el tema 
naturalista se encuentra en estado embri(5nico. El feto 
madura en las obras posteriores, comenzando con Huasipungo 
y terminando con Atrapados hasta asumir magnitud monstruosa. 

La obra narrativa de Icaza desde su comienzo con 
Barro de la sierra hasta su culminación con el tríptico 
Atrapados , está robustecida con variadas y múltiples alu- 
siones a la inmoralidad social y actos naturalistas. La te- 
mática de la inmoralidad social con énfasis en los temas de 
amaño, alcoholismo y prostitución no muestra un proceso 
evolutivo. Icaza considera que estos vicios son constantes 
del comportamiento de una sociedad polarizada y degenerada. 
El indio y el cholo se emborrachan para escapar de su estado 
de ignominia y miseria. La mujer necesita vender su cuerpo 
para sobrevivir. El amaño es una costumbre ancestral basada 
en la necesidad básica del hombre y de la mujer. La crítica 
de Icaza se patentiza cuando los ricos también comparten es- 
tos vicios. El rico se emborracha porque es depravado. La 
mujer se prostituye por placer. La clase alta acoge el con- 
cubinato por dar rienda suelta a sus bajas pasiones. Icaza 
en Barro de la sierra , como en su narrativa posterior, dis- 



151 



culpa la "Inmoralidad" social del indio y del cholo pobre i 
pero la denuncia como depravación social tratándose de los 
adinerados. Icaza intensifica a través de su narrativa 
posterior la influencia naturalista que se evidencia en su 
colección de cuentos Barro de la sierra . El novelista es- 
tima que la mejor expresión de su protesta debe estar ma- 
tizada con descripciones chocantes que muevan al lector a 
una reacción de revulsión intelectual y de sublevación fí- 
sica. 



CAPITULO IX 
PREJUICIOS RACIALES Y CAMBIOS SOCIAIJIS 

Varias son las cultiiras y las razas del Ecuador. 
Su sociedad se compone principalmente de los descendientes 
de los colonizadores españoles i de los indios que éstos 
encontraron ahf en el momento de la conquista y de los 
mestizos que resultaron al mezclarse los blancos con los 
indios. Estos moran en la regi<5n de la Sierra. También 
hay tribus primitivas indígenas en el Oriente del pafs. 
En la regidn de la Costa habitan los negros y los montuvios 
que son los mestizos de la raza india con la negra. 

En este estudio nos concentraremos en las corrien- 
tes étnicas que ejercen su influencia en la Sierra i el in- 
dio, el cholo y el blanco, ya que en estos tres grupos hace 
hincapié el novelista Icaza. 

Se distinguen en la sociedad ecuatoriana tres cla- 
ses socioeconómicas básicas» la baja, la burguesía y la 
selecta. La clase baja está compuesta por los huasipungue- 
ros, que trabajan en la hacienda a cambio de un huasipungo 
y los proletarios de la ciudad. La clase baja ha sido some- 
tida a la explotación y la degradación de la clase alta o 
selecta. La clase baja también ha sido el blanco de los 
temas de protesta social de los escritores contemporáneos, 

152 



153 



y especialmente de los de la "generación del 30". 

La burguesía o clase media está compuesta princi- 
palmente de los funcionarios públicos i los militares y po- 
licfasi oficiales del gobierno, médicos, abogados, etc. y 
de cualquier otro miembro de la clase baja que ha recibido 
un tftulo universitario o ha adquirido una posicidn econó- 
mica respetable. 

La clase selecta se compone de los latifundistas 
de la sierra y de los industrialistas de la costa. Esta 
clase controla el escenario político y económico de la na- 
ción. 

Es la creencia de algunos estudiosos , entre ellos 
George Blanksten, que el factor determinante en el ascenso 
social es econíSmico y cultural en el Ecuador. Jorge Icaza, 
en nuestra opinión, no sostiene esta teoría en su obra sino 
más bien apoya las ideas de Antonio García, economista co- 
lombiano. Este considera que "el sistema, en su conjunto, 
se fundamenta en una estratificación social de base étnica, 
siguiendo los patrones hispano-coloniales." En la clase 
baja encontramos a los indios y negros. En el intermedio 
a los mestizos o cholos. En la clase alta a los blancos o 
descendientes españoles. 

El tema de la raza es uno de los más importantes en 
la preocupación social de Jorge Icaza. Ya en Barro de la 
sierra tenemos la semilla de la crítica que se presentará 
en sus obras posteriores. 



154 



Algunos de los escritores de esta época además de 
exponer los problemas que azotan la sociedad ecuatoriana se 
consagran a la tarea de encontrar una solucl<5n a éstos. Los 
novelistas discuten sus teorías para llevar a cabo los cam- 
bios sociales necesarios para mejorar las condiciones del 
pafs. Estas son entre otras» una revolucián marxistai la 
educación del pueblo, una reforma agraria y el uso de la 
tecnología extranjera. Icaza también se dedica, aunque no 
en forma abierta y directa, a buscar una solución a los 
problemas del Ecuador. Este tema, al igual que los ante- 
riormente discutidos, aparece temprano en su narrativa. 

El indio 

La sociedad ecuatoriana mantiene una rígida estruc- 
tura que no permite la mezcla de clases. Esta se rige prin- 
cipalmente por una jerarquía racial que coloca al blanco en 
la clase aristocrática, al mestizo en la media y al indio 
en condición de siervo. Esta división crea una sociedad 
en forma de pirámide con la gran masa india sosteniendo a 
mestizos y a blancos. La primera preocupación de Icaza 
es el problema del indio. En Barro de la sierra , en el cuen- 
to "Cachorros" , el taita José en un momento de intimidad con 
su hijo indio le revela que "tal vez le cuente el secreto 
de la esclavitud de una raza que sueña y le obligan ir a 
pie" (BDLS., 7). 

Icaza hace alusián al tema de conciencia social en 



155 



sus comentarlos raciales • En "Sed", el autor siente el 
temor y el odio del indio al ver su pelo castaño y sus bo- 
tas de señorito. Pretende no comprender por falta de con- 
fianza en el blanco. Por otra parte, el europeo de la ciu- 
dad tiene que considerar al indio un ser inferior para po- 
der vivir en la opulencia sin que lo torturen sentimientos 
de culpabilidad. En "Éxodo", el tema del indio y sus pro- 
blemas sigue siendo la preocupación primordial de Icaza. 
Los abusos de tantas generaciones, dice Icaza, han tenido 
como consecuencia una raza sumisa que solamente puede so- 
brevivir siendo indiferente a tales atropellos. 

Ahora se acuerda claramente de aquella mañana cuando 
su hermana desapareció por la puerta del donnitorio del 
patrón chiquito llevando una taza humeante de café con 
leche. De pronto se oyen gritos, gritos desesperados 
que enronquecen al golpear en la indiferencia del mayor- 
domo que amarra un gallo en la esquina del patio, la 
indiferencia de la cocinera que sigue poniendo el café 
en las tazas para los otros patrones, la indiferencia 
de las indias vírgenes que siguen fregando los platos 
y esperan el tumo que les llevará a la experiencia 
última, al bachillerato que les deje aptas para su tra- 
bajo en el campo, para su matrimonio y su vida de hogar; 
la indiferencia de la casa, la indiferencia que ha he- 
cho la costumbre, su indiferencia contagiada por las 
otras indiferencias (BDLS., 75). 

El tema racial sobresale durante todo el cuento. 
Icaza señala la opinión que tiene el europeo de los indios 
al comentar que son incapaces de luchar, pasivos e idiotas. 
Los blancos le consideran "raza inferior incapaz de palpitar 
con las grandes inquietudes del siglo..." (BDLS., 85). 

Los prejuicios raciales y la descriminación contra 



156 



el Indio, no salo por parte del blanco, sino por parte del 
mestizo o del cholo, el complejo de inferioridad racial 
manifestado por los cholos y el éxodo como frustado medio 
de salvación, aparecen de una manera explícita y directa en 
la colección Seis relatos . En "Contrabando" , Icaza presen- 
ta al indio que es llevado a un congreso de Etnología para 
ser estudiado como un ser que nadie quiere, ya que todo el 
mundo protesta "por los piojos de la cotona... Por los malos 
olores del poncho. Por el sombrero viejo. Por las alpar- 
gatas podridas" (SR., 12). En "Mama Pacha", Icaza alude al 
hecho de que a los indios "se les mira nacer con asco, se 
les explota sin misericordia, y al final se les mata o se 
les deja morir..." (SR., 73) y menciona los efectos que pro- 
duce la falta de "aquella masa humana donde el cholerío es- 
taba acostumbrado a ejercitar, sin restricciones, la codicia, 
el desprecio, la crueldad, la lujuria" (SR., 82). 

En "Barranca grande", Icaza muestra el desprecio que 
el típico mayordomo cholo siente por el Indloi 

— Ave María, patruncltu. 

— ¿Quién es, pes? 

— Yu, pes... Jusé Slmbaña. 

— Slmbaña... Slmbaña... ¡Ah, ya! El Indio perdido... 

¡Runa ocioso, por fin te asomaste, cara jo! 
— Muriendo mujer pes, patruclnto. . . 
— ¿Mujer? ¡Ah! ¿Estabas amañándote? Indio del carajo, 

corrompido ... 
--Vengu a rugar pur vida de su mercé qul haga adelantar 

la platica para enterrar a la guarml. 
--¡Borxacho! ¡Indio perro! 

Los cara jos, los Insultos y las maldiciones del cholo 
mayordomo aplastaron las Insistentes súplicas del Indloi 
--Pur caridad patruncltuuu. . . 
—¡No! ¡Fuera, carajo! (SR. , 235-36). 



157 



Como hemos señalado con anterioridad el indio y el 
cholo son los temas más importantes de la obra de Jorge Ica- 
za. Su preocupación por las diferentes razas que componen 
la sociedad ecuatoriana es patente desde Barro de la sierra 
y constituyen los temas primordiales de toda su novelística. 
A través de ésta, se vislumbra que el blanco es el culpable 
de los complejos de raza del indio. El indio es propiedad 
del blanco quien lo vendOi comprai maltrata y sacrifica como 
si fuera un animal de poco valor. Este trato ancestral ha 
convertido al indio en un ser insignificante i ignorantet 
indiferente e inofensivo. El indio se ha sumido en un esta- 
do de letargo del cual le es difícil escapar dado su comple- 
jo racial. 

En Huasipun>>o Icaza denuncia la modorra angustiosa 
que padece el indio t 

Y asf se deslizaron las horas sobre una modorra 
angustiosa. Una modorra que brinda al indio esa con- 
formidad amarga y reprimida de ios débiles. ¿Quién era 
él para gritar, para preguntar? ¿Quién era él para in- 
quirir por su familia? ¿Quién era él para disponer de 
sus sentimientos? Un indio. ¡Oh! El temor al casti- 
go --desde todos los rincones del alma, desde todos los 
poros del cuerpo-- crecid entonces en su expiación de 
secretas rebeldías de esclavo (Huas., 42). 

Según Icaza, el indio está consciente de su posicián 
en la sociedad. Su problema y dolor son secundarios al del 
cholo y el blanco. En Huasipungo el indio Andrés Chiliquin- 
ga tiene que dejar a su esposa moribunda por tener que aten- 
der el trabajo que le impone su amo blanco. El indio busca 



158 



sustento mental para su trance i 

Para los demás — cholos f caballeros y patrones — , 
los dolores de los indios son dolores de mofai de des- 
precio y de asco. ¿Qué podía significar su angustia 
por la enfermedad de la india ante las complejas y 
delicadas tragedias de los blcincos? ¡Nada! (Huas., 
139). 

El pesimismo es compañero inseparable del indio. 
Hasta los cambios sociales que pueden mejorar la vida del 
indio resultan un agravante más. La industrialización del 
pafs y el empleo de maquinaria en la agricultura en vez de 
ser beneficioso para el indio le hacen perder su sustento. 
En su novela En las calles , los tractores y la máquina hacen 
al indio una " carga" . 

El destino del indio es la mala vida y los sinsa- 
bores. La educación está más allá de las posibilidades de 
sus crfos. En Atrapados sobresalen los prejuicios raciales 
que sufre el indio con respecto a la educación como una so- 
lución al problema del indio. El mayordomo protesta la edu- 
cación del indio» 

— Adefesio. ¿Dónde se ha visto un mna del monte 
en la escuela? El trabajo en los cañaverales, en los 
pantanos, en los bosques, es el destino de estas gentes, 
pes. (Atra.,I, 16). 

La génesis del tema indigenista se encuentra en los 
tres primeros cuentos de Barro de la sierra » "Cachorros" , 
"Sed" y "Éxodo" . Estos muestran por primera vez en la narra- 
tiva de Icaza las penurias del indio de la sierra ecuatoriana. 
Estos relatos constituyen la semilla del tema primordial de 



159 



Icaza. Este tema más tarde florecerá en sus novelas indi- 
genistas t HuaslpuHRO y En las calles . Aunque en menor grado, 
en Seis relatos , Huairapamushcas y Atrapados también se exa- 
minan las tribulaciones del indio ecuatoriano. En toda la 
narrativa de Icaza no se percibe alteración alguna en el 
tratamiento del tema. Desde Barro de la sierra hasta Atra - 
pados el indio es un ente inofensivo y sumiso. Aunque Icaza 
señala que la inactividad del indio es el resultado de siglos 
de dominacidn blanca, éste es caracterizado como un ser des- 
preciable. 

El mestizo 

Aunque el indio es el primer objeto de la denuncia 
de Icaza en Barro de la sierra y en sus primeras novelas 
Huasipungo y En las calles , son el cholo y sus tribulaciones 
raciales los que ocupan lugar preponderante en su narrativa 
posterior. Icaza extralimita el significado del mestizo al 
considerarlo algo más que la uni«5n de dos razas. Para el 
autor el mestizo es todo aquel que mezcle dos culturas aun- 
que no haya unián racial. Su definici<Sn del cholo ecuatoria- 
no incluye tanto al de piel y ojos más claros que imita al 
blanco como al indio que se pone el poncho con las alpar- 
gatas i 

Muchedumbre en registro completo de un cholerío en 
plena transformacidn de mestizaje --cultural y racial — . 
Indios que han dejado el sombrero de lana dura y las 
hoshotas por el capacho y las alpargatas, sin abandonar 
el poncho, la cotona y el calzón de liencillo; indias 



160 



que han sustituido el anaco y el rebozo por los follo- 
nes y el pañolón , descalzas i luciendo bordados de vi- 
vos colores en la pechera. Longos de camisa de caba- 
llero --pringosat desabrochada-- bajo el poncho, de 
pantalón de casinete --remendado, descolorido-- y de 
zapatos viejos, hediondos, ajenos; longas de cabellera 
peinada en trenzas anudadas con pabilo o con cinta co- 
mo tripa, de blusa larga de tela brillante y encajes 
de calar y de colgar, de centro de bayetilla, de al- 
pargatas. Cholos propiamente dichos --algo de claro 
en los ojos y en la piel, algo de turbio en el mirar 
solapado y en el decir que recuerda al runa--, de ape- 
llido de señor latifundista --cedido o usurpado--, de 
vestir --botines gruesos y sucios o botas y pantalones 
de jinete en desgracia, de americana de casimir cubier- 
ta de polvo, de chaleco de botones diferentes-- y de 
gustar --aguardiente, chicha, ají, hembras gordas, 
alarde de cohetería, machismo rumboso, saber de cuen- 
tos y de supersticiones, tierras e indios propios--, 
en imitación incondlcional--respeto, miedo, venganza 
--al "amo, su mercé, patrón grande"; cholas propiamente 
dichas de nalgas flacas en pomposidad de follones o de 
polleras, de senos abultados, sueltos, flojos, de al- 
pargatas la mayoría --zapatos de tacones bajos sdlo 
para ir al pueblo, a misa o a la feria--, de pañolón 
sucio y deshilado de diario--lujo de mantón de seda 
reservado para las solemnidades religiosas--, de tren- 
zas o de copetes, de nudos o de peinetas, de exagerada 
mímica al hablar, de gesto lerdo de comprender (Atra., 
II, 93-94). 

En Barro de la sierra observamos la penosa situación 
del mestizo. En "Cacharros" el cholo Manuelito saca a cola- 
ción la superioridad de la raza europea sobre la india y 
muestra la actitud característica del cholo al despreciar 
y considerar a los indios una raza inferior. El indio no es 
solamente menospreciado y maltratado por el blanco sino tam- 
bién por el cholo o mestizo. Desde su punto de vista de 
niño mestizo Manuelito llega a la conclusión que él no puede 
ser protagonista de cuadros repulsivos ya que "él no tiene 
los ojos como papas chauchas, además, él no es tan renegrido. 



lól 



El señor curai cada vez que le encuentra le acaricia los 
cabellos I el patrtfn le da panes y las indias se pelean por 
besarle en la boca. Vale mucho. A él no le frotarán nunca 
con cuy negro, él no es longo... El vínico que tiene derecho 
de exigir es él, su piel mestiza, sus cachetes rojos le dan 
derecho..." (BDLS., 21). 

El complejo de inferioridad racial que manifiesta el 
cholo aparece en el primer cuento de Seis relatos , "Contra- 
bando" . En éste, el inspector de aduanas considera a los 
indios su vergüenza y se enoja ferozmente cuando lo llaunan 
"Indian bastard" . En "Mama Pacha", el cholo Pablo Cañas, 
"medio blanquito, en plena metamorfosis hacia el caballero 
Importante", desea "librarse de lo que él creía la ofrenda 
de su origen" (SR., 65) y por medio de sus pensamientos Icaza 
señala el complejo que tienen todos los cholos acerca de su 
origen indio» "¡SÍ, voy a enterrar a mi madre, la india, la 
vieja. Mama Pacha...! ¡Todos la conocen y la llevan! Unos 
más, otros menos. ¿No lo sabían, cholos del carajo? ¡Ha 
muerto... Ha muerto...! También deben huir como los indios. 
Pero se aguantan. ¡Se aguantan por no denunciarse! ¡Me de- 
jan solo! Ninguno quiere ser lo que en realidad es..." (SR., 
66). 

El cuento "El nuevo San Jorge" señala la discrima- 
ci<5n del patr<5n hacia el cholo y la opinión que aquél tiene 
sobre éstos i 

— Hermosura sin forma definitiva... Ni en el caballero, 
ni en el indio... Hijo de todas las pejnras del mundo. 



162 



--¡Silencio, cara jo! --vocifera el santo de Tambocolla 
ciego de ira, vibrante de crueldad en el látigo. 
No podía soportar que se hurgue en el secreto de su 
origen. 

— No eres nada... Eso te corroe, te infecta. 

--¡Soy el más bueno! 

— Bondad de actitud rastrera, de astucia esclava. 

--¡Soy el más sabio! 

— Sabes odiar en silencio. ¿A quién? ^ A los tuyos. 
Sabes venerar sin reservas. ¿A quién? A los ajenos. 
¡Infeliz! (SR., 194). 

En esta colecci<5n Icaza alude al hecho de que los 
indios son una necesidad econáraica, y por eso se les sopor- 
ta, puesto que su servidumbre es un ingrediente esencial de 
la explotación latifundista e industrial. Aún los mismos 
cholos se niegan a hacer tales labores pues las consideróin 
puramente para indios. Aquf se demuestra una vez más el com- 
plejo de inferioridad racial del cholo, su batalla constante 
por ser algo y su creencia de ser superior al indio, al cual 
no vacila en descrirainar. 

— Han desaparecido los runas de todas las partes, patrdn. 
Ni para remedio ha quedado unito. ¡Parece cosa del dia- 
blo! 

— ¿Y cihora qué hacemos con el ganado, con el riego, con 
las sementeras, con el desmonte?^ 
--Sin brazos, que también se hará pes, su mercé. 
— Hasta las indias servicias han desaparecido. Los 
huasicamas, los longos güiñachishcas. 

--¡Dios nos ampare! La patrona ha tenido que meterse a 
la cocina. ^ 

— Pero esto no puede durar... ¡Nos acabaríamos! (SR. , 
77). 

Ante la proyectada substituci<Sn de los indios con 
cholos, éstos reaccionan categáricaraente en contra puesto 
que: 



163 



Somos lo que no queremos seri pes... Tendríamos que 
vivir pegados a ese trabajo... Como el trabajo mismo... 
Ser gente de huastpungo. . . 

--Dios nos guarde- -afirmtf instintivamente el coro de 
mayordomos y gañanes interviniendo en el diálogo. 
--Tendríamos que llevar a las guarmis y a los guaguas 
a ese trabajo para poder cumplir con la jomada... 
— Ave María. 

--Tendríamos que renunciar a nuestros animales grandes i 
las vaquitasi las muías... Ir siempre a pie... Vivir 
en lo más distante del páramo, de la selva, del panta- 
no... 
— ¡No! 

— Tendríamos que morir en la choza, a la orilla de un 
barranco ... 
— fíi hablar de eso! 

— Tendríamos que volvemos indios a la fuerza... y 
siendo indios tendríamos que desaparecer por la muerte 
de Mama Pacha ... 
"¡Jamás! (SR., 80-81). 

Desde pequeño el cholo aprende que la vida del 
indio se compone de trabajo y privaciones, por lo tanto el 
mestizo trata de escapar el destino de sus hermanos, aunque 
esto represente renegar de sus padres. La sociedad le enseña 
al cholo que por ser medio blanco vale más que el indio. 
En Cholos el hijo de la longa Consuelo y del latifundista 
Peñafiel esconde su origen para no ser clasificado como indio. 
Al oiri "'Medio blanquito está'. Surgid la idea de engañar. 
Se trag<5 la memoria de los padres , de la choza . . . ¿Quiénes 
eran? ¿D<Snde estaban? 'Sois un indio, tenis qui disquitar 
trabajandu' . El no era un indio. Se calla " (Cho., 46). 

Huyendo de sus ascendientes y por emular al blanco, 
el cholo se convierte en el sirviente del blanco y el verdu- 
go del indio. En Cholos , el liberal Luquitas informa al cho- 
lo Guagcho que "claro, has sido siempre el instrumento incons- 



164 



cíente de ellos" (Cho., 229). El cholo no se conforma con 
ser "medio blanquito" , necesita borrar todo rastro de su 
procedencia india. El cholo pretende llegar a caballero 
blancOi y aunque sabe que es mestizo cuando le llaman cholo» 
"la palabrai asf, dicha con desprecio, le hiri(S más duro 
que una bofetada. El no quería que le tomen por un cholo, 
algún dfa serfa señor de zapatos, para eso era blanquito" 
(Cho., 135). 

El cholo trata de escapar el estigma racial, al no 
lograrlo, lucha porque su vastago lo alcance. El cholo Se- 
rafín en Media vida deslumhrados sueña con tener un "guagvia 
rubio" . Para asegurar el acontecimiento impulsa a su esposa 
a tener relaciones sexuales con el gringo. 

A pesar de que el mestizo es miembro de la clase 
media, su vida no es menos trágica que la del indio huasi- 
punguero. El cholo, además de no gozar de sustanciales ven- 
tajas económicas, pierde su identidad cultural al ser el 
resultado de dos razas. El requisito es vestir y hablar un 
fKDco mejor. Sin embargo, la entrada en la clase selecta es 
prácticamente imposible. Es necesario además de dinero e 
influencia, ser blanco. Tal es el caso del rico cholo Don 
Enrique en "Interpretación" de Barro de la sierra . Según 
Icaza, hay un estigma en la raza india del que el indígena 
no puede escapar. Don Enrique es un indio que con dinero 
ha podido comprar mujer, posición social y amigos, pero no 
un color diferente de la piel. El dinero ha desviruiado un 
poco su color, pero no lo suficiente para ganar el amor de 



165 



su esposat El ex-indlo manifiesta un mecanismo de defensa 
al querer esconder su origen y odiar "a todos aquellos que 
perdieron el ascensor en el edificio de los pisos sociales" 
(BDLS.i 123). Prefiere como "buen indio con dinero" que 
se le llame ladran antes de señalarle su indiez. A su vez, 
la esposa blanca no esconde su desprecio por la raza india. 
Califica a don Enrique como "indio estúpido, indio repugnan- 
te, indio" (BDLS., 123). Los prejuicios contra el indio, 
algo de lo que según Icaza nunca escaparán, son manifesta- 
dos de una manera directa por la esposa del ex-indio, la 
cual siente repugnancia y repulsión hacia su esposo: 

— Señora, el baño está listo. 
--¿Bien limpio? 

— Salo hace una hora que se baña el señor. 
--Ya te he dicho que cuando el señor se bañe tienes 
que desinfectarme la tina (BDLS., 128). 

Este aspecto del tema racial es reincidente y es 
analizado minuciosamente en la novela Cholos . Alberto Mon- 
toya es un cholo adinerado que visita la capital para hacer 
negocios y gastar sus ahorros. Según Icaza su apariencia 
serfa la de todo un caballero si no tuviera "el bigote de- 
masiado ralo, cafdo como el de un chino, los p(5mulos promi- 
nentes y el cabello negro y rebelde" (Cho., 11). Sus faccio- 
nes cholas le hacen sentirse inferior al blanco. Montoya 
continuamente se humilla ante el latifundista Peñafiel a 
I>esar de que éste es el deudor del cholo. 

Icaza considera que el cholo se siente vejadoi sin 



166 



embargo imita al blanco . Montoya sufre su máxima humi- 
llacidn en una fiesta concurrida por linajudos miembros de 
la clase selecta. Estos se entretienen en pregonar la no- 
bleza de sus familias . El cholo, quien se encontraba bajo 
los efectos del alcohol, al llegar su tumo grita: 

— Yo soy Montoya... 
Su nombre le angustió más, se le clavó en su peque- 
nez fntima. Con gesto doloroso y esperanzado ter- 
minó: --...pero diera mi vida por ser Arteta! 
(Cho., 162). 

Con este desliz Montoya se convirtió en el hazrae- 
reir de los invitados. 

Los integrantes de la clase selecta se preocupan 
por el problema racial del Ecuador. Icaza señala que la 
clase alta ecuatoriana simpatiza con la idea de mejorar 
el problema racial del cholerío. Para llevar a cabo este 
proyecto es necesario mezclar la sangre de hombres limpios, 
fuertes y blancos con la raza inferior del cholo. En re- 
sumen: " — una orgfa de gringos sobre carne india y chola" 
(Atra.,111, 44). 

Son "Cachorros" e "Interpretación" los cuentos de 
Barro de la sierra que exhiben el interés de Icaza por el 
cholo. Icaza continúa el estudio del cholo y desarrolla su 
análisis del mestizo en Cholos, Media vida deslumhrados y 
Huairapamushcas . El tríptico Atrapados es un compendio de 
sus preocupaciones raciales. 

El mestizo es, como el teniente político, tema contra- 



167 



dlctorlo en la narrativa de Icaza. El cholo a veces es 
verdugo del indio pero las más es vfctima del blanco. Esta 
representacidn paradójica del mestizo aparece desde "Inter- 
pretación" de Barro de la sierra hasta Atrapados . 

La solución 

Es aparente la vasta brecha existente entre las 
diferentes clases sociales del Ecuador. La clase selecta 
goza de todos los privilegios mientras la clase baja vive en 
condiciones abyectas. La burguesfa ejerce suficiente influen- 
cia y disfruta de muchos más beneficios que la clase baja. 
Además f el problema racial del blanco, el mestizo, el indio 
y el negro se encuentra estrechamente ligado al de la estruc- 
tura social y la económica. Los pensadores del pafs se han 
dedicado afanosamente durante años a la ardua tarea de encon- 
trar una solución aceptable a estos conflictos. 

Jorge Icaza es uno de los intelectuales ecuatorianos 
preocupados por resolver los problemas de la sociedad. Ya 
en el cuento "Éxodo" de Barro de la sierra se puede observar 
una serie de sugerencias para llevar a cabo cambios en el 
sistema social. La primera es el éxodo, pero hacia ¿dónde? 
En la hufda, el indio, según Icaza, no encuentra una solu- 
ción ya que se enfrenta con las mismas condiciones adonde 
quiera que se dirija. 

Lleno de esperanzas empezó a buscar trabajo por toda 
la región, no tuvo que andar mucho, a la vuelta de un 
recodo del camino tropezó con el amo propietario de 



168 



toda esa tierra fecunda i con un amo tan liberal y 
honrado como don Miguel, con un hombre que pagaba^el 
mismo jornal de la sierra, con un macho que escogía 
las hijas y las mujeres de la peonada para que la sa- 
tisfacción sexual le salga gratis, con un aristócrata 
amigo fntimo del cura, del cura que hace seis fiestas 
al año a San Jacinto con la plata del obrero (BDLS.,89). 

En Seis relatos , Icaza indica una vez más el deseo 
de huir que apresa al indio y lo califica como "novísimo en 
acción, muchas veces centenario en fntimo deseo insatisfecho" 
(SR., 59). Según Icaza, tal "tentación descabellada y vehe- 
mente" de huir está siempre presente en la mente del indio 
y el cholo. Al mismo tiempo Icaza alega que no hay escape 
puesto que donde quiera que van encuentran las mismas condi- 
ciones. A la pregunta ¿Pero, hacia dónde? Icaza contestai 
"¿Hacia la aventura? Tal vez. Pero hacia la aventura-- 
tSnica para ellos--de la vida cuotidiana, sin apelación po- 
sible. A la aventura en redondo, que se muerde la cola para 
garantizar inmutable realidad... A la aventura que al trai- 
cionarse a sf mismo se transforma en espera, en espera de la 
muerte" (SR., 163-64). 

En su novelística los cambios sociales se manifiestan 
en la misma foirma que en Barro de la sierra . El éxodo es re- 
incidente como inmediata solución a los problemas del indio 
y el cholo. En las calles presenta cómo los hombres y las 
mujeres de Chaguarpata abandonan el pueblo huyendo del palu- 
dismo y del hambre. Los emigrantes van en busca de vm nuevo 
porvenir.. La desilusión se apodera de ellos al comprender 
que después de atravesar páramos, montañas, valles y largos 



169 



caminos durante la noche y el dfa no encuentran un lugar 
donde no esté el temido latifundista. ¿Después de "soñar 
en un nuevo destino, vuelven a caer bajo la sombra, bajo la 
garrat de quien pensaron libertarse? ¿Cdmo era posible? 
¿Es que no hay rincón en el mundo donde no está él? ¿D(5n- 
de sus hilos de araña no imperen y succionen? ¿Dénde...?" 
(ELC., 88). La huida a la ciudad es tan frustrante como la 
búsqueda de nuevas fronteras en el campo. El ex huasipun- 
guero José Manuel Játiva verifica el atropello que existe 
e indica que existe "lo mismo en el campo que en la ciudad" 
(ELC., 158) para el indio y el cholo. 

Sin embargo, los cambios sociales no son siempre 
beneficiosos para el trabajador. La mecanizacién estable- 
cida por los "gringos" en el páfs, la cual representa un 
avance para la economfa de la República, significa el des- 
empleo del proletario. En "Desorientaciún" las ilusiones 
de Juan Taco de una vida mejor se van disipando a medida 
que transcurre el tiempo. Tres grúas sustituyen a sesenta 
obreros encargados de descargar los trenes. Ahora el tra- 
bajo que tomaba horas lo hacen las grúas en minutos. Esto 
en vez de ser una mejora en las condiciones de trabajo se 
convierte en el desempleo de los obreros t 

. . .Esas tres grúas que absorberán dfa y noche todos 
los quintales de sal, arroz, maíz, vaciando los carros 
e hinchando las bodegas, tienen la culpa; han venido 
a desvalorizar las espaldas cuadradas, a dejarlas con- 
vertidas en risibles guiñapos arrlnconables al canasto 
de basura de la miseria (BDLS., 105). 



170 



En su narrativa posterior el tema reaparece. En 
Media vida deslumhrados observamos que según Icaza el po- 
bre ecuatoriano se encuentra en constante espera de un 
mundo mejor; La llegada del gringo y la industrializacidn 
es recibida por el trabajador con gran iluslcSn. El gringo, 
acostumbrado a las condiciones favorables de trabajo del 
obrero de los pafses desarrollados, ofrece ventajas econd- 
micas al trabajador ecuatoriano. El latifundista y el in- 
dustrial ecuatoriano no demoran en adoctrinar al gringo para 
reducir los jornales y mantener las condiciones miserables 
del trabajador. El jornalero se queja de su sino» 

Pero al gringo c(5mo li'a de ocurrir pes tratar con 
verdugo. Antes siquiera teníamos la esperanza di 'aca- 
bar con él, aura si 'a hecho verde... Si querfa la 
selva tan, por qué ni'ablá pes con nosotros... (MVD., 
164). 

También en Barro de la sierra , Icaza propone que la 
solucién al problema del indio es "buscarse una reivindica- 
ción propia y urgente" (BDLS., 89) --cualquiera que sea la 
forma. En el cuento "Desorientacién" por medio de una crf- 
tica de la sociedad vemos que la necesidad hace moral el 
crimen. Se roba ya que el llanto de un niño que pide pan 
es más doloroso que el desprecio del adinerado o de las 
deudas que crecen. Juan Taco vivid mientras pudo bajo los 
cánones de la iglesia y la sociedad. Pero la vida le en- 
seña que esa no era la solucidn. 



171 



"Fármate tu hogar, asC lo exigen la moral, las leyes, 

la sociedad. 

Ahora tiene esposa legftima, hijos legítimos s 

mas nadie se acuerda de darle comida legítima... (DOLS., 

112). 

Asf mueren las esperanzas de Juan Taco, toma fuerzas 
en su mente la conciencia de una revolución proletaria. 
Juan Taco se siente vejado al acudir a su ex-patrán, quien 
lo humilla con sus razonamientos burgueses. Juan Taco se 
considera impotente para ir él salo contra las grandes caso- 
nas, pero "si todos los de su clase cerraran los puños, en- 
tonces serfa un bosque de manos cerradas , amenazantes" (BDIS . , 
115). 

Icaza, durante la borrachera de Juan Taco, señala 
cuál es la salvacicSn del trabajador. Piensa el cargador 
que "s(5lo nosotros podremos hacer la... Ah." (BDLS., 119). 
Siente la revolución pero no sabe expresarla. Necesita de 
alguien o algo que lo encauce en una lucha contra el pode- 
río de la burguesía imperante. Desorientado, Juan Taco "ha 
presentido la verdad, le hormiguea en su yo, pero no puede 
plasmarla" (BDLS. , 119-20). 

Icaza sugiere la rebelión muy veladaraente en "El 
nuevo San Jorge" . Aparentemente está más interesado en 
mostrar que la línica salvación de los pobres indios y cholos 
consiste en que nazca un nuevo, honesto y verdadero líder y 
no un "Jorge Cardona" que se transforma en un dictador más 
cruel que el patrón una vez que se ve con poder. Sobre 



172 



este punto, Ferrándlz Alborz comentai "La salvación ha de 
ser de raíz comunitaria, tal como son las vivencias indíge- 
nas. Un ser que sea la expresión de la voluntad de todos, 

2 

del dolor del todo, de las ansias de todos." 

La rebelión del pueblo es otro cambio social que 
reaparece en la novelística de Icaza después de haber sur- 
gido en Barro de la sierra . El grito de protesta del indio 
se manifiesta en una rebelión desorientada que acaba con 
los cadáveres indios entre los escombros de las chozas con 
el murmurio de "¡Ñucanchic huaslpungo! --¡Ñucanchic huasi- 
pungo!" (Huas., 171). 

En la ciudad la insurrección es más organizada. 
En En las calles . Icaza presenta una huelga de obreros. 
Los trabajadores se sublevan para conseguir mejores condi- 
ciones de trabajo. Las autoridades, avisadas de antemano, 
aplastan la rebelión antes de que ésta pueda tener el efecto 
deseado. 

El indio lleva dentro de su ser la protesta de la 
injusticia que sufre pero los años de castigo callan el ala- 
rido! 

El longo lleno de terror no sabfa lo que le pasaba. 
En lo más recóndito de su ser habfa una protesta, un 
débil alarido de reacción ante la injusticia. ¡Menti- 
ra!, era la sola palabra que se agrandaba en él, sin 
conseguir la ruptura de un hermetismo enraizado en el 
cincestro (Cho., 156). 

A través de su narrativa se discierne que las pro- 
testas y las rebeliones resultan intentos baldíos para llevar 



173 



a cabo verdaderos cambios sociales. Las revoluciones se 
convierten en campos de batalla donde Indios y cholos se 
matan sin conseguir ningún cambio en estructura social. 
Icaza no proclama abiertamente que los cambios sociales se 
consiguen a través de una revolución. Hay un grito de re- 
bellón, pero éste se pierde en la noche» 

--El coraje cholo acabará con la Injusticia. 

— Eso sería bueno. 

--Con el abuso. 

--Ojalá. 

--Con la gran cárcel. 

--¿Cuándo: 

--¿Cuándo, pes? --Interrogó al cielo tenebroso el 
"Falo Apolillado" , sintiéndose perdido en medio de 
la oscuridad impenetrable de la pregunta y de la 
noche (Atra.,II, 245). 

A pesar de que Icaza critica desde el principio 
hasta el fin de su narrativa el sistema gamonal que predo- 
mina en el Ecuador, no sugiere solución alguna tal como una 
refonna agraria al estilo de Cuba o de Chile. Tampoco se 
observa en la narrativa de Icaza que éste sea partidario de 
una revolución marxista como solución de los problemas del 
pueblo ecuatoriano, ya que a pesar de presentar en Barro de 
la sierra y en sus novelas Huasipungo . En las calles y Atra - 
pados la rebelión del pueblo, el resultado es nefasto inva- 
riablemente. 

No ajiarece una solución clara a los problemas polí- 
ticos, económicos y sociales del Ecuador en la colección de 
cuentos Barro de la sierra . En su narrativa posterior obser- 
vamos que Icaza tampoco brinda una idea clara para mejorar 



174 



la sociedad ecuatoriana. S<Jlo nos presenta soluciones vagas 
que él mismo considera inefectivas como son el éxodo, la re- 
volucián o la ayuda extranjera. La única solucián que ofrece 
con énfasis radica en la unién étnica y cultural del Ecuador. 

La tesis del acholamiento racial y cultural comienza 
a perfilarse en su novela Cholos . En esta obra Icaza sugiere 
la hermandad del blanco, el cholo y el indio como solucién 
al problema social del Ecuador. En la novela, el cholo Guag- 
cho, movido por sentimientos de culpabilidad, salva a su me- 
dio hermano, el indio José Chango, de una muerte segura. Du- 
rante la hufda de ambos, el cholo se convierte en gufa. Des- 
amparados, el cholo le da esperanza al indio y le propone ir 
a la búsqueda del otro medio hermano, el blanco Luquitas Pe- 
ñafiel» "--Verás que bien nos va cioando seamos tres... (Cho., 
243). 

En Media vida deslumhrados el cholo Seraf fn Oquendo 
halla su identidad de cholo al aceptar su prosapia india. 
Serafín cesa su lucha inútil de tratar de escapar de sus 
raíces indias para poder pasar por blanco. Una vez reinte- 
grado a los suyos, Serafín adquiere confianza en sí mismo y 
se enfrenta con bríos a una"vida llena de perspectivas atra- 
yentes y temerarias ..." (MVD . , 237 ) . 

En El chulla Romero y Flores la tesis del achola- 
miento racial y cultural se cristaliza. En ésta, Icaza 
llama al cholo a dirigir el movimiento de protesta necesario 
para mejorar la sociedad ecuatoriana. El cholo, mezcla racial 



175 



y cultural del indio y del blanco, es en sf el hombre medio 
ecuatoriano y a quién le pertenece la vindicacidn de su tie- 
rra. El chulla Romero y Flores, hombre medio ecuatoriano, 
resuelve "interpretar a su gente" (ECRF. , 823) para encon- 
trar su propia justificación racial y cultural. Esta solu- 
ción en sf no es presentada con un plan determinado sino en 
términos vagos. Además evade la resolución de la explota- 
ción económica de los cholos y de los indios --base del 
problema de ambos grupos de parias. 

En Atrapados , Icaza reitera su posición con respec- 
to al acholamiento racial y cultural. En esta obra Icaza 
termina con el alarido det "El coraje cholo acabará con la 
Injusticia" (Atra.,II, 245). 

En Barro de la sierra , en los cuentos "Éxodo" y 
"Desorientación", se vislumbra el interés de Icaza por en- 
contrar una solución a los males de la sociedad ecuatoriana. 
Esta pesquisa no ceja en su narrativa posterior. En ella 
analiza las ideas presentadas en Barro de la sierra o dis- 
cute nuevas soluciones. Este tema es uno de los pocos que 
cambia notablemente en su narrativa ya que la solución final 
de su obra, el acholamiento racial y cultural, comienza en 
Cholos y no se desarrolla completamente hasta El chulla 
Romero y Flores . 



NOTAS 



Soctolopifa de la nov el a tndipienlsta en el Ecuador . 
Estructura social de la novelística de Jorieie Icaza (Quito» 
Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1969) i p. 42. 

2 

"El novelista hispanoamericano Jorge Icaza," 

Prálogo de Obras escocidas (México» Editorial Agutlar, 1960), 
pp. 27-28. 



176 



CAPITULO X 
TEMAS PSICOLÓGICOS 

El advenimiento de Freud y sus teorías psicológicas 
revolucionaron no s<5lo los conoeiralentos científicos sino 
también la literatura del siglo XX. Los intelectuales de 
Europa y América no tardaron en aplicar los numerosos pos- 
tulados del psicoanálisis en sus obras ya que éstos ofrecían 
nuevas perspectivas a los diferentes géneros literarios i el 
teatro, la poesía i el cuento, la novela y el ensayo. Icaza 
sucumbe a la influencia de Freud y su discípulo Jung e in- 
corpora las ideas de éstos en su obra. El interés del autor 
por la temática del psicoanálisis se evidencia a través de 
toda su narrativa comenzando con el primer cuento de Barro 
de la sierra , "Cachorros". 

El complejo de Edipo 

En Barro de la sierra , observamos la misma preocupa- 
clan psicoanalítica de las últimas piezas teatrales de Icaza. 
El complejo de Edipo según se manifiesta en "Cachorros" es 
uno de los aspectos de la temática freudiana que Icaza em- 
plea. Freud define este complejo de la manera siguiente i 

Ya en los primeros años infantiles (aproximadamente 
entre los dos años y los cinco) se constituye una sínte- 



177 



178 



sis de las tendencias sexuales, cuyo objeto es, en el 
niño, la madre. Esta eleccldn de objeto, Junto con la 
correspondiente actitud de rivalidad y hostilidad con- 
tra el padre, es el contenido llamado "complejo de Edl- 
po" , que en todos los humanos entraña máxima Importan- 
cia para la estructuración definitiva de la vida erdtl- 
ca . 1 



El cuento "Cachorros" está presentado casi desde el 
ptmto de vista del niño subyugado por su deseo del pecho 
de su madre. Manuellto sabe "el momento preciso que hay que 
prenderse en la teta de mama Nati" (BDLS., 8-9). La rivali- 
dad fraternal va ligada a la Inseguridad que Manuellto sien- 
te en cioanto a las atenciones de su madre. Desde el nacimien- 
to su hermano Indio sus emociones son repulsivas. Al nacer 
éste lo denomina "una cosa viscosa, repugnante" . Su odio lo 
lleva a someter al hermano a dolorosas torturas físicas. 
Cuando éste duerme, lo despierta y si tiene hambre no le da 
de comer. Además, empieza en forma sádica a torturar a la 
criatura. 



¿Con los ojos cerrados? Debe llorar con los ojos abier- 
tos; le pellizca en los párpados» una, dos veces... Le 
echa tierra en los ojos... 
Un grito... Je. . . je. . . Je. . . 
Una cara repugnante... Je. . . je. . . je. . . 
Una cachetada en la mejilla... Je. . . je. . . Je. . . 
Unos pellizcos... Ja. . . Ja. . . ja. . . ja. . . 
Otro grito, otro pellizco hasta que se hinchen los pár- 
pados . 

— ¡Casharfs! Te de dar duru... ¡Turna! 
Un pellizco en el párpado. 
— ¡Turna! 
Un escupitajo en la nariz (BDLS., 17). 



El desarrollo neurótico de Manuellto no para en tor- 



179 



mentos corporales. La culralnacidn de su comportamiento 

2 

neurótico es el fratlcldlo. 

En su novela Cholos , Icaza también se sirve de nuevo 
del complejo de Edipo puesto que Lucas Peñaflel expresa que 
siempre tendría grabado en sí el terror que le produjo "el 
deseo tenaz de besarla [a su madre] como a una mujer, al 
ofr aquella voz suplicante" (Cho., 179). Este complejo apa- 
rece también en Media vida deslumbrados en la persona de Se- 
rafín, quien, ante el lloro de la madre por la muerte de An- 
tuco, siente "un vago resentimiento para la madre que daba 
aquellos gritos por el hombre que hasta hace pocas horas era 
s(5lo un cholo borracho que sabía martirizarle haciendo caran- 
tonas, sacando la lengua,..." y "entre sentimientos contra- 
dictorios el niño tuvo que llorar, quizás exagerando un poco 
el tono para despistar quien sabe qué oculta satlsfacclén" 
(MVD., 43). 

En Huairapamushcas los dos hermanos son Impulsados 
al parricidio por un latente complejo de Edlpo. También se 
discierne en El chulla Romero y Flores donde el protagonista 
mezcla las Imágenes de su concubina con su madre. 

En Atrapados , observamos la preocupaclén de Icaza 
con el complejo de Edlpo de una manera más personal puesto 
que está basado en experiencias propias. En esta obra alude 
a los celos que experimentaba al tener que compartir el ca- 
riño de su madre con su padrasto. Percibe "la proximidad 
cariñosa de mi madre --comprometida en esos momentos y para 



180 



siempre en atender a su marido bajo la alcahueterfa de sá- 
banas y frazadas" (Atra.|I> 60). 

El complejo de Edipo es el más preponderante tema 
psicológico de la obra de Icaza. En su novelística demues- 
tra su deseo de desprenderse de los temas psicológicos. En 
las dos novelas que siguen la publicacidn de Barro de la 
sierra ( Ruasipungo y En las calles ) no aparece este tema. 
Pero, sus esfuerzos son baldfos, ya que en sus otras novelas, 
excepto en El chulla Romero y Flores , el atractivo de la 
temática psicológica seduce y conquista al novelista. 

Recursos ónfricos 

La temática freudiana aparece en "Sed" en el empleo 
del sueño. El protagonista se encuentra en un estado onfri- 
co donde su Yo, por medio del subconsciente, deja que sus 
deseos reprimidos o inconscientes sean representados simbó- 
licamente. La visita del escritor al pueblo de su niñez ha 
despertado sentimientos que se hallan reprimidos en lo más 
recóndito de su mente. El visitante espera encontrar el 
ambiente paradisíaco creado por recuerdos lejanos pero choca 
con el ambiente miserable en que vive el indio. El escritor 
se siente culpable e impotente y su reacción es la de "esca- 
par de la realidad" , como dirían los estudiosos del psico- 
análisis, y huir a la ciudad. Su huida es física pero no 
mental. Vuelve a esa atmósfera mezquina por medio de sus 
restos diurnos que se presentan en la forma de un sueño. 



181 



Según el mismo Freudf la Intencidn de los poetas al "pre- 
sentamos los sueños de los personajes. . .es precisamente 
la de damos a conocer por medio de ellos loa estados de 
alma de los mismos." Se observa al analizar la forma en 
que Icaza emplea el sueño que éste reviste dos característi- 
cas i el sueño manifiesto, el que le aparece al soñador, y, 
según Freud, "no puede describirse más que como una reali- 
zación "disfrazada* de deseos 'reprimidos'" ; y el latente, 
o sea, el que requiere una interpretacidn detallada de sus 
símbolos siguiendo las técnicas sugeridas por Freud. Muchos 
de éstos son considerados como "símbolos universales" y 
tienen una fácil interpretación. Otros son clasificados 
como " individuales" y deben ser interpretados siguiendo la 
técnica de "libre asociacicSn" . 

Don Enrique Carchi tiene un sueño en "Interpreta- 
ción" que le revela la tragedia de su vida» la infidelidad 
de su esposa. Icaza, por medio del ex-indio, disecta y ana- 
liza los símbolos del sueño a lo Freud. Vuelve a sus repre- 
siones infantiles, donde el complejo de Edipo controla sus 
emociones. La mujer que lo atrae en el sueño es su esposa, 
pero en un plano superpuesto es su madre. El hombre con el 
poncho es su sunigo y en otro nivel es el padre que le robaba 
las caricias de su Yocasta. El moderno Edipo ha trasladado 
sus sentimientos de amor y odio hacia su esposa y amigo. 
Aquella, como su madre, lo engaña para darle a su rival lo 
que don Enrique consideraba suyoi el sexo. 



182 



En Seis relatos t Icaza no presenta el complejo de 
Edipo ni hace uso del sueño salvo en "Cholo Ashco" donde 
menciona que en los sueños "uno se ve y se entiende" , lo 
que es obviamente la teorfa freudiana del uso o de la in- 
terpretaciíSn de nuestros sueños como medio curativo o ca- 
tártico. 

En la novela En las calles , hay solamente breves 
alusiones a la libido sexual y a los sueños. El sueño ex- 
tenso que Icaza usa como recurso literario en Cholos está 
sujeto, si se quiere, a una interpretación detallada, al 
igual que el sueño que aparece en "Sed" de Barro de la 
sierra . Sin embargo, baste presentar los puntos sobresa- 
lientes que llevan un mensaje de crftica por medio de su 
contenido " latente" . Lucas Peñaf iel , descendiente arruina- 
do de un gamonal, se sumerge en un estado onírico para des- 
cargar sus remordimientos cincestrales. El sueño es una re- 
presentación de la estmctura social del indio antes y des- 
pués de la conquista española. La sociedad de la pre-con- 
quista aparece en forma utdpica. Una vez que llegan los 
españoles convierten ese paraíso en infierno. En el cuadro 
pos-conquista surgen los tres poderes que según Icaza man- 
tienen al indio subyugado; el latifundista, el clero y el 
militar o teniente polftico. Icaza sugiere que la única 
forma de liberación del indio es la rebelidn. 

En su tríptico. Atrapados . Icaza hace uso frecuente 
del sueño para recalcar un punto o para expresar una crftica 



183 



social tal como lo hace en el resto de su narrativa comen- 
zando con Barro de la sierra . 

Los recursos enfrieos prevalecen en "Sed" i "Éxodo", 
"Desorientación" e "Interpretacidn" . En todos estos cuen- 
tos discernimos la preponderante influencia de Freud y de 
sus teorfas. En estas narraciones los recursos enfrieos 
exhiben el interés de Icaza por el psicoanálisis en la li- 
teratura. S<5lo en "Sed" emplea Icaza el sueño como vehfcu- 
lo de su crftica social. Esta funci<5n es reiterada en 
Cholos t Atrapados y Seis relatos . 

Otras teorfas freudlanas 

En "Interpretación", el ex- indio don Enrique mani- 
fiesta lo que en el psicoanálisis se conoce bajo el nombre 
de "mecanismo de defensa" al querer esconder su origen ver- 
dadero. Don Enrique busca el escape de su complejo racial 
en su sala de cuadros . Posee vm museo de hediondeces in- 
conscientes. En su coleccidn encontramos una pintura, la 
cual según el estudioso del psicoanálisis presenta a un 
criminal. Don Enrique explica que este es un desorden psi- 
cdtico, o paranoia, producto de una borxachera. A cada ras- 
go del cuadro le da una interpretacián sexual al estilo de 
Freud. Don Enrique expone la teorfa de los sueños de Freud 
al señalar que "todos los deseos instintivos que nos desvia- 
ron en la infancia, todo lo que queremos ver y sentir en la 
vigilia y por un juego de la represión lo apartamos, sale 



184 



en el sueño con careta de sfrabolo" (BDLS.i 126). 

La necesidad de vaciar la consciencia de experien- 
cias dolorosas o penosas i lo cual se conoce en el psicoaná- 
lisis con el nombre de " represión por el Yo", se observa en 
el pasaje siguiente» 

La riqueza de la exposición progresa a pasos lentos; 
al otro día de una interpretación todos los hombres 
procuran cerrar con llave el armario del inconsciente 
(BDLS., 125). 

Icaza, usando las teorías del psicoanálisis de Freud 
y a don Enrique Carchi como su voceador, alude una vez más 
a lo que él considera como los males de la sociedad ecuato- 
riana. Como tal, signos de crftica o burla religiosa apa- 
recen en "Interpretación" I 

"¿Y éste de quién es, papá? 

— De una santa religiosa. 

— ^^¿Tú hiciste el diseño? 

—No; son ellos mismos los autores. Yo me reservo la 
crftica. 

— ¿Por qué dibujó unas puertas tan largas con ojivas 
puntiagudas? 

— Sin duda quiso fabricarse hornacinas donde venerar 
al santo de su neurosis. No ha sentido nunca a un 
macho y, la pobrecita, los ve en todos los sueños 
enfundados en visiones célicas (BDLS., 126). 

Alegaciones contra un sistema Judicial totalmente 
corrupto y en contra de los abusos de los militares resaltan 
en las interpretaciones psicoanáliticas de don Enrique» 

--Ja. • . ja. . . ja. . . Pasemos. Las almas más virtuo- 
sas de nuestra sociedad se encuentran al desnudo en 
mis apuntes. ¡Miren esta psico-fotograffa de un señor 



185 



juez! 

— 5 Interesantísimo! Es un calco de la interpreta- 
ción del criminal. 

--¿Y tú crees que un hombre en plena normalidad de 
facultades serfa capaz de cometer las torturas sádicas 
de esos centinelas de la Justicia? Todos nuestros gran- 
des valores no son sino... Mira un general» una vida 
consagrada a buscar la mejor forma de justlflcaci<5n 
para matar premeditadamente y alevosamente a los seme- 
jantes, pero el sueño que todo lo autopsia descubre en 
estos seres inferioridad sexual, despistada en la vigi- 
lia con la fanfarronería de los fusiles y los cañones 
(BDLS., 127). 

No hay duda de que Icaza se empap<5 de las teorías 
de Sigmund Freud puesto que en el cuento en cuestidn se re- 
fiere aún a la teoría freudiana de las "fases evolutivas de 
la organizacldn sexual". Así, menciona la fase "sádico-anal" 
al describir la "fijaciín" de los banqueros i 

¡Ah! Y los grandes banqueros, los adiposos millionarios 
del ahorro tienen algo de homosexual; son esos niños 
que se han quedado con la mala costumbre infantil de 
cihorrarse el excremento en el ano, por eso fundan ban- 
cos y cajas de ahorros (BDLS., 127). 

Freud considera esta fase como una manlfestacldn 
sexual masturbatoria y dice lo siguiente» 

Aquellos niños que utilizan la excitabilidad erágena 
de la zona anal, lo revelan por el hecho de retardar 
el acto de la excreción, hasta que la acumulación de 
las materias fecales produce violentas contracciones 
musculares y su paso por el esfínter una viva excita- 
ción de las mucosas.^ 

En otro estudio, Freud también apunta que "la coin- 
cidencia de tres condiciones de carácter- -'el orden, la eco- 
nomía y la tenacidad' --en un mismo individuo indicaban una 



186 



acentuación de los componentes eráticos anales." 

Icaza también usa el diálogo de tipo cciBciente- in- 
consciente para criticar a aquellos que por medio de los 
abusos han hecho lo que él considera una raza sumisa e igno- 
rante. 

— Hasta mañanai papá... ¿Por qué no hablas? 

¿por qué eres cobarde? 

— Acuéstate temprano, 

¿eh? no puedo. Tú me compren- 

des mejor que ellos. Allá 
en mi infancia me enseña- 
ron a bajar la cabeza en 
curva de humillacidni es 
lo iónico que me dieron 
(BDLS., 134). 

Esto concuerda con las teorfas freudianas de "la in- 
sospechada importancia del papel que desempeñan en el de- 
sarrollo del hombre las impresiones y los sucesos de la tem- 
prana infancia." 

En Seis relatos , aparecen otros elementos psicológi- 
cos o freudianos. Entre éstos, notamos el tema de la rea- 
lidad oscilante. En "Contrabando", el autor se siente "con- 
trabandista de lo que era y de lo que no era" puesto que el 
contenido de su maleta "denunciaba por contraste la preten- 
ciosa y grotesca arquitectura" de su "ser ideal", de su "su- 
per yo" (SR., 24). En "Rumbo al sur", cada una de las mu- 
jeres a bordo del barco "fin je o aparenta ser lo que debfa" 
(SR., 122). 

"Cholo Ashco" manifiesta fuertes implicaciones psi- 



187 



coldgicas siendo la principal la fijación que desarrolla 
Andrés con su hijo. Icaza hace uso de la teorfa de Jung al 
presentar a Andrés como un introvertido cuya personalidad 
"agitaba en el subsuelo del inconsciente un mundo oscuro, 
cruel y hasta violento" (SR., 245). 

Icaza también usa, al igual que en Barro de la sierra . 
la teorfa freudiana de que las experiencias de la niñez jue- 
gan un papel importantísimo en la vida adulta al explicar 
que los problemas de Andrés empezaron desde la infancia. 

Todo empezé desde la infancia. Quizás desde que el 
maestro, un viejo de estampas terroríficas --con seis 
meses de retraso en el cobro de los sueldos--, le 
expulsa a patadas de la escuela como a perro de hua- 
sipungo--ashco de indio--. O tal vez antes, cuando 
la madre, una chola vivandera de la feria, le azotd 
"en el verde", llamándole» "Longo vago... Mal aman- 
sado... ¡Cholo Ashco! (SR., 245-46). 

En el siguiente pasaje, Icaza describe el trauma de 
Andrés i 

En despertar de crueldades primitivas, lleno de impul- 
sos insospechados, creyá que debía herir para herirse, 
flagelar para flagelarse. Y como el pequeño era la 
prolongación de su carne, de sus huesos, de su morbosa 
timidez, de su pesada vergüenza, ciego de cdlera, azota 
al muchacho al ritmo ciego de sus mismos insultos y de 
las mismas maldiciones con las que las gentes , todas 
las gentes, envilecieron su existencia (SR. , 256). 

La teoría de Freud de que las creaciones artísticas 
son una manifestación de la "sublimacidn" , proceso incons- 
ciente en el cual la libido o instinto sexual es transforma- 
do en una salida mas aceptada, artística en este caso, es 



188 



expuesta por Icaza en Huaslpunso al declarar que "dos cha- 
gritos huérfanos de padre y madre i que iban por la edad del 
casorio, sublimaban su soltería con sonetos a la Virgen..." 
(Huas., 27). En la novela en cuestitSn, Icaza también cali- 
fica el comportamiento de unos hombres que se golpeaban el 
pecho con los puños como una "extraña aberración raasoquista" 
(Huas., 162). 

Las experiencias infantiles de Serafín Oquendo en 
Media vida deslumbrados afectan el desarrollo sexual del 
muchacho. Los compañeros de juego del pequeño mestizo "se 
burlaban de lo moreno de su sexo, le escupían por tumo" 
(MVD., 47). Estos incidentes humillantes quedarán grabados 
en la mente de Serafín hasta su vida adulta, tal como las 
teorías freudianas indican. El mestizo Serafín no se con- 
sidera adecuado para tener relaciones sexuales con mujeres 
que no sean indias o cholas. Serafín es impotente cuando 
sé trata de una mujer blanca por miedo a que ésta se burle 
de su sexo prieto. En intimidad con una muchacha blanca 
"Serafín puso voluntad en portarse como él sabía hacerlo con 
las indias y cholas de su pueblo, pero toda su fuerza viril 
se había dormido" (MVD., 95). Serafín trata por todos los 
medios de excitarse sexualraente pero "se sintiá caído, ju- 
guete de un recuerdo infantil, borroso en la conciencia, 
I>ero candente y definitivo en su pequeña tragedia, en su gran 
desmayo. 'Pischo de indio... Negro... Negro... Atatay. . . 
¡Pischo de indio!' Era una reaccién defensiva más fuerte que 



189 



el instinto, en el diario burlar de una creencia de un asco" 
(MVD., 95). 

Aunque el complejo de Edipo y los recursos enfrieos 
son los temas psicológicos más representativos de la obra 
de Icaza, comparecen otros que muestran el interés del autor 
por Freud y Jung. Entre éstos tenemos la sublimación que 
aparece por primera vez en "Mala pata" de Barro de la sierra 
y más tarde se repite en HuasipunRO . Las experiencias de 
la niñez y los efectos que más tarde tienen en el desarrollo 
del hombre son originales del cuento "Interpretación". Más 
tarde Icaza desarrolla esta teoría en Seis relatos y Media 
vida deslumbrados . 

No cabe duda que hay variadas y abundantes manifes- 
taciones psicológicas en las novelas de Icaza. En su dltima 
obra, Atrapados , encontramos las manifestaciones ya discuti- 
das de la temática psicoanalftica más otras i estados oníri- 
cos, sublimación, aberraciones sexuales, y aún las fases evo- 
lutivas del sexo. 



NOTAS 



"Esquema del pslcoanállsts," Obras Completas , 
trad. Luis Lopez-Ballesteros y de Torres (Madrid i Editorial 
Biblioteca Nueva, 1948), II, 25. 

2 

Aparece este tema también en la narración "Desorten- 
taci<5n" al usar Icaza un sueño del personaje. Sin embargo, 
el tema no exhibe desarrollo alguno en este cuento. 

3 

Sigraund Freud, "El Delirio y los sueños en la 
•Gradiva' de W. Jensen," Obras Completas , ed. cit., II, 
589-90. 

"Esquema del psicoanálisis," Obras Completas . II, 
46. 

"Una teorfa sexual i La sexualidad infantil," Obras 
Completas . I, 804. 

"Ensayos sobre la vida sexual y la teorfa de las 
neurosis," Obras Completas , I, 1011. 

"Esquema del psicoanálisis," Obras Completas . II, 
46. 



190 



CAPITULO XI 

RESUMEN ESQUEMÁTICO DE LOS TEMAS 
DE ICAZA 

Nuestro análisis demuestxa que todos los temas 
de la narrativa de Icaza se originan en su primera colecci<5n 
de cuentos Barro de la sierra . Los esquemas a continuación 
ilustran la génesis de los mismos. 



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195 



CORRUPCIÓN ADMINISTRATIVA 



BARRO DE LA SIERRA 



El Palanqueo 



La Burocracia 



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"Mala pata" 



"Sed" 
"Mala pata" 



NARRATIVA POSTERIOR 



"Cholo Ashco" 
HuasipunRO 
En las calles 
Cholos 
Media vida 

deslumhrados 
El chulla Romero 

V Flores 
Atrapados (I, II, III) 



HuasipunRO 

En las calles 

Cholos 

Media vida deslumhrados 

Huairapamushcas 

El chulla Romero 

V Flores 
Atrapados CI,II,III) 



Esquema 4. Génesis de la corrupción administrativa 
en las obras de Jorge Icaza 



196 



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APÉNDICE A 
ARGUMENTOS DE LA CREACIÓN DE JORGE ICAZA 

El intruso 

El intruso es Ernesto del Villar, quien mantiene 
relaciones amorosas con Cristina, esposa de su leal amigo 
Juan de Solano. La hermana de Juan, Ana del Carmen, al 
fin delata a éste el adulterio existente. Juan, hombre 
generalmente sumiso, inesperadamente reacciona violenta- 
mente y echa a Ernesto de la casa en la presencia de Cris- 
tina, quien sigue a Ernesto. La obra termina al sonar un 
disparo en la alcoba vecina y al salir Cristina a infor- 
marle a Juan que ha matado a Ernesto. 

La comedia sin nombre 

Un campesino que va a vivir con su hija a casa de 
unos familiares de la alta sociedad. Fingiéndose ciego y 
sordo durante su estancia, descubre el ambiente de podre- 
dumbre existente en la clase alta. La seduccién de su hija 
por uno de los señoritos de la casa lo impulsa a acusar 
verbalmente a sus familiares y a la corrupta sociedad en 
que viven. La obra termina cuando el campesino y su hija 
regresan a su vida de pobreza. 



199 



200 



Por el vte1o 

Se trata de unos padres de costumbres antiguas y 
conservadoras que no pueden ni quieren comprender las emo- 
ciones i procedimientos y costumbres, totalmente diferentes, 
de su hija e hijo. Ante tal situación, el padre finge un 
desorden cardíaco como excusa para trasladarse a una ha- 
cienda de su hermano, con objeto de curarse, con su mujer 
y sus dos hijos. El propósito primordial de sacar a sus 
hijos de tal chocante y frivolo ambiente ciudadano fracasa, 
puesto que debido a su aburrimiento en la hacienda, el hijo 
se dedica a beber y la hija sostiene relaciones amorosas 
con tm hacendado. Dándose cuenta que ha fracasado, el pa- 
dre decide que todos deben regresar a la ciudad. 

;. Cuál es ? 

Gabriel y Ernesto, extrovertido el primero e intro- 
vertido el segundo, repudian a Eduardo, su padre, de manera 
diferente. El primero, como todos aquellos que se pueden 
clasificar de extrovertidos, no calla nada y pregona a to- 
da voz que odia a su padre. El segundo es todo lo contrario. 
Calla y disimula su odio intenso. La madre de los muchachos 
es la típica mujer sumisa que por el bienestar de sus hijos 
calla y aguanta todo tipo de canalladas y vejámenes por par- 
te de Eduardo. Este, hombre irresponsable, adúltero y de 
vida nocturna, no demuestra sentimiento alguno hacia su fami- 



201 



lia. Una noche, la madre le ruega a Eduardo que no salga 
y al no acceder éste, llena de un Inesperado coraje trata 
de Impedírselo físicamente. Eduardo, hombre déspota y des- 
preciable, le echa al suelo de un manotazo en el momento en 
que entran los hijos en la alcoba. Al salir Eduardo, la 
madre, como de costumbre, trata de calmar la ira de sus 
hijos echándose ella la culpa y, finalmente, les convence 
que se acuesten. Es entonces que Gabriel y Ernesto tienen 
sucesivamente sus experiencias oníricas. En su sueño, Ga- 
briel trata pero no puede matar a su padre. Sin embargo, 
Ernesto, el introvertido, apuñala repetidamente a su padre 
en el suyo. Arabos despiertan asustados de sus pesadillas 
y deciden caminar un rato por el jardín. Se oye la voz 
de Eduardo cantando coplas populares que anuncian su lle- 
gada en estado de embriaguez. De pronto se oye un grito 
ahogado y los dos muchachos entran precipitadamente en la 
casa con las manos llenas de sangre. La madre, como es de 
esperar, acusa a Gabriel. La obra termina con una mutua tn- 
dagacidn de culpabilidad entre los dos hijos. ¿Cuál fue? 

Como ellos quieren 

Lucrecia, una muchacha joven, pobre e hija ilegíti- 
ma de un hombre de la clase alta, ha sido llevada a la casa 
del padre, donde residen también su tío, un sacerdote, y su 
tía, una solterona. Lucrecia, acostumbrada a un ambiente de 



202 



plena libertad mientras vLvfa con su madre i no encuentra 
más que un ambiente puritano y de opresión en la nueva 
residencia. Todos se oponen a sus relaciones amorosas 
con su novio y aluden a todo tipo de razonamientos econd- 
mlcos, morales y de honor i para disuadirla de su amorfo. 
Para confortarla en su soledad y aburrimiento, y para que 
le sirva de ejemplo, le traen a una prima, una muchacha 
aparentemente imbécil, como compañera. Bajo los efectos 
de la creciente presión para que rompa sus relaciones con 
su enamorado, Lucrecia por fin llama a su novio. Este, 
después de notar que ha habido un cambio en Lucrecia, le 
ruega que huya con él. 

Hay un cambio de escena i se oye la voz del Deseo 
que ordena a Lucrecia a seguir al joven enamorado. En es- 
te momento se oyen las voces del tío, el padre y la tía, 
quienes presentan sus argumentos en contra de tal hufda. 
En otra escena la muchacha súbitamente le confiesa a su 
enamorado que le desprecia, que le odia, y le ordena que se 
vaya. Inmediatamente, Lucrecia empieza a llorar. 

Lucrecia, ya bajo los efectos de una crisis emo- 
cional, neurastenia según el médico, muerde de una manera 
incontrolable a cuantos se le acercan y hasta llega a con- 
fesarle a la tfa que tiene deseos de matar a alguien. 

El instinto dormido de la prima despierta de una 
manera coqueta y, después de un breve y cortejado intercam- 
bio con el paje, le pide a Lucrecia irse las dos muy lejos. 



203 



Hay otro cambio de escena y la voz del Deseo aparece de 
nuevo, Incitándola a que odie y destruya a la prima y a 
todos aquellos que son Incapaces para dejarse amar. Desa- 
parecida la voz del Deseo, Lucrecia siente ganas Incontro- 
lables de estrangular a la prima pero reacciona súbitamente 
y llama a todos los miembros de la familia para decirles 
que quiere ver la vida que se desborda con sus defectos y 
sus Impulsos. Aun más quiere ser ella y no una máscara. 
Vuelve al arroyo, a su vida de pobreza. 

Sin sentido 

Don Claudio, un mllllonarlo aburrido, busca afano- 
Scimente un nuevo proyecto para entretenerse. Después de 
una charla con sus asesores, Don Manuel y Don Luis, se diri- 
ge hacia un manicomio en busca de elementos para el experi- 
mento que ha planeado. Se lleva para su casa a tres mucha- 
chos y a dos muchachas . Transcurrido algún tiempo se obser- 
va que Carlos, uno de los muchachos, sobresale por su Inte- 
ligencia pero Rodolfo, el otro, es extremadamente fuerte 
aunque no Inteligente. Solamente Tito, el muchacho restan- 
te, permanece tal como lo sacaron del manicomio, un idiota. 
Entre las dos muchachas, se observa que Marta es bondadosa 
y Angela astuta. Pero esta situación ideal no dura mucho 
más. Los muchachos son al fin y al cabo humanos y sucumben 
al instinto del deseo. Al descubrir Don Claudio que su ex- 



204 



perimento ha fracasado, les echa a todos de la casa. Aco- 
sados por la segunda necesidad que, según Freud, junto con 
el deseo sexual rige la vida humana, el hambre, entran en 
una tienda, almuerzan gratis gracias a una maniobra astuta 
y piden al dueño les de trabajo. Este, hombre sagaz y ava- 
ro, emplea solamente al Idiota. 

De los cuatro restantes, s<5lo las muchachas encuen- 
tran trabajo en un teatro. Impulsadas por la soledad y acos- 
tumbradas a estar jiintas con los muchachos, dejan el empleo. 
Ya todos notan que son seres humanos normales i sienten de- 
seos y hambre; tienen que conf entrarse con todos los pro- 
blemas que la vida les presenta. Deciden rebelarse contra 
Don Claudio. Este, una vez enterado y ya convencido plena- 
mente que su experimento ha sido un total fracaso, los man- 
da a la cárcel. La obra termina cuando entra el Imbécil y 
le da un abrazo a Don Claudio. Es el tínico que ha conser- 
vado su carácter Ideal. 

Flagelo 

Un pregonero anuncia toda clase de específicos para 
todo tipo de males y dolencias . Al darse cuenta que se halla 
rodeado de un público numeroso, decide entretenerlos con una 
estampa de Indios. Se abre el tel6n y se ve un típico paisa- 
je de la sierra andina. Hay una choza y un grupo de Indios 
e Indias Intoxicados por el guarapo. Se oye el sonido cons- 
tante de un látigo invisible. Aparecen descendiendo por la 



205 



ladera de una montaña varios Indios que traen al hombro 
instrumentos de labranza. Se dirigen a una choza pero el 
látigo los desvfa automáticamente hacia la guaraperfa. 
Todos se emborrachan. De pronto aparece un rapaz Indio 
que viene huyendo de los abusos del patrón y que busca a 
su madre. La madre se asusta cuando se entera que el ra- 
paz ha escapado del amo y le ordena # aún azotándole, que 
vuelva para la casa del patrón. Se sigue oyendo el chas- 
quido del látigo insistente. Un indio borracho pretende 
liberarse de tal chasquido, deseo que con su estado tóxico 
lo impulsa a pelear con un compañero en igual estado de 
embriaguez . 

El indio borracho, después de triunfar en la pelea, 
llega a su choza y golpea repetidamente a su mujer sin mo- 
tivo. Otro indio trata de proteger a la mujer india pero 
ésta reacciona a favor de su marido y ^e -lice al indio de- 
fensor que su marido tiene derecho a golpearla. Sigue el 
chasquido del látigo que no ha cesado durante toda la obra. 
Desaparecen los actores indios del escenario. Finalmente, 
el pregonero saca a escena al hombre del látigo el cual re- 
sulta ser un señor latifundista del mundo hispanoamericano. 
Después saca al trasunte, un general, y finalmente al apunta- 
dor, que resulta ser un fraile. 



206 



Barro de la sierra 

" Cachorros " 

Viven en una choza de la sierra del Ecuador una 
pareja de indios casados i mama Nati y taita José. Estos 
tienen un niño de alguna ascendencia blanca ya que tiene 
cabellos castaños y cachetes rojos. Aparentemente es el 
producto de los abusos del patrán blanco con la mama Nati. 
El comportamiento del niño revela un acusado complejo de 
Edipo al hallarse tan apegado a su madre. Sin embargo, 
desde muy pequeño presiente el desagrado que siente su pa- 
dre indio por él. Más tarde este desagrado es percibido 
por el pequeñuelo como verdadero odio latente. 

Se sostiene el niño Manuelito en esta situación 
hasta la venida de un hermanito que es el verdadero hijo 
del taita José. Esta situación presenta una rivalidad fra- 
ternal desde el comienzo. Al guagua indio le gusta su teta. 
Manuelito se siente en un plano relegado ya no solamente por 
el taita José sino también por su madre que tiene que com- 
partir sus atenciones con el recién nacido. 

El antagonismo que siente Manuelito va en aumento. 
Empieza por molestarlo para que el indefenso llore. De ahí 
sigue con torturas que pueden afectar la vida del indito. 
Una de sus torturas crea una infección en los ojos del be- 
bito. Manuelito se da cuenta que el pequeñuelo sigue cre- 
ciendo y ya puede protestar de sus torturas, lo que le preo- 
cupa al mestizo. 



207 



Hallándose un dfa solo con su hermano en un barran- 
co entre juegos y risotadas, siguiendo la urgencia de sus 
deseos I sin reflexionari empuja con el pie al rapaz Indio. 
El cuento termina con la muerte del pequeñuelo y la pose- 
sión absoluta de Manuellto del pecho de su madre. 

" Sed " 

El autor se halla en camino en un autobús hacia el 
pueblo que había conocido en sus vacaciones de Infancia. 
Al llegar al pueblo, se da cuenta que es muy diferente al 
que había conocido hace veinte años. No encuentra la fuente 
de recuerdos agradables en la que va en busca. Al contrario, 
choca con un panorama miserable y seco. El motivo del cam- 
bio tan radical es la falta de agua para el consumo del pue- 
blo y los Indios huasipungueros. La sequía no proviene de 
causas naturales sino de los abusos del latifundista y de 
la maquinarla política. 

El señor Panchito, dueño de la hacienda donde se en- 
cuentra la vertiente del río hizo un reclamo al gobierno por 
éste y triunfó. El terrateniente ha tomado el agua que por 
años había servido a todos y ahora él la maneja para contro- 
lar totalmente a los pobres campesinos y a los que habitan 
en el pueblo. 

Los efectos de la falta de agua se aprecian en la 
podredumbre, la enfermedad y la miseria que rodea a niños, 
hombres y ancianos. El paludismo se ha convertido en una 



208 



plaga y se encuentra en cada esquina. Los alaridos del 
pueblo sediento y enfermo hacen sentir culpable al autor. 
Se cree con deberes morales de ayudar a estos pobres e 
Indefensos contra los abusos de la sociedad. Pero su rea- 
ccidn es huir. Escapa a la ciudad donde la miseria no es 
tan aparente a sus ojosi donde no hay sed y se puede dor- 
mir bien. 

Termina el cuento con el despertar del autor de 
una pesadilla! pesadilla de la cual podemos escapar el lec- 
tor y el autor pero no el indio que habita en esas regiones. 

" Éxodo " 

Don Miguel t principal proprietario de haciendas 
ganaderas, ha visitado al representante de Dios, el señor 
cura. Este evento tiene sorprendidos a los aldeanos ya que 
se le atribuye al latifundista un liberalismo incorruptible 
y un odio feroz hacia los frailes. Los indígenas presienten 
con resignación el empeoramiento de su ya cruel esclavitud. 

El latifundista ha sellado la paz con el taita cura, 
ya que necesita la ayuda de éste para mantener a los indios 
de peones en la hacienda. Los indígenas se escapan debido 
a las crueldades a que son sometidos. El cura acepta la 
alianza que le ofrece el rico hacendado pues sabe que éste 
lo recompensará. 

José Quishpe está amañado con la longa María. Esta 
ha sio abusada por el hijo del patrón, lo cual ha dado ocasión 



209 



a que ambas familias quieran dejar el trabajo. Entre éstos 
se encuentran los seis mejores peones que tiene don Miguel. 
La crisis s<5lo puede resolverse con el apurado matrimonio 
de Qulshpe y María. La tarea del cura es hacer que José 
acepte pagar las culpas del patrdn chico. Logra convencer 
a Quishpe comparándolo con el otro José y la otra Marfai 
padres de Jesucristo. Ellos pueden ser los padres del sal- 
vador de su raza. Además i aterroriza al pobre longo con 
la promesa de ir a un infierno espantoso si no acata sus 
deseos. 

Vencido, José forma una familia con María y decide 
no fugarse. Al cabo de varios años, cuando se encuentra al 
borde de la muerte, pide al primogénito que huya con María 
y sus hermanos. Esta decisién parece ser la salvación de 
su raza. El éxodo no resulta ser lo que esperaban. En la 
huida encuentran tantos problemas y sufrimientos como en el 
piojoso huasipungo que habían dejado atrás. 

" Desorientación " 

Juan Taco es un representante del proletariado ecua- 
toriano" y protagonista principal de este cuento. Juan es 
cargador de trenes. Al comienzo del relato cuenta con die- 
ciocho años y se halla en plena luna de miel. Como buen pa- 
triota y católico cumple con sus deberes: proveer a la pa- 
tria con soldados robustos y procrear servidores de la igle- 



210 



sla. Según pasan los años, crece la prole pero lo que no 
alimenta con el número de hijos es el dinero para mantenerlos. 

Las enseñanzas recibidas de niño y su Ignorancia no 
le peimlten limitar el núcleo familiar. La situación es tan 
desesperante que su hija se prostituye para dar de comer a 
la familia. Juan decide pedir ayuda a su ex-patrón, ño 
Luchlto. Durante su visita al rico ño Luchlto, comprende 
que lo iónico que éste otorga son azotes. El cuento termina 
en un grito de rebeldía. Bajo los efectos del aguardiente, 
Juan Taco llega a la conclusión que una revolución proleta- 
ria es necesaria. 

" Interpretación " 

Don Enrique es el lado superior de un cuadrado en 
el cual su esposa y su hija son los lados laterales y su 
amigo es el lado Inferior. Su esposa, quien lo desprecia 
por su color moreno, mantiene relaciones íntimas con su amigo. 
Su hija, por el otro lado, está ajena a sus conflictos ra- 
ciales. Don Enrique, quien padece de una deficiencia car- 
díaca, ha buscado refugio intelectual en la ciencia del 
sicoanálisis y en el arte pictórico. 

La familia Curchi, que goza de tertulias y reunio- 
nes sociales, ofrece una fiesta a los que gozan de "El flirt". 
Esta se convierte en campo de batalla social para el esposo 
y el amigo, quienes disfrazan el odio con máscaras de sonri- 
sas. Una vez retirados los Invitados, quedan en íntima 



211 



charla los cuatro lados del cuadrado. Entretienen un diá- 
logo y la hija se retira. Más tardci don Enrique, vencido, 
deja a su esposa y amigo para irse a dormir. La velada ter- 
mina con el sueño de don Enrique, el cual revela la relación 
sexual que existe entre su amigo y su esposa. A la mañana 
siguiente amanece el ex- indio muerto. 

" Mala pata " 

Desde su nacimiento la mala pata es el sino de 
Carlos Aparicio, el protagonista de este cuento. Es produc- 
to de un pecado. Su educación está a cargo de dos soltero- 
nas beatas quienes tratan de esconder el origen pecaminoso 
del niño. Después de un bosquejo intenso, se deciden sobre 
el oficio de violinista para Carlos, accidente que empuja 
a Carlos a convertirse en un señorito refinado. 

Al morir las solteronas, cae Carlos en un estado de 
penuria. Esta situación lo impulsa a aceptar una vacante en 
el Ministerio de Estado. Su nuevo oficio no lo aleja de su 
afición artística, ya que sigue siendo aclamado como violi- 
nista. A sus Intereses suma el de la política. El artista 
se convierte en un partidario de las doctrinas de Marx. 

Su fama le consigue una entrevista con un periodista. 
Lo que pudiera ser una gran oportunidad para el avance en el 
campo artístico, resulta ser una mala Jugada para Carlos ya 
que comete la indiscreción de llamarse comunista. Los resul- 
tados de tal declaración son funestos. La sociedad lo repu- 
dia al extremo de quitarle el trabajo y el medio de ganarse 



212 



la vida. 

Un año después de la aparlcldn de la nefasta entre- 
vista, Carlos Aparicio se encuentra en las más abyectas con- 
diciones. Los prestamistas le han llevado todas sus perte- 
nencias y no hay dinero ni para un poco de leche para el 
niño. Desesperado y frustado, Carlos sale a la calle en 
busca de dinero. Casualmente, se encuentra con un viejo 
amigo que ha obtenido una posición importante en un minis- 
terio gubernamental. Este lo invita a compartir un rato 
en un cabaret. En dicho establecimiento se encuentra el 
ministro con un poderoso rival. Atolondrado bajo los efec- 
tos del trago, lo insulta con vituperios imperdonables. El 
rival reacciona descargando una silla sobre el impertinente 
ministro. Este queda a cargo de Carlos ya que nadie quiere 
inmiscuirse en los problemas de un oficial del gobierno y 
de un poderoso millionario. 

El violinista, tentado por la billetera llena del 
ministro, decide robarla. Al aparecer el cadáver del minis- 
tro, es acusado Carlos apar icio de asesinato y no de robo. 
Lo que pudo haber sido un golpe de buena suerte para el 
frustado artista, resultó ser una jugarreta más de su mala 
pata. 



213 



Seis relatos 

" Contrabando " 

La figura central del cuento es un Indio, quien 
ocultando su verdadero ser bajo un disfraz de caballero, 
es trasladado por un "gringo" a un congreso de etnología 
para ser examinado por la ciencia. Un oficial de aduanas, 
también un Indio, había recibido la orden de buscar cuida- 
dosamente un Importante cargamento de contrabando. El Ins- 
pector Indio, es hombre poseedor de sentimientos Intensos 
de Insignificancia. Inseguridad y de Incapacidad para lu- 
char y sobrevivir. Tal supuesto complejo de Inferioridad 
lo conduce a buscar desesperadamente por el supuesto contra- 
bando y asf satisfacer los requerimientos del jefe y sentir- 
se un ser Importante. Al registrar las maletas del Indio 
vestido de caballero, afirma excltadamente haber dado con 
el contrabando en la persona del Indio mismo. 

En la excitación del suceso, bajo el reclamo del 
"gringo" que dice ser dueño de tal contrabando, y tratando 
de compensar su complejo de Inferioridad, el Inspector gol- 
pea al Indio disfrazado con un gancho de acero y lo mata. 

" Mama Pacha " 

Mama Pacha, una hechicera y protectora de Indios, 
cholos y chagras, es atropellada durante una fracasada rebe- 



214 



llidn de los Indios de una hacienda y muere antes de llegar 
a su huastpungo. La muerte de Mama Pacha precipita el esca- 
pe y desaparicldn de los Indios del pueblo de Plmanchupat 
quienes se aterrorizan al saber que ya no serán protegidos 
de los males y en especial del viento de la muerte. 

Un pastor de la ladera encuentra el cadáver de Mama 
Pacha y después de Informárselo a los Indios, con la con- 
siguiente huida de éstos, va en busca de alguien para que 
le de entierro a Mama Pacha. Como estaba bien Informado de 
los secretos de Mama Pacha, el pastor se dirigió al supuesto 
hijo Incógnito de Mama Pacha, Pablo Cañas, un cholo joven, 
secretario del teniente político del pueblo. Pablo entierra 
a Mama Pacha y trata, fútilmente, de matar al supuesto único 
conocedor de su origen. 

La fuga y la desaparición de la indiada produce cam- 
bios drásticos en el pueblo de Pimanchupa. En poco tiempo, 
reclamos y acusaciones ruedan por todo el pueblo y se decide 
que el teniente político encuentre al criminal. Diirante la 
congregación de una muchedumbre reclamante en la teniencia 
política, Pablo Cañas trata de tomar la delantera y acusa a 
todo el pueblo de haber asesinado a Mama Pacha pero, final- 
mente, bajo las preguntas inquisitivas del señor cura, pre- 
fiere negar que es hijo de Mama Pacha y se deja arrastrar 
hasta los tribunales de la ciudad acusado de asesinar a Mama 
Pacha . 



215 



" Rumbo al sur " 

Dorotea Landy, una mujer atractiva y al mismo tiempo 
misteriosa, va a bordo de un barco que zarpd de Nueva York 
con destino a Panamá. El autor, pasajero también del barco, 
la conoce y se interesa por ella. 

Dorotea, avergonzada de revelarle a su admirador lo 
que en realidad era, rechaza todo tipo de proposición amoro- 
sa por parte del autor e inclusive le ruega a éste que no 
baje con ella al llegar al puerto. Dado un retraso imprevis- 
to en el zarpar del buque, el autor va en busca de Dorotea. 
No solo se da cuenta que Dorotea era una impostora sino que 
la encuentra trabajando como prostituta en uno de los bur- 
deles de la ciudad. El autor huye desesperadamente. 

" El nuevo San Jorge " 

Jorge Cardona, un cholo de figura corpulenta y mirar 
extraviado, se proclama a sí mismo como líder de los indios 
y cholos del pueblo de Tambocolla y propone que hay que ma- 
tar al patrón y así acabar con la miseria y la sequedad que 
agobian a las gentes y a las tierras de tal pueblo. Como 
Cardona era el más poderoso, es elegido como el futuro reden- 
tor que irá a consumar el crimen del amo. 

Disfrazado de mayordomo, Cardona se infiltra en las 
haciendas del patrón y después de una pelea breve, mata al 
odiado y temido latifundista. Cardona le informa entonces a 



216 



los indios sumisos que el patrón está vivo todavfa pero su- 
jeto al mandato de sus deseos y órdenes . El cuento concluye 
con la transformación de Cardona en un tfplco amo, el cual 
resulta ser más cruel y cínico con los indios y cholos que 
su predecesor. 

" Barranca grande " 

Existe una relación de amaño entre el indio José 
Simbaña y la longa Trinidad Callahuazo, quienes han huido 
a un páramo situado cerca de un abismo. Un domingo, mientras 
asistían a misa como era su costumbre, a Trinidad le empie- 
zan los dolores de parto. Temeroso de que su relación ile- 
gal sea descubierta, José se la lleva apresuradamente para 
la choza. Allí, los esfuerzos de una curandera no son fruc- 
tuosos y el feto y Trinidad fallecen. 

Para cumplir con el deseo de Trinidad de ser ente- 
rrada como cristiana, José trata de pedir dinero prestado. 
Pero, es rechazado, primero por su mayordomo, y más tarde 
por las comadres y chagras del pueblo. José entonces decide 
apelar a sus padres abandonados . Estos le aseguran a José 
que conseguirán el dinero para un entierro propio de cris- 
tiano. Al volver a su choza, todo lleno de felicidad por 
creer haber resuelto su problema del entierro, José encuen- 
tra el cadáver de Trinidad siendo devorado por gallinazos. 
Esta escena macabra le causa tal indignación y desesperación 
que José se suicida tirándose al abismo. 



217 



" Cholo Ashco " 

El Introvertido Andrés Huamán, un cholo de aparien- 
cias pasivas pero de una tremenda violencia y resentimiento 
interno, le era repulsivo a todos, incluyendo su esposa To- 
masa Rodríguez y su hijo Juan. Esta situación constante de 
fracaso, desempleo y burlas que Andrés halla adonde quiera 
que vaya lo impulsa a buscar un escape, el cual halla al 
darle azotes a su hijo para que éste le pida perdón de rodi- 
llas. 

Después de repetidos flagelos su hijo ya no le pide 
el perddn que Andrés necesita para satisfacer su frustacidn. 
Angustiado y deprimido ante tal comportamiento, Andrés coge 
un rifle y mata accidentalmente a su hijo. 

HuasipunRO 

Don Alfonso Pereira, terrateniente de la sierra y 
dueño de la hacienda Cuchitambo, ha caído en una posición 
pavorosa, moral y financiera. Su hija soltera se encuentra 
embarazada por un cholo, quien ha desaparecido en una situa- 
ción precaria. Las deudas y los impuestos han atrapado a 
Pereira en un estado de inminente bancarrota. Don Julio 
Pereira, su tío y mayor acreedor, le ha ofrecido una solu- 
ción a sus problemas. Esta consiste en la explotación de 
los bosques de Cuchitambo, lo que representaría la salvación 
económica del latifundista. Tal empresa está respaldada por 



218 



Mr. Chapy quien representa intereses extranjeros. 

La tarea de Don Alfonso Pereira consiste en construir 
una carretera para unir los cosques con la capital i la com- 
pra de más bosques y la edificación de viviendas para los 
miembros de la compañía donde se encuentran los huasipungos. 
El latifundista, aunque detesta la vida de la sierrai consi- 
dera la vuelta a la hacienda como una oportunidad para salir 
de su nefasta situación económica y al mismo tiempo un refu- 
gio para encubrir el error de su hija. 

Para desempeñar su cometido, el terrateniente solici- 
ta ayuda del cura y del teniente político. Estos no desapro- 
vechan servir a tan distinguido visitante, pues consideran 
poder obtener beneficios personales con el producto de tal 
empresa. El respaldo moral del cura y la fuerza civil del 
teniente político facilitan la organización de una rainga-- 
trabajo colectivo y gratuito- -para la rápida construcción 
del carretero. Indios y habitantes de la comarca están obli- 
gados a dejar sus faenas y dar sus servicios al terratenien- 
te. Uno de los mlngueros, Andrés Chlllqulnga, es forzado a 
dejar a su esposa e hijo desamparados y sumarse a los traba- 
jadores del carretero. Los mlngueros sobrellevan las más 
arduas tareas embobecidos por el alcohol. Las arengas reli- 
giosas y patrióticas contribuyen a la aceptación de las fae- 
nas más penosas. Su única diversión y aliciente son las pe- 
leas de gallos, entretenimiento que alivia las horribles con- 
diciones en que se hallan los mlngueros. 



219 



Una vez terminado el carretero, en el cual muchos 
indios han dejado su vida, la empresa se dispone a echar a 
los indios de sus huasipungos. Andrés Chiliquinga, quien 
durante la labor en el carretero se queda cojo y pierde a 
su esposa, se rebela con los otros huasipungueros . Ante 
tal reacción, el latifundista solicita ayuda de la fuerza 
militar. Estos no tardan en sojuzgar a los sublevados, 
quienes mueren con el grito de " jÑuc anchi c Huasipungo!" 
¡Nuestro pedazao de tierra! 

En las calles 

Como HuasipunRO , En las calles comienza en un am- 
biente rural. Don Luis Urrestas, poderoso terrateniente 
de la sierra, ha obtenido para el consumo exclusivo de su 
hacienda las aguas del río que sostiene el pueblo de Cha- 
guarpata. Los indios y cholos, quienes dependen del río 
para sus más básicas necesidades, apelan al presidente de 
la república para que restablezca el derecho de todos a las 
aguas. La palanca del latifundista hace que la solicitud 
de Chaguarpata no sea ofda. Ante tal situación sin salida, 
indios y cholos van en éxodo hacia la ciudad en busca de 
una mejor vida. 

Tal vida en el ambiente urbano, lejos de ser mejor, 
es infinitamente peor. Don Luchito ha extendido su poder 
financiero más allá del huasipungo y se ha dedicado a las 



220 



empresas Industriales. Aunque existen sindicatos y se em- 
plean las huelgas, las condiciones del proletariado son tan 
miserables como las del indio del huasipungo. 

Al latifundista Industrial solo le queda un campo 
a conquistan la polftica. Esto lo consigue por medio de 
una manifestacián en la que mueren muchos indios inocentes. 
El triunfo final de don Luchlto es la presidencia de la Re- 
pública. 

Cholos 

Don Braulio Peñafiel, latifundista en decadencia» 
es el amo de la hacienda El Penco. Al otro lado de la cor- 
dillera se encuentra El Pegujal, hacienda de Alberto Montoya. 
Este es un cholo en ascenso social. Ambos terratenientes al- 
ternan en el mismo ambiente, factor que agrava la rivalidad 
entre ellos. 

Don Braulio, como el típico latifundista en las obras 
de Icaza, empreña a una sirviente, Consuelo, y el fruto de 
estos amorfos es Leopoldo, quien es por lo tanto medio her- 
mano del hijo del terrateniente, Don Luqui tas, y del indio 
José Chango, hijo de Consuelo y de su marido indio. 

Así escala posiciones Montoya, encuentra que el am- 
biente rural no es suficiente para sus ambiciones. Parte 
hacia la ciudad con su esposa e hija a quien espera casar 
como merece, y deja encargado de la hacienda a Leopoldo. 



221 



Este no tarda en hacerse odiar por los Indios de su hacienda, 
ya que como tfplco buen cholo es más abusivo que el mismo 
amo. Los indios se rebelan dado los maltratos recibidos y 
durante la revuelta el Guagcho mata a un indio de un mache- 
tazo. El indio José Chango es acusado del crimen y es apre- 
sado por las autoridades. A los pocos días, Montoya despide 
a Leopoldo y éste decide liberar al indio que fue a la cárcel 
en su lugar. 

Los medios hermanos, una vez libres, deciden buscar 
refugio y orientacién en los sabios consejos del otro herma- 
no, Don Luquitas Peñafiel. Este era un maestro rural que ha 
tenido que dejar su plaza debido a sus ideas avanzadas. La 
novela termina con la búsqueda del indio y del cholo del otro 
hermano t el blanco . 

Media vida deslumhrados 

Antonio y Julia Oquendo son un matrimonio cholo de 
la sierra ecuatoriana con diferentes puntos de vista sobre 
su condicj.án racial. Antonio está muy resignado a su existen- 
cia y, como buen cholo, es bastante descuidado en sus aspi- 
raciones. Julia, sin embargo, desprecia todo lo cholo e 
indio. 

Todas las ambiciones de Julia son depositadas en el 
avance de Serafín, hijo del matrimonio. Esta sacrifica todo 
y a todos con tal que Serafín se eduque y deje atrás el arras- 



222 



tre racial y social. Las aspiraciones de la chola son tron- 
chadas por la haraganería de su propio hijo, ya que éste es 
un fracaso como estudiante. 

Aunque Antonio ha muerto, Julia continúa pagando 
los estudios de Seraffn. Este para esconder su origen ra- 
cial se ha pintado el pelo como un "gringo" y consigue ro- 
dearse con gente bien, pero la verdad no tarda en descubrir- 
se. 

A pesar de todos los fracasos de Seraffn, Julia hace 
un último esfuerzo y le da dinero para que el muchacho pon- 
ga un negocio en el pueblo de Chaupihuango. La chola con- 
cubina de Seraffn, Matilde, lo sigue hasta esos confines y 
le da un hijo con todas las caracterfsticas indias. La derro- 
ta de Seraffn es abrumadora ya que él soñaba con un niño de 
pelo y ojos claros. Las ansias de Seraffn son calmadas cuan- 
do Matilde tiene un niño de facciones blancas. Los sueños 
del cholo hechos realidad hacen que éste descuide por comple- 
to a su verdadero hijo y colme de cariño al niño blanco que 
es en realidad hijo de un "gringo". 

Huairapamushcas 

El anciano latifundista Don Manuel Pintado ha hecho 
a su yerno, Gabriel Quintana, heredero de la hacienda La Pro- 
videncia. Este, hombre de ciudad, se aburre de la dura y 
monótona vida rural. Para entretenerse y descargar sus ne- 



223 



cesLdades sexuales abusa de Juana, una de las indias sir- 
vientes de la hacienda. 

Don Gabriel tropieza con un gran inconveniente al 
darse cuenta que Juana se encuentra encinta. Para satis - 
facción y fácil resolucldn de los problemas del terratenien- 
te se descubre que Juana está amañada con el indio Pablo 
Tixi. Con esta excusa y ayudado por el cura y el teniente 
político, Don Gabriel une en raatriraoriio a Juana y a Pablo. 

A los pocos meses de vivir Juana y Pablo Tixi en 
el pueblo indígena de Yatuntura, nacen dos niños con carac- 
terísticas blancas. Ellos son denominados "huairapamushcas" 
ya que se consideran extranjeros étnicos en la comunidad 
india. Pablo Tixi hace pagar a Pascual y Jacinto, los hi- 
jos del viento, por todos los abusos que han sufrido él y 
los suyos en manos de los blancos. Los cholitos responden 
a los maltratos del padre y la comunidad con odio y senti- 
mientos de venganza. 

Durante la crecida del río, se les presenta a Jacin- 
to y Pascual una gran oportunidad para descargar ese odio 
añejo, Pablo Tixi, alcalde de la comunidad, solicita la 
ayuda de los cholos para atravesar la crecida. Jacinto y 
Pasctial en vez de sujetar al padre sueltan la soga y éste 
perece bajo las aguas del río. Los cholos, amedrentados, 
huyen al otro lado del río, hacia Huagraloraa, comunidad de 
blancos y cholos. 



224 



El chulla Romero y Flore s 

Don Ernesto Moreján Galindo, director- Jefe de la 
oficina de Investlgacidn Económica le otorga a Luis Alfonso 
Romero y Flores la tarea de fiscalizar los asuntos de Ramiro 
Paredes y Nieto, poderosa figura polftica y aspirante a la 
presidencia de la república. Romero y Flores es un cholo 
con gTcindes aspiraciones sociales. Opuesto a sus planes, 
el chulla se ha enamorado de Rosario Santacruz, mestiza de 
módica posición económica. Los amorfos de los jóvenes es 
lo que impulsa al chulla a solicitar empleo en la oficina 
de Morejón. 

A pesar de haber conseguido el empleo "palanquean- 
do" con parentescos inexistentes, el chulla se dedica a su 
trabajo con el más honesto de los empeños. Su buena inten- 
ción choca con los intereses del candidato a la presidencia. 

La incorruptible honestidad del chulla Romero y 
Flores le hacen perder su puesto en el más difícil de los 
momentos I Rosario se encuentra de parto y el chulla no tie- 
ne dinero para enfrentarse a las más básicas necesidades. 
Hostigado por tan difícil situación, se ve obligado a esta- 
far a un comerciante. Esto le da una perfecta excusa a don 
Ramiro Paredes para hacer que la policía lo persiga como el 
peor de los criminales. 

Obligado a la fuga, el chulla no puede llegar a tiem- 
po para atender a Rosario. Esta muere dejándole un niño a 



225 



quién el chulla jura defender por encima de todo. En este 
Jtiramento también Incluye a su gentei los Indios y mestizos. 

Atrapados 

Comienza la obra con el aviso del oficio de cancela- 
clan del autor de uno de los puestos burocráticos. La abru- 
madora realidad que lo rodea al recibir la noticia hace que 
el autor escape de ella y canalice sus pensamientos a sus 
más lejanos recuerdos Infantiles. Para trasladamos a su 
infancia Icaza hace uso del "flashback" o regreso al pasado. 
Esta es una técnica que no aparece en ninguna de sus obras 
anteriores . 

Lo primero que viene a su mente es la casa del tfo 
Enriquei escenario de sus primeras angustias. Esta escena 
y todo el primer tomo están narrados desde el punto de vista 
de la primera persona t recurso novedoso en la obra de Icaza. 
La narración en primera persona no tine más a sus sentimien- 
tos ya que no son tragedlas vividas por un "él"i indio o 
cholo, sino un "yo", un Icaza real. 

Se encuentran en la estancia su tfo Enrique, su her- 
mana Victoria y su madre vestida de luto por la muerte de su 
padre. Su tfo latifundista, sin tomar en consideracián el 
estado de penuria en que se encontraba su madre, la echa de 
la casa. Al ver el sufrimiento de su progeni tora, el autor 
hace su primer juramento» matar a su tfo Enrique. Icaza toma 



226 



su determinactdn en un libre "fluir de la conciencia" o mas 
bien un diálogo entre varias facetas de su Yo. 

Sin otra alternativa i decide su madre buscar refu- 
gio en casa de la abuela de Icaza y la tía Mercedes. Estai 
quien estuvo con anterioridad en una posicidn similar a la 
que se encuentra su madre i ha tenido la necesidad de prosti- 
tuirse para aliviar su penosa situación económica. 

En Quito, Icaza asiste de niño a una escuela reli- 
giosa donde aprende a repudiar todo lo que tenga que ver con 
el clero. Sus años de estudiante están colmados de malos ra- 
tos y sinsabaores . Estos son causados por los menosprecios 
de los curas, pues, como pobre al fin, no podía alimentar 
la insaciable avaricia de éstos. El deseo de represalia re- 
nace en el pequeñuelo, quien jura vengarse del clero. 

La falta de recursos de la familia obligan a su ma- 
dre a la venta de su compañía. Esto afecta dolorosamente al 
niño, quien jura una vez más venganza, pero ahora contra to- 
dos los que permiten y facilitan la corrupcidn de la sociedad. 

La amistad de su madre con don Alejandro Gri jaiva 
Oñate, liberal alf arista, la conduce a su segundo matrimonio. 
Por medio de don Alejandro experimenta Icaza sus primeras 
experiencias políticas. Al correr del tiempo las simpatías 
alf aristas de don Alejandro hacen mella en la mente del jo- 
ven. 

Don Alejandro y su familia sufren los altibajos que 



227 



caracterizan la política latinoamericana. Este va de burá- 
crata favorecido a enemigo del régimen. El padrastro, quien 
se halla en constante fuga, agrava su delicado estado de sa- 
lud. Los accesos de tos se acentúan y se hacen más frecuen- 
tes. El protagonista atiende la decadencia ffsica de don 
Alejandro, quien ya totalmente consumido perece asfixiado de 
tos. Entretanto su hermana Victoria ha perdido su virgini- 
dad en manos de un chulla. La deshonra familiar le impone 
la necesidad de venganza para limpiar su honor. Sin embargo, 
la situación no se resuelve al estilo del Siglo de Oro sino 
muy a la criollai Victoria se convierte en la concubina del 
chulla con el que tiene un niño. 

Al poco tiempo de la muerte de don Alejandro, su 
madre desarrolla un cáncer al útero. Sufre los cambios pau- 
latinos de la enfermedad» agotamiento, palidez, pérdida de 
peso, etc. Muere desesperada por los sentimientos de culpa 
que le inculca el padre que la confiesa. Los pecados por los 
cuales tiene que morir en penitencia son el haberse prosti- 
tuido por su miserl.a econúmica y por conseguir un empleo a 
su marido. 

Entre tantos momentos infelices hay una nota agrada- 
ble en la vida del ya crecido joven i su encuentro con Laura 
Illescas, famosa actriz de teatro. Desde el primer tropiezo 
la actriz tuvo una profunda impresión en él. Esta reaccidn 
propicia su interés en el teatro. En éste se introduce como 
actor sin previa preparación artística. 



228 



El teatro no Interfiere en el interés polftico del 
protagonista. Este lo lleva a asociarse con jóvenes militan- 
tes. Los incipientes polf ticos se reúnen, pactan y hacen 
alianzas. El joven Icaza vislumbra en sus nuevas coneccio- 
nes un vehfculo para realizar su primer juramento i matar a 
su tfo latifundista. 

En esta época conoce a la que él llama "mi señora 
Beatricita" ■ dueña de la fonda donde el actor come. No tar- 
da mucho en que la relación de propietaria e inquilino se 
convierta en querida y amante. 

Irónicamente sus esperanzas políticas se vieron trun- 
cadas al escoger su partido político al tfo Enrique como can- 
didato para la presidencia de la república. Sintiéndose 
traicionado, decide el protagonista tomar la justicia en sus 
manos. Alentado por el alcohol, toma la pistola que emplea- 
ba en una obra teatral en que estaba participando y se enfren- 
ta al latifundista. Ante un grupo de admiradores aterroriza- 
dos del poder, aprieta el gatillo el vengador. 

La humillación del protagonista fue denigrante al 
darse cuenta que el terrateniente no cayó muerto. En su de- 
sesperación había tomado el arma ficticia que se usa en el 
teatro . 

El ridículo hizo que buscara refugio en brazos de 
cu señora Beatricita. Durante un año lo estuvo manteniendo 
la fondera, al cabo del cual recibió la noticia de la muerte 
natural del tío Enrique. Después de haber estado un año au- 



229 



senté de la vida teatral t determina que éste es su verdade- 
ro vehfculo para la venganza. Gritar desde la escena las 
injusticias sociales. 

En el segundo tomo tenemos la novela titulada Atra - 
pados . Su trama es la siguiente i 

La familia Segovla--don Javier el padre, doña Mar- 
garita, la madre y los hijos Teodoro y Cristóbal, constitu- 
yen un alto pilar de la comunidad. Don Javier es uno de 
los jefes del partido conservador. Su esposa Margarita es 
una beata aristocrática. Teodoro el hijo favorito es un 
fracaso como estudiante, incapaz de pasar el cuarto curso. 
Sin embargo, el hijo menor, Cristóbal, es un dechado de 
perfecciones . 

La muerte inesperada de don Javier provoca un cam- 
bio en la tradicional estructura familiar. Dada las carac- 
terísticas de cada heredero, en vez de asumir Teodoro el pa- 
pel de cabeza de la familia, tal responsabilidad es acepta- 
da por Cristóbal. 

La rivalidad fraternal es agravada por las inclina- 
ciones sexuales de arabos hermanos. Cristóbal tiene fama de 
afeminado mientras para Teodoro todas las mujeres son pocas. 
Cristóbal encubre sus debilidades con un matrimonio de con- 
veniencia con la aristócrata Matilde Salinas Lutera, mucha- 
cha carente de belleza alguna. Por el otro lado, Teodoro se 
enamora de Enriqueta Jiménez Suárez, muchacha sensual que él 
consideraba una chulla honorable. 



230 



Mientras Cristóbal hace oficial su matrimonio aris- 
tócrata i Teodoro se dedica a conseguir las primicias sexua- 
les de la chulllta bajo promesa de matrimonio. Al enterar- 
se la familia de la muchacha de lo ocurrido entre los novios i 
demandan rápidas nupcias. Pero una vez conseguido su acome- 
tido, Teodoro pierde mucho de su entusiasmo. Además la fa- 
milia Segovla desaprueba el matrimonio debido a la diferen- 
cia de clase que existe entre los novios. 

Doña Margarita sugiere a Teodoro que se haga cargo 
de las haciendas familiares. De esta forma se ausenta du- 
rante un tiempo y evita un posible escándalo y además atien- 
de los latifundios que han estado abandonados durante mucho 
tiempo en manos de administradores y mayordomos. Teodoro 
accede de mala gana a los deseos de su madre y abandona la 
ciudad. La familia Jiménez primero ruega una satisfacción 
para el agravio. Al no recibir respuestas a las súplicas 
cambian éstas por amenazas. Las demandas tampoco son muy 
efectivas dado el poder de los Segovlas. Doña Margarita con 
ayuda de su hijo Crlstébali Ilustre abogado, aplasta todas 
las diligencias de los Jiménez para obtener justicia. Ha- 
ciendo uso de palancas y del alto puesto burocrático de su 
hijo menor, doña Margarita consigue que el hermano de Enri- 
queta, teniente de Infantería, sea dado de baja. La derro- 
ta de la familia Jiménez es devastadora! atrapados, su único 
caunlno es el silencio. 

Entre tanto, Teodoro Segovla se había adaptado com- 



231 



pletamente a su nueva vida de amo. El gamonal no demora en 
hacerse cargo de la fecunda hacienda Tatatarabo. El latifun- 
dista dedica todos sus esfuerzos a despojar todos los bene- 
ficios que han adquirido los mayordomos durante la ausencia 
de los dueños. Su otra preocupación es expulsar a cholos 
huaslpungueros que se han establecido en sus tierras y apro- 
vechan a los indios como blancos terratenientes. 

Sus faenas gamonales no ocupan todos los intereses 
de Teodoro. Su apetito sexual es alimentado por toda clase 
de abuso sexual. 

Los cholos I sometidos a las presiones y atropellos 
del latifundista I se unen en rebelidn. Teodoro solicita a- 
yuda del teniente político, del cura y de su hermano Cristó- 
bal, quien lo provee de policías a las drdenes del propieta- 
rio. Como es de esperarse, la rebelión fue totalmente aplas- 
tada. 

En la ciudad las intrigas políticas han dificultado 
las ambiciones de don Cristóbal. Este fracasa en sus proyec- 
tos para adquirir la presidencia. Aunque perseguido al prin- 
cipio, como miembro de la clase aristócrata es "castigado" 
con el nombramiento de Embajador en París . 

Los cholos derrotados se encuentran impulsados al 
éxodo. Después de muchas desventuras y peripecias se dan 
cuenta que ésta no es la solución del cholerío. El único ca- 
mino es la protesta. La comisión de cholos que va a pedir 
justicia es rápidamente aprisionada. La novela termina con 



232 



el juramento de una irevolucidn de cholos. 

El argumento del tercer volumen es como sigue» 

El gobierno decide crear una oficina de Investiga- 
ción Confidencial para descubrir a los intelectuales respon- 
sables de la quemada de Josefina Lucero de Guarnan de la pa- 
rroquia de Parcayaco por una multitud fanática. El director 
de la flamante agencia es don Pablo Astudillo García ■ un 
hombre liberal e izquierdista. Este ha comisionado al pro- 
tagonista y a José Ruperto y Tinajero, homosexual de familia 
pudiente, y a Manuel Vivanco Ampudiai burócrata liberal. 

El primero en visitar Parcayaco es Molina y Tinaje- 
ro. El afeminado no demora mucho su estancia en lugar tan 
poco adecuado para su personalidad. Apenas dos días más tar- 
de estaba de vuelta con su informe. Molina y Tinajero acusa 
al odio ancestral del pueblo como causa de tan violento cri- 
men. 

Manuel Vivanco Ampudia, como fanático liberal, hace 
un análisis colmado de prejuicios. Antes de su ida a Parca- 
yaco, ya habfa concluido quien era el responsable intelectual 
del crimen» el clero. En esté caso el cura párroco Adolfo 
Clavijo. 

El último en marcharse a Parcayaco es el protagonis- 
ta. Una vez allí, se dedica a la laboriosa tarea de descu- 
brir al verdadero culpable. No tarda el investigador en pal- 
par una conspiración silenciosa. Los mismos familiares de 
los reos vacilan en conversar con el agente del gobierno. 



233 



El extraño comportamiento de la gente, del pueblo y su plá- 
tica con el cura párroco acentúan las sospechas del Inspec- 
tor. Existe una fuerza poderosa detrás del brutal suceso. 
Tal conclusión le impulsa a la búsqueda del delincuente. 

Sus perseverantes indagaciones lo conducen al eter- 
no causante de las miserias del cholo y del indio i el lati- 
fundista. El pueblo y el clero fueron las armas que el 
terrateniente maiLpulú para extirpar un estorbo. La gente 
del pueblo paga los pecados del gamonal. 

Las hazañas detectivas obligan al protagonista a 
una fuga precipitada. Refugiado en la ciudad, prosigue a 
defender a los inocentes prisioneros y a denunciar al genui- 
no culpable. Pcira sorpresa del investigador, sus nobles in- 
tenciones no son bien acogidas por el director de la oficina 
de investigaciones. 

Las influencias del poderoso terrateniente abarcan 
hasta las agencias gubernamentales de la capital. El direc- 
tor se mofa de las demandas del insignificante burócrata. 
Su perenne insistencia en nombre de la justicia es premiada 
con la cancelación de su puesto. Termina el tercer volumen 
con el juramento del protagonista de rebelarse con la pluma. 

Es en este momento de derrota que el autor decide 
volver a las más recónditas memorias de su niñez. Estos re- 
cuerdos constituyen el primer tomo del tríptico. Une de es- 
ta forma los tres voliímenes de principio a fin. 



APÉNDICE B 
VOCABULARIO* 

ACHACHAY. — Expresa sensación de frfo. 

ACHOLARSE. — Sentirse cholo con vergüenza. 

AGRADITO. — Obsequio para agradar y conseguir algún favor. 

A JA JA Y.-- Denota burla. 

ARI.-- Sf. 

ASHCO.-- Perro de huasipungo. 

ATATAY. — Denota sensación de asco. 

AYAYAY. — Denota sensación de dolor. 

CA.-- Sólo sirve para dar fuerza a una frase. 

CAÍDA. — Cierto juego de naipes. 

CAINAR. — Pasar el día o las horas en algión lugar. 

CANGAGUA.-- Toba volcánica. 

CARI.-- Hombre. 



Debido a la dificultad que existe con el vocabulario 
del autor y de la región andina en particular, (Véase por 
ejemplo a Ma'^garet Ramos, "The Problem of Andean Vocabulary, 
Híspanla . XXXII (1949), pp. 478-83), las novelas de Icaza 
contienen en su mayoría un vocabulario al final de cada una 
de ellas. El vocabulario que aquí incluímos se basa en los 
que aparecen en Obras escoRJdas (Méxlcoi Editorial Aguilar, 
1961), pp. 245-48, 455-56, 641-43, 825-26, 1067-68, y en 
Atrapados (Buenos Airesi Editorial Losada, 1972), I, 215-17; 
II, 247-52; III, 223-27. Hemos incluido solamente aquellas 
palabras que aparecen en nuestro estudio. 

234 



235 



CARISHINA t-- Mujer que no sabe los quehaceres de su casa y 
se porta con mucha libertad. 

COJUDO.-- Tonto. 

CONCHUDO.-- Sirvengüenza. 

CUENTA YO.-- Indio que tiene a su cargo el cuidado de las 
reses de la hacienda. 

CUICHI.-- Genio del mal. 

CUY.— Conejillo de Indias. 

CHACRACAMA.-- Indio que cuida las sementeras por la noche. 

CHAGRA.-- Hombre de provincia o del campo. 

CHAPA.-- Policía. 

CHAUCHA.-- Obra o ganancia pequeña. 

CHICHA. — Bebida de maíz fermentada. 

CBDLERIO.-- Conjiinto de cholos. 

CHOLITO.-- Forma de trato amistoso. 

CHUCHAQUI. — Estado que sigue a la borrachera. 

CHUGCHI. — Desperdicios recogidos en las sementeras después 
de una cosecha. 

CHULLA.-- Hombre o mujer de clase media que trata de superar- 
se por las apariencias. 

CHUMARSE.-- Embriagarse. 

GA. — Sdlo sirve para dar fuerza a una frase. 

GUAGCHO. — Hijo de padres desconocidos. Ser abandonado. 

GUAGUA. — Niño. Criatura tierna. 

GUAMBRA. — Muchacho o muchacha. 

GUAÑUCTA . - - Tener bas tante . 

GUARAPO. — Bebida con la cual se emborrachan los indios. 
Jugo de caña de azúcar . fermentado . 



236 



GUARAPERIA . - - Local donde se vende guarapo. 

GUARMI.-- Mujer muy conocedora de los quehaceres domésticos. 

GUARMISHA.-- Hombre conocedor de los quehaceres domésticos. 

GOIÑACHISHCA.-- Sirviente a quien se le ha criado desde 
niñat 

HOSHOTA.-- Alpargata de indio. 

HÜAIRAPAMUSHCAS.-- Traído por el viento malo. 

HUASCA.-- Cuerda que sirve para enlazar. 

HUASICAMA.-- Indio cuidador de la casa del amo. 

INDIAS SERVICIAS. — Mujeres indias que prestan servicios en 
la casa del amo. 

JACHIMAYSHAY. — Costumbre de bañar a los muertos para que 
realicen en regla su viaje eterno. 

LONGO O LONGA.-- Indio o india joven. 

MANA valí.-- Que no vale nada. 

MINGA. — Trabajo ocasional no remunerado y en común, para 
realizar una obra de beneficio vecinal. 

MONTUVIO.-- Pean del monte costeño. 

ÑO O ÑA.-- Contracción de niño o niña. Forma de tratar de 
los indios a los blancos sin especificación de 
edad. 

ÑUCANCHIC.-- Nuestro o nuestra. 

ÑUTO.-- Muy aplastado, despedazado. 

PENDEJO.-- Individuo cobarde, tonto. 

PES.-- Contracción de pues. 

PONGO.-- Indio al servicio doméstico gratuito. 

RAYA.-- Diario nominal en dinero que el indio recibe del 
patrón, 

RICURISHCA . - - Muy sabroso, especialmente en lo sexual. 

ROSCA. — Tratamiento despectivo para el indio. 



237 



RUNA." Indio. 

SHA. — Estí allá. Queja para lo que está distantei perdido. 

SHUNGO.-- Corazdn. 

SOCORROS.-- Ayuda anual que con el huasipungo y la raya 

constituyen la paga que el patrón da al indio 
por su trabajo. 

SOROCHE. — Enfermedad de los páramos por la altura. 

TAITA. — Padre, como protector. 

TAN.-- También. 

TRINCAR. — Sorprender a alguien en algo malo. 

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VITA 



Magall Perrero Bonz(5n naci<S en La Habana i Cubaí el 
8 de enero de 1947. En Junio de 1964, se gradúa del Miaml 
Sénior High School en Mlami, Florida. Empezd a cursar sus 
estudios universitarios en la Universidad de Florida en 
septiembre de 1964 y recibía el título de Bachelor of Arts 
en matemáticas y español en agosto de 1967. En septiembre 
de 1967, empezá sus estudios graduados en español y francés 
en el mismo plantel universitario. Recibid el tftulo de 
Master of Arts in Teaching en agosto de 1968. 

Magali Ferrero Bonzán mantuvo el cargo de Teaching 
Assistant en la Universidad de Florida hasta agosto de 1968 
y en el presente mantiene el cargo de profesora de litera- 
tura española en el South Miami Sénior High School. 

Magali Ferrero BonzcSn es miembro de la American 
Association of Teachers of Spanish and Fortuguese y del 
Classroom Teachers Association. La señora BonzcSn es casada 
con el Dr. Carlos F. BonztSn y tiene una hija. 



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1 certlfy that I have read thls study and that In my 
opinión It conforms to acceptable standards of scholarly 
presentatlon and Is fully adequatei In scope and quallty, 
as a dissertatlon for the degree of Doctor of Philosophy. 




IiA. Schuiman, Chalrman 
Gradúate Research Professor of 
Latín American Literature 



1 certlfy that I have read thls study and that In my 
opinión It conforms to acceptable standards of scholarly 
presentatlon and Is fully adquate, In scope and qualltyt 
as a dissertatlon for the despee of Doctor of Philosophy. 



In.u/LLj' 



I. R. Wershow 
Professor of Spanlsh 



I certlfy that I have read thls study and that In my 
opinión It conforms to acceptable standards of scholarly 
presentatlon and Is fully adequatei In scope and quallty, 
as a dissertatlon for the degree of Doctor of Philosophy. 



O, 



' ^ ' K^ tX/'V^va-^'-'lXA^ 



D. Bonnevllle 

Assoclate Professor of French 



Thls dissertatlon was submltted to the Department of Romance 
Languages and Llterátures in the College of Arts and Sciences 
and to the Gradúate Council, and was accepted as partial 
fulflllment of the requlrements for the degree of Doctor of 
Philosophy. 






1975